«Ser autocrítico puede ser desesperanzador, pero también un respiro que indique ‘si esto es para lo que sirvo, voy para adelante'»

Como muchos, María José Correa Chávez (Chiclayo, 1986) había leído los cuentos de Julio Ramón Ribeyro en el colegio. Lo que suele ser una asignación curricular, sin embargo, tomó otro matiz cuando, algunos años después, ya como una profesional, esta ‘escritora en ciernes’ optó por dedicar meses a estudiar un aspecto sumamente particular del cuentista más brillante nacido en estas tierras.

¿De qué manera podría María José acercarse a un autor estudiado tan profundamente y por tantos escritores, periodistas y académicos durante décadas? Pues jalando de un hilo que terminaría por ‘hermanarlo’ con el autor de “Los gallinazos sin plumas”: la incertidumbre. Y es que, lejos de la certeza absoluta, Ribeyro fue capaz de construir universos inconmensurables, pero, además — y aquí viene la exploración de Correa Chávez– de exponer dudas y frustraciones incorrectamente separadas del ámbito artístico.

“En lo artístico no todo es bonito, ni solo satisfacciones y logros. Por esa arista es que la publicación de sus diarios resulta importante”, señala la autora de “Las dudas del mudo” (Revuelta Editores, 2026), un ensayo breve, aunque sumamente original, que se sumerge en cartas, diarios y aforismos del genio fallecido en 1994, para desentrañar mucho de lo que dio vueltas por su cabeza mientras construía historias que lo mantienen cerca de nosotros hasta hoy.

Te ha salido un ensayo bastante compacto. ¿Así lo imaginaste desde un inicio?

Para empezar, no lo imaginé como un libro. Esto es resultado del máster en Escritura Creativa que hice hace un par de años en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Yo tenía acá un trabajo fijo, luego vino la pandemia, pero tenía muchas ganas de estudiar un máster desde tiempo atrás. Así que me atreví. Decidí dejar un poco en stand-by las cosas en Lima y apostar por estudiar algo que siempre me ha entusiasmado, pero que nunca me decidía por completo, porque yo realmente estudié Comunicación, y no tanto por lo literario, sino más bien por lo ‘alimentario’, por decirlo de alguna manera. Así que me fui a Madrid y allí conocí a Paloma Torres, quien era miembro del equipo de profesores de la UCM. Y, bueno, yo había leído a Julio Ramón Ribeyro (JRR) en el pasado, sabía de sus diarios, entonces, cuando nos pidieron el trabajo final, la tesis, algunos optaron por escribir una novela, otros un cuento o un poemario, y yo me decidí por este ensayo. Luego fui adaptando y editando todo junto a Laura Alzubide, para convertir ese primer trabajo en algo más ‘editorial’ y, por supuesto, actual.

Ribeyro no tiene lectores, tiene hinchas, y tú has citado en tu texto a varios, incluso de fuera del Perú. ¿Qué tanto lo admirabas antes de esta investigación? ¿Hasta qué punto aprendiste más cosas sobre él durante tu labor?

Como la mayoría de nuestra generación, había leído sus cuentos, básicamente, en el colegio. Después, leí “Prosas apátridas”, más no de la misma forma en que lo hice para este ensayo. Ribeyro siempre me gustó, de hecho, crecí leyéndolo junto a Bryce y Vargas Llosa, pero sin que esto pueda hacerme una ‘ribeyriana’ como algunos. Mi investigación propició que conozca mucho más en profundidad su labor de ‘no ficción’. Es más, te diría que incluso en Madrid, en bibliotecas y con libros prestados por Paloma Torres, pude adentrarme en esa vertiente que me resultó sumamente interesante.

¿Sería exagerado hacer una comparación entre tu trayectoria o tu desplazamiento geográfico a través de los años con el realizado a lo largo de su vida por Ribeyro? Tú naciste en Chiclayo, estudiaste en Piura, trabajaste en Lima y luego fuiste a España a estudiar. Casi resumiendo, Julio Ramón va de Barranco a Europa, y vuelve a Lima…

No sería tan exagerado. De hecho, sí podría haber alguna conexión, sobre todo vinculada a esta nostalgia por (el espacio) donde ‘no estamos’. Ribeyro vivió buena parte de su vida en Europa, pero se la pasó escribiendo sobre el Perú. No obstante, paradójicamente, su no ficción la escribió toda en Europa.  Así que yo sí veo cierta conexión vinculada a la nostalgia: lo que no regresa y lo que no podemos ver cuando estamos en otro lado.

