Julio Corcuera: «La gente pide más policías en la calle, pero la extorsión no se combate solo con eso»

Con años de experiencia estudiando los problemas vinculados a la criminalidad organizada, el exviceministro del Interior y exjefe de seguridad humana de las Naciones Unidas en Perú, Julio Corcuera Portugal, acaba de publicar un libro más que importante, urgente. Se trata de “Extorsión. El negocio del miedo” (Aguilar, 2026).

Con un pie en el ensayo y otro en la guía utilitaria, el volumen profundiza en torno a los orígenes de uno de los delitos que más problemas genera hoy en varias partes del país. Mensajes extorsivos que, desde cárceles o provenientes de algún enemigo tal vez cercano y aparentemente desconocido, ponen en vilo tanto a medianos y grandes empresarios, como a humildes mototaxistas o vendedores ambulantes.

Corcuera Portugal se remonta al surgimiento de los primeros grupos criminales al norte del Perú, más de dos décadas atrás. También explica las transformaciones de la violencia en los conos de Lima a lo largo de los últimos años, y demuestra con ejemplos cómo esto mantiene en vilo a familias enteras, mientras las instituciones parecen desbordadas, presentando estrategias sin grandes resultados y prometiendo rediseñar planes en cada cambio ministerial.

A continuación, la entrevista al autor de “Extorsión. El negocio del miedo”, un diálogo que va más allá del contenido del libro, acercándose al análisis certero de situaciones típicas del caso peruano.

Aunque dentro de un contexto complejo, Trujillo es el gran protagonista de libro. ¿Qué llevó a esta ciudad, y al Norte en general, a un caos que parece no tener marcha atrás?

El norte en general ha tenido esta recurrencia. En el sur peruano se dio la violencia asociada a Sendero Luminoso y al MRTA. Cuando Sendero Luminoso surge –y esto lo documenta Cordula Strocka– hay un movimiento que considera las pandillas de los 90 como ‘lumpen capitalismo’. Como tal, entonces, las eliminaron. Entonces, así como el MRTA mató grupos LGBTI, Sendero hizo lo propio con las pandillas. Y al hacerlo, cortaron un brazo de comunicación, aunque no en el norte. En efecto, en los 80s allí había grupos como Los Pulpos, Los Gunis, Los Americanos, Los Escorpiones, y algunos llegaron a ser luego La Jauría, Los Pulpos y demás.

¿Y la gestión de las autoridades en lo que respecta a seguridad ciudadana también lo explica?

No necesariamente respecto del crimen, ¿por qué? Porque malos gobernantes han habido en varios escenarios. Pero sí existen ciertas variables diferenciales contextuales que tienen que ver, por ejemplo: el flujo de armas hacia la frontera norte. Mira, antes había el ‘cogotero’, y para robarte te ahorcaban desde el cuello. Pero ahora todos los chiquillos tienen armas. En aspectos así no solo interviene el trabajo de un alcalde, sino también la poca fuerza del Estado para controlar armas, lo cual hace que cualquiera tenga una y se torne letal. La presencia de los celulares también cambió la dinámica del crimen. Por supuesto, también existe responsabilidad de los órganos de control: Policía, Fiscalía, Poder Judicial, etc., que han permitido que este fenómeno crezca.

¿En qué parte de la de la ecuación surge el tema de la minería informal en lugares como Pataz, en La Libertad?

Allí hay varios fenómenos que tienen que analizarse cuando se habla de esto. Los actores criminales, las organizaciones delictivas, empiezan a colaborar con la minería en la segunda década del siglo XX. Ya cerca del 2014-15 empiezan a ‘chalequearlos’, a cuidarlos. Luego, ellos ya empiezan a tener labores mineras. De esta forma, los que antes eran actores criminales con un poco de dinero, con ventaja económica, hoy son millonarios. Y entonces su capacidad de corrupción y demás es gigantesca. Todo eso altera la dinámica. No es que el negocio sea extorsionar mineros, aunque también pasa, claro. El negocio realmente es dedicarse a la labor minera.

