Mauro Mamani: «Nuestra poesía en lenguas originarias no es ajena a las dificultades sociales ni a los conflictos políticos presentes en el país»

Con gran parte de su vida dedicada al estudio de la producción literaria desde el corazón de la patria, Mauro Mamani Macedo vuelve a la palestra con “La vocación del abrazo” (Fondo de Cultura Económica), una valiosa selección de poesía contemporánea escrita en lenguas originarias.

El reconocido catedrático, ensayista y crítico literario, autor de libros como “José María Arguedas. Urpi, fieru, quri, sonqoyky” o “Sitio de la tierra. Antología del vanguardismo literario andino” agrupa propuestas esenciales de poetas que escriben en quechua, aymara (respetando en ambos casos sus variedades) y los distintos dialectos amazónicos vigentes en la actualidad.

En la siguiente entrevista, Mamani Macedo relata algunas particularidades de esta antología, que ha tenido, sin duda, en su principal desafío la riqueza cultural del Perú. El autor destaca, además, el trabajo que realiza en distintas instancias académicas, por ejemplo, desde el pre grado y post grado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde lidera grupos de estudiantes que viajan al interior del país en busca de salvaguardar nuestra riqueza lingüística.

En la parte final de la charla, el docente universitario responde, apenas unos meses después de la muerte del Nobel Mario Vargas Llosa, acerca de la polémica que existió entre ambos, pero más aún entre sus seguidores. Para Mamani, toca respetar a ambos escritores en su respectivo espacio y “cada corazón elegirá en qué lado está”.

Me dijo que trabajó “La vocación del abrazo” casi paralelamente con “El sitio de la tierra”. ¿Suele trabajar casi en simultáneo los temas que le interesan? ¿Hoy tiene más de un tema sobre su escritorio de trabajo?

Sí, esto tiene que ver con las investigaciones que voy desarrollando, enfocado mucho en el área andina. Entonces, para el primer trabajo, “El sitio de la tierra”, tenía que ver con mi tesis doctoral acerca de la figura de Gamaliel Churata. Y eso me obligaba a conocer la Vanguardia Andina. Tenía, pues, que revisar la poesía producida en Huancayo, Cajamarca, Cusco, Puno y Arequipa. Paralelamente, en la universidad San Marcos dicto cursos que están vinculados, por ejemplo, en la Maestría me dedico a dictar Vanguardia, y la focalizo hacia lo andino. El otro ramal que tengo es el indigenismo, donde he trabajado a Scorza y Arguedas, dos grandes escritores, narradores y, por supuesto, a Óscar Colchado. Ahora, en el caso de “La vocación del abrazo”, tiene que ver con los cursos que voy impartiendo, en el doctorado y en la maestría, donde me dedico a difundir la poesía en lenguas originarias. He estado trabajando el curso de literatura quechua, y ahí (en el libro) dedicamos un capítulo a la poesía quechua. Y también hay un curso que impartí de literatura aymara. Ahora, en esta última vertiente ya tenemos un precedente de una antología que sacamos en el 2016, que es solo en quechua y aymara: “Harawikuna / Jarawinaka”. Ese texto es previo a una compilación en lenguas nativas. Ahora, ¿qué más desarrollamos en este ámbito? Por ejemplo, para el caso aymara, todos los años viajamos, en agosto o en septiembre, y en la Casa de la Cultura de Puno organizamos un recital aymara. Allí van siete u ocho poetas jóvenes, que llevan sus libros algunos, otros que han publicado en revistas extranjeras o nacionales, y hacemos ese recital. Entonces, eso nos permite ver el estado de dicha producción. Luego ya traigo eso a Lima, lo estudio, y lo voy difundiendo.

¿Encuentra diferencias en los temas y en los intereses de la literatura quechua y la aymara?

Los temas suelen ser universales, pero sí hay algunos mucho más específicos. En el caso de la poesía quechua, es más abierto, tiene un horizonte mayor, y es por la pluralidad de pueblos que tienen, y están abocados, fundamentalmente, a los animales, a la vida cotidiana, a los rituales, a las plantas, a las divinidades y, por ejemplo, (en) cómo les cantan, no sé, al cóndor, a los sapos, a los ríos. Pero también tienen vínculos con las urbes, no solamente los poetas quedan en el Ande, sino que migran a la urbe, viven en la urbe y cantan también a la urbe. Luego, en el caso aymara, están focalizados en contextos más específicos, por ejemplo, vinculados al lago. El lago es una imagen muy potente. Lo fue para la Vanguardia y también lo es para la poesía aymara. Asimismo, como es la altipampa, la altura, tiene que estar está vinculada a los pastores, a las plantas, pero las plantas que se producen en ese espacio, como la papa, aunque también a la labor del maestro. Es increíble cómo le cantan, reconociendo sus virtudes y su trabajo. De la misma forma, les cantan a los sacerdotes andinos como el Yatiri, que es un hacedor de yatiris. Estas son las principales diferencias en lo temático.