El libro de María José publicado por Revuelta Editores.

No soy de los que llevan diarios, pero conozco gente que sí tuvo o tiene. Y la verdad es que no todos los apuntes personales terminan siendo siquiera cercanamente publicables. ¿Qué le dio esta condición a los apuntes que llevó Julio Ramón durante tantos años?

Coincido con lo que se dice en el prólogo de sus diarios publicados por Seix Barral. Allí se comenta que (estos) son publicables porque son esa gran novela que Julio Ramón sintió que nunca escribió. En dicho género, JRR publicó “Crónicas de San Gabriel”, “Los geniecillos dominicales” y “Cambio de guardia”, pero no terminó completamente satisfecho. Y él mismo lo cuenta. Por otro lado, sus diarios se publicaron en vida. Ribeyro aceptó publicar muchas cosas que algunos podrían decir ‘mejor publicarlas (luego) para así limpiar un poco tal o cual cosa’. Él se animó a exponer sus dudas y frustraciones. Y me parece interesante la decisión de hacerlo, porque en el ámbito artístico no todo es bonito, ni solo satisfacciones y logros. Por esa arista es que la publicación de sus diarios me parece muy importante.

¿Qué podrías decir sobre la forma en que Ribeyro autoevaluó sus escritos? Para algunos puede lucir genuina su forma de calificarse a sí mismo, pero también podría atribuirse a una pose, como aquellos alumnos del colegio que dicen “no tuve tiempo para estudiar”, y siempre sacan 20 en los exámenes…

Yo diría que sí (es genuina), porque esa fue una postura que sostuvo a lo largo de su vida. Entonces, yo creo que esto es un tema que lo acompañó cuando lo elogiaban y todo. Como si no se la terminara de creer. También he leído a algunas personas comentando que esto podría ser una pose, sin embargo, quizás la gran enseñanza que deja esto a aquellas personas que se dedican al arte es que Julio Ramón jamás se amilanó, sino todo lo contrario: insistía. Luego, depende también de la perspectiva en que veas el tema: (ser autocrítico) puede ser en ocasiones desesperanzador, pero, también convertirse en un respiro que indique: ‘si esto es para lo que vivo, si solo puedo ser escritor, pues, vamos para adelante’.

Diversas personalidades de la cultura han estudiado y leído a profundidad a Ribeyro. Peruanos y extranjeros analizan sus textos y hasta prologan sus libros. Antonio Muñoz Molina y Juan Gabriel Vázquez son solo dos ejemplos. ¿De todos los que has podido leer durante tu investigación, cuál dirías que tuvo el aporte que consideras más singular?

Quizás no voy a contestar tu pregunta por el lado estudioso-análisis, pero disfruté mucho la lectura de “Un hombre flaco”, el perfil de Ribeyro que escribió Daniel Tittinger, Mira, ya existía una biografía autorizada de Julio Ramón escrita por Jorge Coaguila (“Ribeyro, una vida”), pero el libro de Daniel es como el ‘Lado B’. Entiendo que este perfil lo escribió casi por su lado, sin facilidades de parte de la familia de Ribeyro como sí las tuvo quizás Jorge. No obstante, me parece muy interesante cómo ambos textos se complementan a través de la información presentada, sumado al estilo de Daniel para contar las cosas.

No fue Ribeyro el primer escritor que en algún momento se decidió a pintar. En la segunda parte de tu ensayo te enfocas en esta veta. ¿Qué podrías decirnos de las cosas que pintó? No eran obras maestras, pero, ¿cómo podríamos conjugarlas con su literatura?

Entiendo que no estamos ante grandes obras de arte, pero a mí sí me gustaron sus dibujos. Me gustan los colores que utilizaba. Él pinta paisajes y personajes, pero en la mayoría de estos últimos, casi no aparecen de frente, sino que son captados de espaldas, o de costado. Noto la visión de un observador. No ser ‘el protagonista de’, sino estar atento e imaginar posibles escenarios. Ribeyro no deja de ser un narrador incluso en los dibujos.

¿Según tu libro, podemos pensar que Ribeyro hizo mejores amistades a su vuelta al Perú?

