Entrevista a Luis Millones y Renata Mayer sobre su libro «Santiago Apóstol: Combate a los moros en el Perú»

La importancia que tiene la imagen del Apóstol Santiago durante la festividad del ‘Caballito de Santiago’, celebrada cada año en Colán (Piura), es el tema que investigaron –durante más de dos años—el antropólogo Luis Millones y la educadora Renata Mayer.

El resultado de este trabajo se plasma en “Santiago Apóstol: Combate a los moros en el Perú” (Taurus, 2017), un texto que recoge de manera concisa y detallada todo el ambiente que rodea una celebración muy particular que reúne a todo un centro poblado alrededor de un mismo fin.

Este libro, que será presentado en los próximos días por Penguin Random House Grupo Editorial, tiene poco más de 150 páginas e incluye descripciones históricas y sociales; además de fotografías para conocer a fondo el proceso mediante el cual se agasaja una imagen cuyo origen hispánico está ya completamente unido a matices nuestros.

Aquí nuestra charla con Luis Millones y Renata Mayer.

-¿Cuánto tiempo les tomó trabajar este libro “Santiago Apóstol”?

Renata Mayer: Lo hicimos en dos etapas. Primero Luis envió (al lugar) un grupo de estudiantes y a una profesora mexicana que nos averiguaron todos los detalles del pueblo para ya luego ir nosotros. Así que creo que el libro debe habernos tomado por lo menos dos años.

-¿Y cuál fue la etapa más difícil del proceso que concluyó con este libro?

Renata Mayer: Fue muy divertido hacerlo, no difícil. La gente de Colán se portó muy bien con nosotros. Estamos agradecidos de que se hayan abierto a dejarnos entrar a sus casas y conversar con ellos.

-¿Cuáles eran las características de aquel  contingente de españoles que llegó por primera vez al Perú?

Luis Millones: Era un contingente de invasión y así hay que entenderlo. Ellos vienen a conseguir metales: oro y plata para un país que entraba en crisis como era España. Se trataba de (lo que fue) un gran imperio en el siglo XVI pero que sufrió una cantidad de derrotas enormes en el XVII y peor aún a finales del XVIII. La crisis (para ellos) trajo un problema de falta de trabajo. Además, sus campos no son excesivamente fértiles, por lo que dependían de los productos que venían de Francia o de África a través de Marruecos. Había que buscar trabajo, por lo que ‘hacer la América’ no era una frase sino una necesidad. Por eso es que tras el grupo invasor llegaría una enorme cantidad de personas que buscan cómo acomodarse aquí, con la ventaja de que son españoles. Y aquí se habían establecido dos repúblicas: la de indios sometida a la de españoles. Así que cualquier español que venía de las clases más bajas de su país exigía ciertos derechos sobre la población sometida.

-Colán tiene una población muy pobre. ¿Cómo definirían el comportamiento de sus habitantes?

Renata Mayer: Yo diría que es una población alegre, a pesar de todo, y también ansiosa por salir adelante. Hay chicos que están muy preparados porque tienen un colegio primario y secundario. Obviamente la gente tiene que ‘recursearse’. En algunas casas hay tienditas. Si no es época de pesca, los pescadores se ‘recursean’. También hay personas que se dedican a la artesanía. Todos se van a Paita para comprar los productos (comida y/o verduras frescas). Asimismo, la sal es un recurso más para poder sobrevivir.

-¿Cuán conscientes con los habitantes de Colán del origen hispánico de la fiesta de ‘Caballito de Santiago’?

Luis Millones: No creo que exista una percepción de que esto llega de España. Se tiene una idea de que es una fiesta del pueblo. Y cuando uno consulta sobre el origen de la misma de inmediato te responden: la sociedad Tallán, o todas las sociedades prehispánicas que hubo ahí. Pero lo que sucede es que, en términos etnográficos e históricos, la zona menos estudiada es la Costa Norte. Creo que ellos perciben la fiesta como ‘suya’. Que existan elementos prehispánicos no necesariamente hace que el pueblo relacione su tradición con España. Sin embargo, sí hay muchos elementos de este tipo. Por ejemplo, las banderas españolas. Además, el guión de la fiesta es muy parecido al organizado en el año 900 en España, como parte del proceso denominado reconquista, que fue la lucha contra los moros. Y el héroe de este enfrentamiento fue Santiago Apóstol. Pero nada de eso está en la mente de los vecinos de Colán.

-Usualmente cuando hay problemas económicos en una zona, los hijos y nietos emigran a las grandes ciudades. ¿Encontraron casos así en Colán?

Renata Mayer: Un señor que se llamaba Secundino, que es un empresario parte de la familia Ayala, una de las más conocidas de la zona, tiene una hija que viajó al Japón en época de crisis. Sí hay una salida para los jóvenes que buscan opciones. Los padres están preocupados por cómo pagarán los estudios para que sus hijos no sean pescadores y sigan viviendo en las mismas condiciones.

(La presentación del libro se pactó para el viernes 17 pero debió suspenderse por motivos de fuerza mayor)

-¿Es imposible entender la festividad del ‘Caballito de Santiago’ sin conocer a la gente que la organizan?