En los últimos años, el alto mando policial ha asignado a rostros muy reconocidos específicamente para trabajar en La Libertad. Desde Víctor Revoredo en su momento hasta Franco Panta (exjefe de la Diviac) en la actualidad. ¿Siente que esto dio resultados concretos?

Hay las llamadas ‘medidas celebrity’. Colocar a cierta persona celebrada, conocida, pero eso no ha funcionado en ninguna parte del mundo. Tanto se ha hablado del Plan Bratton, pero cuando a Willy Bratton se le saca de Nueva York y se le manda a California, no tiene éxito. Lo mismo cuando se le envía a Indiana. Y ya por acá, cuando a Benedicto Jiménez, un policía superdestacado, se le nombró jefe del INPE tampoco reedita el éxito. ¿Por qué? Porque los procesos son colectivos y el éxito contra el crimen es un trabajo en el mismo sentido. Siempre se habla de una persona o de dos, pero detrás de eso hay todo un colectivo. No hay que engañarnos. No va a venir un Mesías a salvarnos. Ni siquiera el éxito de Bukele se encarna solo por él. Es todo un movimiento que hay detrás y que hace posible estas vías. Entonces, si usted trajera al tan famoso mejor policía del mundo, Gral. Naranjo (Colombia) aquí, probablemente, no pasaría nada, como no pasó cuando lo llevaron a México.

El texto publicado por el sello Aguilar.

En esta ola criminal, específicamente en La Libertad, en Trujillo, ¿hay participación de los extranjeros o es un prejuicio que tenemos?

Siempre hay participación de los extranjeros. Ahora, si la pregunta si ellos generaron el crimen, pues no. La división territorial y el control de las zonas más álgidas de La Libertad se consigue más o menos a partir del 2005, 2006, 2007, y en ese tiempo no había ola de migración venezolana. Es más, cuando llegaron los colombianos en el 2008 con el ‘gota a gota’, las mismas organizaciones criminales peruanas los botaron. Además, los venezolanos y la presencia a través de trata de personas con fines de explotación sexual, la encuentras en SMP, Independencia, en Lima Norte, no así en el Callao ni en Trujillo porque donde existen organizaciones criminales peruanas los rechazan. Se da una especie de ‘nacionalismo criminal’.

Ya que me menciona Lima Norte, por las noticias uno nota mayor presencia de informes sobre extorsiones y robos en distritos de este bloque, que en muchas ocasiones invierten muy poco en Serenazgo. ¿Un distrito con menos serenazgo es siempre uno más inseguro?

No necesariamente, no hay una relación directa. Hay una relación sí, a veces, más específica a nivel de la sanción, de la informalidad. Un comerciante informal es más es vulnerable que un trabajador formal, porque tiene el dinero a mano, porque es más visto, porque está más expuesto. Entonces, no es casual que mercados como Unicachi o como Huamantanga hayan sido atacados. Digamos que son un objetivo más cercano. Sin embargo, tampoco se da la regla que mencionas porque usted puede poner 100 serenos en un parque, en un mercado y la extorsión llega por WhatsApp, así que la presencia de más serenos no evita eso.

Me está hablando del WhatsApp, y usted menciona en su libro, al tocar el tema de la digitalización del delito, lo que nos cuesta controlar aspectos como la venta de chips en la calle, o incluso que las billeteras digitales permitan ser usadas por delincuentes para transferir un monto extorsivo. ¿No ve apoyo empresarial en estos lineamientos?