Creería que sí, pues en sus últimos años también se hizo de este grupo de amigos integrado por escritores más jóvenes, y disfrutó mucho. Siento que, en la parte final de su vida, deslinda un poco de este escepticismo, de esta duda y de esta ‘mudez’ de estar pintando más bien a los desechados y tal, porque al final durante sus últimos años aquí fue alguien súper celebrado, e incluso participaba en estos homenajes. Es muy recordado el que recibió en la Municipalidad de Miraflores, cuando la gente terminó vitoreándolo y él salió por el balcón municipal incluso. Entonces, me voy a quedar con que al final de su vida JRR tuvo esos momentos de disfrute y la parte de la nostalgia y de las dudas nos las deja para sus libros, sobre todo.

¿Te sirvió todo este tiempo investigando sobre Ribeyro para empatizar, más que con el célebre narrador, con la persona? Porque a lo largo del libro queda la sensación de que tu vida y la de Julio Ramón se ‘cruzan’ más de una vez, por la incertidumbre, por la forma de sentir lo inmenso del mar, etc.

Te diría que sí. “Las dudas del mudo” tiene algo de esa mezcla porque mi intención siempre fue tener una especie de conversación con Ribeyro a lo largo de las páginas. Y espero que eso se haya percibido. Por eso también dejo los aportes interesantes de escritores sobre todo para los pies (de página). No fui ni soy una erudita en Ribeyro. Fue a raíz de mi investigación que me he convertido en una lectora suya, en una ‘ribeyriana’, por decirlo de alguna forma. Pero sí debo decir que todo lo que leí me ayudó a terminar un ensayo que, al principio, iba algo encorsetado, y poco a poco, gracias al seguimiento que tuve, a la ayuda de Paloma Torres y Laura Alzubide, fue finalmente viendo relajada su escritura y convirtiéndose propiamente en un libro, y todo eso me permitió decir: aquí estoy, me ‘hermano’ con esta persona en este sentido, y aunque quizás no haya podido resolver todas mis dudas, las presento ante todos, y sobre eso seguiré adelante.

La autora no descarta próximamente publicar un primer libro de cuentos.

En varias instancias del libro te llamas a ti misma “escritora en ciernes”. ¿Te has planteado algo después de “Las dudas del mudo”? ¿Podría ser un debut y despedida? ¿Quieres convertirte en una escritora dedicada?

La escritura es algo que ha venido conmigo desde muy chica. Mi relación con las historias siempre estuvo, pero simplemente no me atrevía a dejarla salir. Durante un tiempo hice periodismo, publiqué crónicas y reportajes en los que se tiene algo más de soltura para redactar. Claro, tengo algunos borradores, y sí me gustaría en algún momento publicar otro nuevo libro, quizás de ficción esta vez. Yo soy de géneros cortos, así que quizás un conjunto de cuentos, no lo sé, pero sí me encantaría encontrar ese espacio para seguir con esto.

Has publicado este libro en Revuelta Editores, un sello que tiene varios trabajos editados respecto a Ribeyro. ¿Dirías que quedan aún algunos aspectos por indagar y contar sobre Julio Ramón, o ya todo está dicho?

Creería que sí. Sé que se están trabajando un par de tomos más de sus diarios, hasta el año 1994, que es cuando falleció. Jorge Coaguila me comentó que ya los estaba editando. Luego, en unos tres años se viene el Centenario del nacimiento de Ribeyro (31/8/1929). Sé que se están haciendo algunos trabajos al respecto y me gustaría sumarme. Si hablamos de una persona que no tiene producción nueva, ¿hacia dónde podemos ir? Yo creo que ya depende de la mirada especial que tengamos quienes investigamos su obra. Por ejemplo, sé que hay libros alrededor de la filosofía de JRR, aunque yo no he encontrado uno que tenga ese enfoque particular en la incertidumbre, como sí lo tiene el mío, y creo que por ese lado subsisten ciertas lecturas y relecturas que pueden enriquecer lo que ya se conoce, tanto de sus obras de ficción como de las de no ficción.

Finalmente, mucha gente se queda toda la vida donde nació y nunca viaja, ni siquiera de vacaciones, por miedo, inseguridad o llámalo como prefieras. Tú saliste de Chiclayo a Piura, pasaste por Lima y luego te fuiste a España. ¿Cómo venciste esos fantasmas?

Caminando, leyendo y escribiendo, sobre todo de esa manera.

Compártelo

Deja una respuesta