Romina Paredes: “Los preceptos literarios con enfoque ‘comisarial’ a mí no me funcionan”

Con tan solo 35 años y ya dos libros publicados, Romina Paredes se abre paso entre las nuevas voces de la literatura peruana. La autora capitalina hizo su debut con “Famulus” (Pesopluma, 2020) y ahora da un paso adelante con “Monstruos” (Tusquets, 2022).

La imposibilidad de cruzar un perrito ‘fallado’ con otros de su raza, los inicios de una para-atleta en la disciplina de la natación o una madre que mete a su hija fallecida en una refrigeradora mientras espera que una ayuda le caiga del cielo, son algunos de los temas presentes en la superficie de los cuentos que incluye este volumen.

Lo que realmente interesa a Paredes son otras temáticas, muchas de ellas con mayor profundidad: el racismo y el clasismo, la exigencia a los atletas de alta competencia y la precariedad de una sociedad en declive. Todo esto amparado en una pluma que aún tiene mucho por darnos.

Romina Paredes es traductora intérprete y también integró la selección peruana de natación entre 2002 y 2003. A continuación, ella cuenta un poco sobre su más reciente obra, pero también rememora sus primeros acercamientos a la escritura, su visión de la traducción y, finalmente, su particular punto de vista en torno a los talleres de escritura creativa, tan populares en la actualidad.

¿Cómo describirías tus primeros acercamientos a la escritura y la literatura?

Como una niña introvertida y callada que siempre he sido, mi acercamiento a la escritura fue algo más de introspección. En diarios escribía mis problemas y pensamientos. Siempre supe que llevaría ese escape de escribir en diarios a ficcionar y luego a publicar. Soy de profesión traductora intérprete. Esa no fue mi primera opción. Entré ahí gracias a una beca de deportes por la natación, y lo bueno que me dio la carrera fue que pude leer libros maravillosos en idioma original. Luego leí y escribí muchísimo más, pasé por un par de talleres de escritura creativa –que no me gustaron para nada—y me aventuré, tiempo después, a comenzar a publicar.

¿Cuándo me dices que al estudiar traducción te encontraste con ‘libros maravillosos’ te refieres a los de literatura o tal vez de otras temáticas?

Literatura. Pude leer a Virginia Woolf en inglés, a Émile Zola y Simone de Beauvoir en francés. Ese tipo de literatura fundacional la pude leer en idioma original y fue algo bastante motivador.

Entonces, seguramente me puedes responder la ‘pregunta del millón’: ¿Cuánto pierde un libro original al ser traducido a otro idioma?

La gente suele decir que un libro pierde mucho al ser traducido, sin embargo, también gana mucho. Y creo que hay que enfocarse en algo: una traducción siempre es una traducción, jamás será una original, porque el escritor no la hizo así. Hay traducciones espectaculares que muchas veces superan a las originales. Uno de los casos más conocidos es el de “Cien años de soledad” al inglés. Al mismo autor le gustó muchísimo la traducción. Pienso que hay que acercarnos a la traducción aceptándola como tal, y mirando las ganancias.

Algunos grandes autores participaron del proceso de traducción de sus obras e inclusive las intervenían, como Jorge Luis Borges…

Por supuesto. La tradición de la traducción en Argentina es muy buena. Acabo de leer “Las gratitudes” de Delphine de Vigan y su traducción (al español) es muy buena. Es una historia sobre una anciana con afasia, correctora de estilo en la juventud, que poco a poco ve deteriorado su lenguaje. “Las gratitudes” es una novela hermosa y su traducción plasma muy bien el juego de palabras y la confusión de cada término a lo largo del avance de la afasia en la protagonista.

¿Cuál crees que fue la gran lección que te dejó publicar “Famulus”, tu primer libro, en 2020?

La idea de que el primer libro siempre va a ser el primero. Siempre te va a marcar. En mi caso, mi primer libro fue bastante emocional y urgente. A veces tener muchas emociones involucradas no siempre es lo mejor para un texto. En cambio, en este segundo libro sí noto una separación grande, y siento que las historias de por sí son bastante independientes. Esa me parece la gran diferencia entre “Famulus” y “Monstruos”.

Para aquellos que se acercan a “Monstruos” sin haber leído “Famulus”, ¿existe algún vínculo entre los cuentos de ambos libros? ¿Ambos fueron escritos a la vez, o terminaste el primero y pasó un tiempo para que construyas el siguiente?