El volumen ya a la venta en las principales librerías del país.

Usted consigna en su libro una gran cantidad de exponentes. ¿Cómo diría que está la repartición en cuanto a género?

Es realmente sorprendente la cantidad de hermanas que están produciendo, mayores y jóvenes, Por ejemplo, en poesía quechua, tenemos a poetas como Dida Aguirre, una poeta mayor, Gloria Cáceres, que son mayores, pero también contamos con Elizabeth Oxa, que es una poeta joven y que ya publicó un libro. Es una maestra que mientras imparte sus clases va también produciendo, en esta doble función de muchos creadores. Luego, ya en lo aymara, tenemos también un número considerable de poetas mujeres. Yo estoy atento, y apenas alguien empieza a producir inmediatamente me acerco, me comunico con ellas. Asimismo, tenemos poetas bastante jóvenes que trabajan en la altura, a 4000 metros. Está Hualhualuque, una poeta de Huancané, ahora trabajando en Tacna, que produce poesía aymara, pero además alienta a los niños a escribir en su lengua. Los motiva a leer, sentir y luego a escribir. Y en la Amazonía también hay una cantidad interesante de poetas mujeres y jóvenes, aunque desde luego que otras muy destacadas, como Dina Ananco, quien ya goza de reconocimiento. Esta producción es encomiable.

¿Diría que estas poetas están influenciadas básicamente por su entorno o también tienen como referentes a autoras ‘limeñas’, no sé, como Blanca Varela, o quizás extranjeras?

Hay este diálogo hermoso, este recurso del Internet y esta idea de mundo muy abierto. Todo esto les permite llegar más rápido a los libros, y lo que he encontrado es que ellas pueden hablarnos de literatura argentina, chilena o francesa, porque la consumen, la leen, procesan y sienten, aunque también tienen a su universo contextual. Así que yo diría que ellas se afirman con su raíz en su tierra y desde ese horizonte leen y asimilan otras literaturas. No hay, pues, un elemento cerrado, autárquico, sino más bien de una vocación de comunicación. Están atentas a los desarrollos sociales, pero también a la producción literaria que hay en el mundo.

Un tópico muy vinculado a la literatura andina, surgida en las regiones, es el de las divinidades. ¿Cómo está enfocado este tanto en quechua como en aymara?

Creo que hay un equilibrio en ellos, un canto inmediato a nuestras divinidades. Existen distintos tipos de divinidades, por ejemplo, está el canto que le hacen al sol, a la luna, que, en el ámbito quechua, son dominantes. Luego, en el universo aymara, el canto dominante es hacia divinidades como el rayo, el río o la laguna. También están los apus, que le llamamos nosotros a nuestros sagrados cerros, a nuestras montañas sagradas, y les cantamos con el fervor y respeto debido. Ahora, en el universo aymara, en su cultura, también está en esos cantos dedicados a los Achachilas, que son los grandes nevados que orientan y protegen a su comunidad. Entonces, no olvidan a sus dioses. Y el motivo es bastante sencillo: conviven con ellos, están con ellos, los ven, trabajan, comparten, tienen reciprocidad, entonces, ahí no existe posibilidad de no cantarles. Algo parecido he advertido en el universo amazónico, donde hay ese canto a los guardianes del bosque, por ejemplo.

Mauro Mamani Macedo, autor de esta antología sobre poesía contemporánea escrita en lenguas originarias.

¿El factor político está presente? Porque hablamos de autores nacidos en algunas zonas muy pobres, donde no hay siempre presencia del Estado. ¿Cuán impregnada de política está la poesía que usted ha revisado?

Tanto en el contexto quechua como en el aymara, los poetas jóvenes, aunque también los mayores, siempre tiene muy presente ese factor. Por ejemplo, en el caso aymara, he encontrado hasta tres poetas que empiezan a impugnar realidades y contextos, así pues, promueven un tipo de justicia, cuestionan la historia. Y en el quechua ocurre lo mismo, no están ajenos a los contextos actuales, de las dificultades sociales y conflictos políticos presentes en nuestro país.

