Juan San Martín: “Los historiadores tenemos la obligación de dar a conocer nuestras publicaciones al público en general”

Además de un destacado historiador, Juan San Martín es un infatigable promotor de nuevas publicaciones sobre eso que lo apasiona: la historia del Perú. Sea en sus redes o en conferencias públicas, resulta habitual verlo junto a colegas de renombre. Precisamente una de las últimas presentaciones a las que asistió fue la de «Parte de guerra. Noticias de último minuto de la Independencia del Perú (1820-1821)«, libro editado por el periodista Marco Zileri y que publica Editorial Planeta.

El volumen, en el que San Martín escribe sobre las negociaciones entre los delegados del virrey La Serna y José de San Martín previo a la Conferencia de Punchauca, recoge una serie de pequeños textos escritos por importantes historiadores del medio local. El objetivo central es rememorar algunos aspectos claves del año en que empezó a gestarse nuestra Independencia. Todo narrado bajo los preceptos fundamentales de la crónica periodística, lo cual facilita –sin duda– una lectura amigable.

La aparición de este interesante volumen ocurrió solo unas semanas antes del lanzamiento de la edición 16 de la Revista de Historia y Cultura «Tiempos«, publicación de la que San Martín es director y la cual ya se encuentra a la venta.

Cuénteme un poco sobre el proceso de elaboración de este libro…

Gracias a la invitación de Marco Zileri pude participar en este proyecto. Él me explicó que estaba buscando pequeños textos como una especie de crónica en la que cada historiador narrase un hecho histórico de la Independencia. Y apuntaba al lapso de tiempo entre que San Martín arriba al Perú, en setiembre de 1820, hasta la Independencia. A mí me tocó hacer las negociaciones previas a la conferencia de Punchauca. Entonces, empecé a escribir un texto narrando como si fuera un testigo del hecho histórico. Y para eso tuve que consultar libros de historia, fuentes, ver quiénes fueron los delegados de San Martín, los del virrey La Serna, indagar dónde se reunieron y en qué circunstancias. Zileri agrupó los textos enviados por los historiadores, les dio un orden cronológico y los publicó todo en forma de libro.

¿Es San Martín el único protagonista de un libro como este?

“Parte de Guerra” no solo habla de lo hecho por San Martín, sino también por algunos otros. Desde curas de parroquia, guerrilleros que son nombrados como autores de la gesta de la Independencia, criollos, y una serie de personajes que tal vez no son conocidos por el común de la gente. Y esa creo yo es quizás la gran virtud de este libro.

En su artículo habla de personajes como el virrey La Serna o el rey Fernando VII. ¿Cuál era la tendencia política de estos personajes y qué los diferenciaba de sus predecesores?

Sucedió un hecho importante en España. El rey Fernando VII sufre un golpe de Estado por parte del general español Del Río. Y eso significa que el primero pierde fuerza, siendo obligado por el golpista a poner en vigencia las Cortes de Cádiz. ¿Y qué significa esto? Que el virrey La Serna sigue los dictados de la nueva situación que hay en España. Así que, por ejemplo, cuando él huye de Lima al sur, y se hace fuerte en Cusco y Ayacucho, sigue lo establecido por las Cortes. Entonces le da derecho al voto a los indígenas, mestizos y criollos que se sumen a apoyar el gobierno español. Esa es otra de las cosas no tan conocidas y creo que por eso el régimen del virrey La Serna en el sur del Perú tuvo muchos adeptos. No todos allí estaban con San Martín. El sur, gobernado por La Serna, fue un bastión realista bastante sólido: Arequipa, Cusco, Puno, El Alto Perú (aquí bajo el mando de Pedro Antonio Olañeta) seguían los dictados de la Constitución de Cádiz.

¿Qué tan difícil era en ese entonces sentarse a negociar teniendo en cuenta que la exigencia principal de cada parte era absolutamente opuesta a la del contrario?