“Famulus” lo escribí en el lapso que iba a talleres de escritura creativa. Me desanimé bastante algunos meses, pero luego retomé. Como buena nadadora de alta competencia no me di por vencida. Continué y logré publicarlo. En el caso de “Monstruos”, empecé a escribirlo en cuarentena, en medio del encierro (2020), y me parece que el libro no es ajeno a ello. Existen muchas historias sacadas de la prensa. Durante esta época todos estábamos pegados a la televisión, viendo las noticias, en medio de mucha incertidumbre, y creo que este libro bebe un poco de esas cosas.

«Monstruos» está a la venta en las librerías a nivel nacional.

Es curioso porque la mayoría de autores que he entrevistado han salido encantados de los talleres de escritura creativa. Contigo ha pasado lo contrario. ¿Por qué?

Fue algo terrible. Yo estuve en dos talleres y ambos me parecieron pésimos. Fueron una experiencia bastante tóxica y negativa. Yo creo que en esto lo más importante es por qué escribes y para qué. Porque todos pueden escribir una historia, pero lo que nos diferencia es el motor. Por ejemplo, “El más blanco” no es un cuento “de un perrito”. Estoy contando el racismo desde la historia de un perro ‘padrillo’ fallido. Pienso que estos talleres fracasan en ver ese origen de la escritura y en identificar sus materiales. O sea, empiezan con el tema de la verosimilitud, pero en mi caso tengo una opinión tal vez controversial del tema. Yo pienso que esta no debería ser un límite para la escritura porque ya depende de cada lector. Me considero una lectora muy cándida. El ‘contrato’ entre ficción y lector está ahí. Lo leo y me lo creo. Confío en la ficción que me ofrece el escritor. Me parece que ese tipo de preceptos –que quizás vienen de la literatura clásica– con un enfoque bastante ‘comisarial’, a mí no me funcionan.

En el epígrafe de «Famulus» colocas a Emily Dickinson y en el de «Monstruos» a Adrienne Rich, ambas poetas. ¿Hay algún acercamiento tuyo a la poesía?

No tengo un gran acercamiento a la poesía, pero sí a los clásicos que leí en la universidad. En pregrado, por ejemplo, pude leer a las hermanas Dickinson. Hoy sí leo mucha más narrativa.

Dijiste que escribiste estos relatos en pandemia. ¿Qué puede hacer la ficción si ya la realidad nos puede parecer los suficientemente dura y a veces hasta grotesca?

Ahí volvemos al tema de la verosimilitud. “Margarita” es un cuento que tiene como origen una noticia que leí en 2017 y que no pude creer. Una señora tuvo que meter a su bebé a la refrigeradora porque hubo un problema en la morgue. Entonces, esto te puede parecer absolutamente inverosímil dentro de un texto, sin embargo, depende siempre de cómo lo cuentas. Ahora, sobre tu pregunta, el cliché de ‘la realidad supera la ficción’ es cierto, pero depende de los escritores dónde ponen el foco. En ese sentido, mi cuento no es sobre una mujer que pone a su hija en el refrigerador, sino de alguien en un estado completamente precario que necesita de una suerte de ‘salvadora blanca’ para que solucione sus problemas.

En los cuentos de “Monstruos” no solo hay perros sino hasta caballos. ¿Son los animales una especie de elemento clave en tus intereses como escritora?

En el cuento “El más blanco” quise hablar del racismo y el clasismo limeño, tan comentados, desde la historia de un perrito que es considerado casi un fracasado, un impotente, porque querían cruzarlo y no funcionó. Lo mismo con “Negro Azabache”, un cuento basado en un fraude real vinculado al salto ecuestre en Estados Unidos. Mi cuñado es aficionado a los caballos y me comentó el caso Sandman (Tommy Burns), sobre un hombre que mataba caballos para ayudar a sus dueños a cobrar el seguro.

Cuéntame sobre “Agua”. ¿Cómo vinculas esta historia a tu experiencia como nadadora de alta competencia?