Luis Millones: Todo trabajo de campo necesita un largo estudio previo. Nosotros empezamos conversando con las personas que han trabajo el tema del lado académico en Piura. Después enviamos al primer equipo y luego recién fuimos nosotros. Esa es la rutina del trabajo antropológico, que es una mezcla de labor histórica porque sin la documentación sobre los orígenes de Colán uno no puede contrastarla con la percepción que el propio pueblo tiene de su pasado. Asimismo, tuvimos la ayuda invalorable de alguien muy querido: Miguel Gutiérrez, mi amigo y ex compañero en la Universidad de Huamanga. Cuando le comenté que trabajaría este tema me dijo “no te preocupes, yo te buscaré alguien que te ceda una de las casas bien conservadas que quedan en Colán”. Esa persona fue el escritor Gonzalo Higueras. Él me cedió la casa para mi equipo de trabajo de campo. Y además, por su puesto, hubo una estudiante del doctorado de Sevilla que es piurana, y nos ayudó. Conseguimos apoyos invalorables, pero sobre todo, ya teníamos una visión del tema.

-Hay en el libro la descripción de la ‘Celebración de las medallitas’, muy llamativa de por sí. ¿Por qué hay siempre esa necesidad de celebrar y agradecer algo? ¿Son las mismas razones que había hace cien o doscientos años?

Luis Millones: Son las mismas razones que hay hace miles de años y se soportan en la fe. La idea de ser creyente es algo devaluado en las ciudades, aunque yo diría que la fiesta del Señor de los Milagros es una prueba de que la fe de los creyentes sigue siendo importante en este país, incluso en la zona urbana. Mira, el llevar medallitas, cajas con la imagen de Santiago Apóstol o (el) ser parte del evento en sí, responde a una promesa previa en razón de algún problema familiar o de alguna aspiración no cumplida. Además, hay que recordar que estamos hablando de un centro poblado, que no es la capital del distrito, por lo que debe hacerse un esfuerzo (económico) doble. Y felizmente reciben apoyo. Lo más interesante aquí es el trabajo de la cofradía. Es un equipo de gente con sentido empresarial que trabaja casi 24 horas del día, no solo por la fiesta sino también para asegurar la continuidad de esta. Por ejemplo, una vez hubo un asalto en el pueblo. Delincuentes armados tomaron el pueblo para robar las alhajas de Santiago (Apóstol). Así que ellos (los de la Cofradía) presionaron para que se instale una comisaría en el centro poblado. Todo esto refleja la potencia de la fe de ese pueblo.

-¿Llegaron a tener contacto con gente que no apoyaban la celebración? Con evangelistas quizás…

Renata Mayer: Sí hay evangelistas pero no son muchos. Y como estábamos detrás del festival, no tuvimos mayor contacto. Pero lo interesante es que el pueblo vive sus fiestas y, además, el cura que viene a  celebrar no pertenece a dicha parroquia. Pese a que él solo viene de vez en cuando, la gente participa haciendo las novenas, abriendo las puertas de la iglesia. Creo que las iglesias evangélicas están a un costado…

Luis Millones: Lo que sucede es que para las iglesias protestantes toda esta celebración es pecado.

Renata Mayer: Nos contaron que una vez vinieron unos curas norteamericanos y trataron de parar la fiesta pero ellos no le hicieron caso. El pueblo se opuso. Ellos interpretan la fe a su manera.

-¿Cuál es la gran lección que les dejó escribir este libro?

Renata Mayer: Admiración al pueblo peruano por su tesón para salir adelante y por la inquietud que tiene para transmitir las tradiciones a sus hijos. Los padres realmente están preocupados por esto, por transmitir historias, sean reales o no, acerca de la historia de Colán.

TEMAS VARIOS

-¿En dónde radica la diferencia fundamental que hay entre la percepción que tienen de la muerte el mundo occidental y el andino?

Luis Millones: Primero, los andinos no mueren. Tienen una idea completamente distinta de lo que es la muerte. Esa idea de que cuando uno muere va al cielo y cuando muere otro se va al infierno es absolutamente incomprensible para la sociedad andina. Ellos tienen la idea de la familia como un  ‘todo’. De hecho, cuando en la época precolombina  había un problema en una comunidad se mataba a todos los miembros de la familia. Igual cuando se tenía que premiar. Por otro lado, sobre el acceso al cielo cristiano. Al cementerio se le llama purgatorio. ¿Por qué? Porque es una espera para ir al cielo. Así que, como me dijo una vez un curandero, los únicos que se van al infierno son los que no consultaron con un buen curandero.

-Señor Millones, usted escribió un artículo en “El Comercio” sobre el documental “Siguiendo a Kina” de Sonia Goldemberg. ¿Tiene una afición oculta por el boxeo?

La historia es un poco más complicada [risas].  Me crié en un ambiente muy deprimido. Esos callejones que están detrás del Palacio de Justicia. Tuve poco tiempo cerca a mi padre y me crié con dos hermanos de mi madre, que fueron mis referentes masculinos más cercanos. Uno de ellos era boxeador. Me llevaba al estadio Nacional, que entonces era de madera, para ver las peleas y las prácticas. Además, en los barrios de entonces había peleas entre pandillas. Para mí, ese mundo de la pelea habitual al que están condenadas las clases bajas, me fue muy familiar. Por eso escribí ese artículo dedicado a Sonia, quien tuvo la inteligencia de poner como ejemplo de seguidores de Kina Malpartida a una chica de las alturas de Puno, pero también a otra de los bajos fondos del Callao,  un mundo al borde de la delincuencia que para mí era muy familiar por mi infancia.

-¿Hasta cuándo van a seguir investigando sobre el Perú?

Renata Mayer: Los dos estamos jubilados, así que seguiremos hasta que ya no podamos.

*Publicada el 17 de marzo de 2017.

Compártelo