Eran situaciones difíciles. Evidentemente, cada uno de los representantes tenía un mandato sobre el cual negociar. San Martín les había dicho a sus representantes que exigiesen la Independencia del Perú al Virrey y también que podían ellos llegar a un acuerdo para poner a un gobernante provisional, hasta que se logre traer a un rey para el Perú. Por otro lado, el virrey La Serna les había dicho a sus representantes que no acepten ninguna propuesta de San Martín porque él no había tenido comunicación con el rey de España por esa situación. Por eso las negociaciones quedaron truncas. Había intransigencia de ambos lados. Lo único que logró el virrey fue el armisticio, es decir, un tiempo que le dio San Martín para abandonar Lima. Y mientras se preparaba su salida se terminaba a su vez con el bloqueo, para que lleguen así alimentos a Lima, ya que Lord Cochrane había bloqueado el Callao, las guerrillas indígenas cercaron la capital, y la situación era difícil. Finalmente, La Serna debió abandonar Lima, ante la presión y las fuerzas de San Martín, que eran numerosas con el apoyo de las guerrillas y de la parte de la población que estaba a favor de la independencia.

Me ha hablado del sur, muy cercana al lado realista, del norte, más a favor de la Independencia. ¿Cómo podríamos dividir entonces el ‘mapa político’ de lo que aún entonces era la Colonia?

Decididamente el norte y parte del centro del Perú estaban a favor de la independencia. Te hablo de lo que hoy sería desde Tumbes hasta Ica, y todo lo que es la sierra norte y central. Cajamarca, Amazonas, buena parte de la selva, Loreto, Chachapoyas, hasta Huánuco. Hasta Junín, claro, porque ahí estaban las fuerzas de Arenales. Ya más abajo, en la parte centro sur y sur, en Ayacucho, Cusco, Apurímac, Arequipa, Tacna, Moquegua y Puno, estaban decididamente a favor del rey del España, y por consecuencia, del virrey. Ese era el mapa más o menos entre patriotas y realistas.

En el prólogo del libro se menciona, entre otras cosas, que en las noticias se difundió el inicio de la gesta independentista en esta zona del continente. ¿Qué tan rápido llegaba una noticia como esta al resto del mundo en esos años?

Las comunicaciones en esa época eran algo complicadas. No había avión, medios de comunicación rápida, y la única forma de que en Europa se enteraran de lo que pasaba acá, y viceversa, era a través de los medios escritos que iban por barco. Según lo que yo he investigado, un barco hacía la ruta de España hacia el Callao en más o menos tres meses. Tenía que atravesar el Atlántico e ir por la parte sur de América, Tierra del Fuego y salir por el Estrecho de Magallanes hacia Chile y Perú. Era, pues, una travesía larga. Entonces, el tema de cómo el rey de España es sacado del poder por el golpe militar, ocurrió a fines de 1820 y recién entre enero y febrero siguientes pudo conocerse la noticia en Perú. Lo mismo podríamos contar para lo que sucedió en Junín y Ayacucho, en las batallas finales de 1824 que le dieron la independencia al Perú. La Serna ya sabía que tenía que valerse por sí solo con el Ejército que tenía acá, porque el rey de España no le iba a mandar más ayuda.

Adjunta al final de su ensayo una caricatura cuya leyenda dice “el General José de San Martín caricaturizado como demonio por los escribas leales al rey”. ¿Eran algo común las caricaturas en ese entonces? ¿Cuál era su mensaje detrás?

Caricaturas de tipo político ha habido muchas y todo el tiempo en Perú. No solo en la época republicana, sino también en la Independencia. Ahora, ¿por qué a San Martín lo caricaturizaban así los realistas? Porque era visto como un demonio, como un diablo. Se decía inclusive que era un masón que no respetaba a la Iglesia Católica, y que su rebelión contra el Rey de España –que había ‘recibido la autoridad de Dios’ para gobernar esta parte del mundo—lo ponía como alguien poseído por el diablo. San Martín fue entonces ridiculizado por los realistas en dibujos. Sin embargo, si uno ve bien a San Martín y empieza a averiguar sobre su biografía y su fe, tendríamos que decir que eso es mentira. La verdad histórica es que el libertador José de San Martín era muy católico, y hay libros publicados sobre ese tema. Por ejemplo, el historiador español José Antonio Benito ha publicado un artículo sobre la fe católica del libertador. Ahí se ve no solo que es católico, sino que va a la iglesia, comulga y se confiesa con el arzobispo. En sí, el hecho de que sea masón no le impedía ser creyente.

Por su trabajo como director de la Revista Tiempos tiene permanente contacto con prestigiosos y experimentados historiadores, no obstante, en este libro participa junto a otros colegas algo más jóvenes. ¿Podría identificar alguna diferencia entre la vieja vertiente de historiadores y esta otra más actual?