Cuando uno es deportista de alto rendimiento o atleta de élite la gente te ve como si fueses un ser heroico, sin embargo, nadie se da cuenta que se trata de sujetos políticos. ¿Por qué? En el caso del cuento “Agua”, las para-atletas no responden a sí mismas, sino a su patria. Entonces, yo escribí ese cuento luego de ver las olimpiadas de Tokio 2020-2021, y me emocionó mucho ver el caso de Simon Biles. Fue tremendo lo que le pasó (sufrió abuso sexual de su entrenador) y ella decidió parar. Pero creo que resultaría un poquito ‘naif’ pensar que fue solo su decisión. Quizás ella no hubiera podido hacer eso bajo la administración Trump. Lo mismo en el caso de las atletas peruanas. A Alexandra Grande no le fue según lo esperado, empecé a los comentarios en redes, y muchos de ellos eran desatinados. Mira, los deportistas vivieron la cuarentena como nosotros, seguramente también perdieron amigos o familiares, pero se les obliga a tener una performance igual o mejor. Ese tipo de temas me llamó mucho la atención.

A propósito de la mamá de la protagonista de “El más blanco”, también me ha gustado el cuento “Hija del diablo”. ¿Cómo podrías decir que son las madres que aparecen tu libro de cuentos?

Este último cuento conversa un poco con “Cuéntame algo bonito”, porque en ambos hay una suerte de muerte simbólica de la madre. Pienso que “Hija del diablo” tiene algo de “Son of Satan” de Charles Bukowski. En ese cuento, el niño le dice a su padre “¡Más vale que me mates, porque si no, cuando yo sea suficientemente mayor te mataré!”. Al leer esa línea dije: “Woah, ¡qué tremendo!”. Porque existen diferentes formas de matar –evidentemente, en sentido figurado—y creo que escribir es una de ellas.

¿En los cuentos de “Famulus” también nos encontraremos personajes tan raros como los de “Monstruos”?

Siempre está la imagen de los padres tiránicos. Ese es un material recurrente para mí que se puede traducir en padres como figura de autoridad completamente inflexible y tiránica.

¿Atribuyes este tipo de interés a que estás en la parte inicial de tu carrera o es algo que buscarás de forma permanente? ¿Te gustaría explorar con otras cosas a futuro?

Sería difícil decirlo, pero me interesan las relaciones de poder dentro de la familia o en otros ámbitos, por ejemplo, en el deporte de alto rendimiento, que es una suerte de sistema de opresión bastante interesante. Allí, además, todo resulta más interesante porque la relación entre entrenador y alumno se vuelve casi un vínculo paterno simbólico. En Netflix hay una serie titulada “Cheer”, acerca de porristas a nivel competitivo y les preguntan por qué les gusta ser porristas y estas responden “porque quiero que mi profesora me acepte, me quiera, me elija”. Por eso creo que uno nunca escapa de la aprobación de un padre, de una madre o de un entrenador. Que son finalmente figuras de poder. Ese tipo de materiales a mí me gustan mucho para escribir.

A propósitos de las series que salen todas las semanas en streaming. ¿Te ayudan o te complican como escritora de literatura?

No soy muy consumidora de series. Las veo, pero no con una visión literaria. Es para mí un mero entretenimiento. Como escritora, lo que sí me interesa son los documentales.

En “Larva” una chica termina manipulada por un hombre mayor. ¿Puede la literatura servir para denunciar este tipo de cosas?

Sí, pero siempre manteniendo lo bello, lo estilístico, el lenguaje literario. Porque si una denuncia se convierte en simplemente una denuncia, entonces ya no sería algo literario. Creo que hay que conservar el foco y, como te dije antes, es básico cómo lo cuentas. Más aún en este tipo de historias a las que muchas lectoras se pueden acercar y pensar ¡yo sé de lo que está hablando!

Tus libros han salido en 2020 y 2022. ¿Es esta periodicidad la que te gustaría siempre? ¿Tienes planes a futuro?

Siempre escribo. No tengo hijos. Es mi propósito escribir y espero siempre mantener el ritmo de escritura.

El primer libro de Paredes fue publicado por el sello independiente Pesopluma.

¿Te sientes cercana a alguna autora de tu generación en el Perú o el exterior?

Cada libro que saca Fernanda Melchor es mejor que el otro. Es una escritora tremenda. Clyo Mendoza, que tiene “Furia”, me encanta. Cuando leo a escritoras latinoamericanas que escriben tan bien como Mariana Enríquez o Fernanda Ampuero me motivo a seguir escribiendo. Y también en Perú. Malena Newton Maúrtua, por ejemplo, acaba de publicar “Una sola forma de crecer en público”, que es un librazo. Ella propone su propio estilo y sus cuentos hablan en general de la imposibilidad de nombrar y confrontar.

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