Usted es coordinador de la maestría en San Marcos. Cuénteme, ¿hay mucho alumnado en tópicos tan específicos como este? ¿Las aulas están llenas? ¿Diría, además, que hay investigadores que le siguen los pasos?

En el pregrado de San Marcos tengo la suerte de dirigir un grupo de investigación llamado Esandino, que ha desarrollado ya varios congresos y, actualmente, tiene previsto realizar uno sobre literatura infantil enfocado en las voces del Ande. Luego, hemos desarrollado un Congreso internacional sobre José María Arguedas, en diálogo también con una cátedra que dirijo en San Marcos, que es la Cátedra Arguedas. Bueno, en este grupo de investigación hay un equipo mínimo de jóvenes de pregrado (14 estudiantes) que están investigando y con los cuales tengo la suerte de viajar. No solamente en el grupo de investigación, sino también en un curso que llevo titulado ‘Literaturas orales y étnicas del Perú 2’. Tengo la suerte de viajar con ellos a comunidades de altura. Por ejemplo, hemos viajado a Huancayo, a Pucará, que está cerca de 4000 metros para recopilar tradición oral y bibliografía sobre ese contexto. También fuimos a Puno, a comunidades como Rosaspata, en Huancané, a la comunidad aymara. Asimismo, en el semestre pasado, con 21 jóvenes, hemos viajado a un pueblito alto, atravesando la cordillera blanca, luego bajamos al pueblo de los talladores, Chacas, y seguimos hasta Uchusquillo, donde trabajamos una semana, lo cual demuestra una valentía de los jóvenes, compilando tradición oral y después, a pura valentía, han traducido esas historias y han publicado un libro, impreso y virtual. En resumen, hemos ya publicado tres libros sobre estas expediciones: el de Huancayo y los dos de Uchusquillo. Finalmente, en cuanto a postgrado, tanto en la Maestría como en el Doctorado, tenemos tesis vinculadas a la tradición oral, a escritores canónicos como Arguedas, Scorza, pero también a la tradición oral que se está produciendo, o inclusive a la que ha sido llevada a la ficción con mucho talento como es el caso de Óscar Colchado.

Hace tres meses murió Mario Vargas Llosa y siempre hubo esta tentación de generar un contrapunto con la obra de Arguedas, de preguntarse cuál fue mejor. También se menciona mucho la posición del Nobel con respecto a la literatura indígena. ¿Qué posición tiene usted en cuanto a estos tópicos?

Tal vez el título de este libro ayude un poco, “La vocación del abrazo”. Mira, existe una categoría que trabajamos y se denomina Chakaruna, referida al ‘Hombre puente’, aquellos que permiten unir pueblos, juntar pueblos, entonces, esa vocación que tenía Arguedas, esa idea de que hay posibilidad de juntarnos, de vivir felices, despojados de todo egoísmo, todas las patrias. Y por eso que escribe ese poema tan hermoso «Huk Doctorkunaman Qayay» (“Llamado a los doctores”) para que ingresen a su mundo, a su universo. Yo pienso que sí hay una posibilidad de juntarnos y respetarnos, cada uno con sus ideas. En el caso de Vargas Llosa, hemos tenido, es verdad, cierta tensión. Recuerdo que en 2010 dirigíamos la revista “Contexto” y sacaban números monográficos. Y en 2011 se daría el Centenario del nacimiento de Arguedas, y coincidió con el Nobel de Mario. En esa revista consideramos bien hacer justicia y reconocer los valores y talentos de todos. Así que sacamos un número dedicado a Arguedas y otro dedicado a Vargas Llosa. Es cierto que uno de los números desapareció más rápido que el otro, tal vez por el corazón o por la afinidad, sin embargo, reitero, sí es posible encontrar contactos. Con Vargas Llosa podemos distanciarnos de sus ideas, de su universo ideológico y a la vez respetarlo. Mira, uno cuando lee “La Casa Verde”, “La ciudad y los perros” o “La guerra del fin del mundo”, se da cuenta del valor de su prosa. Eso, como narrador, deberíamos siempre tenerlo en cuenta. El propio Arguedas le tendía puentes. Hay cartas, algunas más a favor que otras, claro, y también hay algunos dolores. Basta con leer “La utopía arcaica” para hallarlos. Quizás en ocasiones da ganas de no quererlo (a MVLl), pero hay que estimarlo. Siempre han tratado de confrontar a estos dos grandes escritores, sin embargo, hay que respetarlos en su espacio, y cada corazón elegirá de qué lado está.

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