Más allá de las edades, claro, sí hay algunas diferencias. Por ejemplo, hay historiadores muy recorridos, de mucha trayectoria académica y prestigio, como Scarlett O’Phelan Godoy, que ya pasan los sesenta años, Y que a pesar de la edad que tienen son muy buenos investigadores y siguen yendo a los archivos. Si me preguntas quién ha investigado mejor el periodo de la Independencia respondería que la señora O’Phelan. Hay otros algo más jóvenes, quizás en los cincuenta o algo menos, como Gustavo Montoya, Natalia Sobrevilla, Claudia Rosas, que están en ese afán de seguir buscando documentación y publicando. Y más atrás de nosotros vienen jóvenes, historiadores de 28 o 30 años que también están investigando la independencia, como Carlos Ríos Rodríguez. Pienso que los historiadores tenemos la obligación de buscar fuentes, de investigar la historia peruana y de empezar a dar conocer nuestras publicaciones, no solo ante los colegas sino al público en general, para contribuir al mejor conocimiento de este periodo de la historia peruana.

En algunos libros se suele denominar a las épocas históricas con un nombre particular. ‘La era del Guano’, por ejemplo. Se está corriendo la voz de que el año del bicentenario es un año perdido. En lo personal, ¿coincide con esta idea?

Este año o periodo del Bicentenario, que se prolonga quizás hasta el 2024, definitivamente es de estancamiento para el país, de crisis política y social. Noto mucha polaridad, muchas oposiciones entre grupos políticos y sociales, lo cual no ayuda para nada al Perú. Me parece que esto es responsabilidad de nuestras autoridades, de los que gobiernan. Creo que deberían pensar un poco más en el país y no en sus intereses personales o de grupo. Lamentablemente estamos estancados en una crisis política que podría llevar al país al caos. Ha subido el precio de los alimentos, la gasolina, el aumento de la delincuencia es terrible. Incluso ministros corruptos se fugan. Yo creo que estamos mal porque, lamentablemente, las autoridades no dan el ejemplo. Si hubiera un poco más de honestidad en el presidente que tenemos y en sus ministros, pues deberían dar un paso al costado. Y debería haber nuevas elecciones generales.

¿Encuentra algún símil de esta crisis con alguna otra presentada a lo largo de nuestra historia republicana?

Las comparaciones son odiosas. Quizás la única época de crisis en la que había una anarquía total era la del caudillismo militar, en el siglo XIX, antes de Castilla. Entre los años 1839 y 1941 hubieron más de 10 presidentes. Una instabilidad política enorme. Algo así se está viviendo ahora, con la diferencia de que en esta época hay mejores medios para conocer lo que viene ocurriendo y saber qué medidas tomar para mejorar las cosas. En cambio, en esa época no había los medios ni los conocimientos necesarios, y los que gobernaban eran militares que sabían el manejo de las armas, pero no la gestión de la hacienda pública ni del Gobierno. Hoy parece que las autoridades actuales tampoco conocen la gestión pública. Y estamos como estamos por la irresponsabilidad de quienes sin saber gobernar ni tener experiencia siguen en sus cargos. 

Finalmente, ¿cuál es su próxima colaboración en un libro de historia? ¿Cómo va la Revista Tiempos?

Hay un proyecto de libro que va a publicar la Universidad Nacional Agraria La Molina sobre dicha Casa de Estudios a propósito del Bicentenario. Habrá allí un artículo mío sobre el libertador San Martín. La edición corre a cargo del exviceministro de Interculturalidad José Carlos Vilcapoma. Y luego, con respecto a la revista Tiempos, acaba de salir al mercado el número 16 con un dossier especial sobre el bicentenario del primer Congreso constituyente peruano. Doscientos años de su instalación: 20 de setiembre de 1822, y cuyo primer presidente fue el sacerdote Luna Pizarro. La publicación contiene textos de historiadores destacados como Margarita Guerra, Fernando Armas Asín, Carmen Villanueva, y otros más. Hay una entrevista muy interesante al director del Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Rafael Varón Gabai, sobre el Bicentenario y lo que hace su entidad. También hay artículos sobre otros temas, escritos por José Chaupis, Mariana Mould de Pease, entre otros.

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