Ahí es un tema de fortaleza del Estado y compromiso del sector privado. Ciertamente, estos chips que se venden como caramelos facilitan el anonimato del actor criminal y la extorsión. Ahí los chips, aunque que se vendan en Polvos Azules, San Jacinto o en Tacora, salen de solo cuatro empresas, nada más. Entonces, esas empresas deben ser rigurosas al venderlos, tal como ocurre en Alemania y en diversos países del mundo, en donde el rigor existe. Solo pedimos seguir el estándar de seguridad internacional, nada más que eso. Siento que hay, claramente poco compromiso del sector privado respecto a esto y, segundo, hay poca fortaleza del Estado para como regulador plantear una barrera a este tema. Nadie está en contra del mercado. Yo soy una persona que está a favor del mercado y de la inversión. El problema es que este tipo de elementos sensibles a la seguridad deben ser regulados de una manera más firme. Porque puede haber por ahí un celular al nombre suyo o mío y uno siquiera lo sabe. Puedes, entonces, ser acusado de extorsión y luego terminar en un proceso penal. !O cómo puede ser posible que se usen billeteras digitales para cobrar cupos! Y si usted no tiene una billetera digital podría ser que haya alguien por ahí con su nombre usando una y usted ni siquiera se enteró.

¿Le lleva mucha ventaja el crimen organizado a la Policía si de tecnología hablamos? ¿Estaban listos para verificar el uso de Yape cuando este fue lanzado?

Hay varias cosas que son precarias en el Estado. Una es los recursos. Cuando usted quiere comprar un equipo, para hacer una producción de video, usted simplemente lo compra, pero en el Estado es un trámite muchas veces insufrible. Ahora, los recursos siempre son escasos porque la cantidad de gente que tiene que atender siempre lo va a sobrepasar. Y la comprensión de los procesos es otro tema. Por ejemplo, cuando se ha planteado estados de emergencia con la presidenta Boluarte, se sacaba a los militares a Larcomar. Con el presidente Jerí, al Parque Kennedy. Así que son recursos, pero también un enfoque correcto. La gente pide más policías en la calle, pero la extorsión no se combate solo con eso.

¿Esta idea esta idea de que gran parte de las extorsiones provienen de las cárceles es fundada?

Te puede extorsionar una organización criminal, ligada a penales, por supuesto, una banda, que puede ser un grupo de personas por ahí que están buscando una víctima, o aventureros, o sea, chicos que nunca en su vida han estado en la cárcel, ni en Maranguita, no son parte de la carrera delictiva, pero que copian un mensaje, lo copian y lo pegan a 100 personas, mandan un video y si cae –por miedo– la persona se ganan alguito en dinero. Esos son aventureros. Todos estos aventureros no están en la cárcel. Sí hay extorsiones ligadas a la cárcel, pero hablamos de las bandas más sofisticadas o de organizaciones criminales más consolidadas, pero no es que todo salga de allí. Si se solucionara ese tema de las cárceles, se reduciría la extorsión, sí, pero hay un número importante de extorsiones que sale de afuera, los yapes, plines, las entregas, salen de afuera. O el que te pone dinamita, también lo está.

Mencionó en una respuesta previa “el éxito del modelo Bukele”. ¿Pude fundamentarme eso? No hablamos solo de la imagen de someter a presos, raparles el cabello y ponerles uniforme blanco...

Yo trabajé en el año 2013 en El Salvador y te hablo de mi experiencia ahí concretamente. El lugar más duro y lo más parecido al infierno que vi en mi vida fue Soyapango de El Salvador. Me decían los vecinos que, de pronto, les tocaban la puerta para decirles que su hija (María de 14 años) “ya estaba en el momento de estar con un hombre”, por lo que la llevarían a la cárcel modelo para que tenga su primera relación sexual con el líder de una mara. ¿Cómo podía pensar el padre de la chica? Un señor humilde que quizás podía hacerse el Rambo y enfrentarse, para morir en el intento, claro. La otra opción, la más seguida, claro, era emborracharse y entregar a su hija que, con buena suerte, iba a tener relaciones sexuales solo con ese tipo. Y eso pasaba en muchos lugares de El Salvador. Entonces, acá hay ciertas cosas objetivas y cuando digo objetiva es que concretamente el homicidio ha caído de un modo impresionante. Hay zonas en donde no se podía caminar, que yo mismo he caminado, que mis colegas –porque trabajé en Naciones Unidas 10 años– hoy sí pueden transitar. Yo planteo cosas del modelo Bukele que deben copiarse si parecen urgentes. Por ejemplo, en junio del 2019 Bukele se sentó con las tres teleoperadoras y las conminó a que controlen los celulares en las prisiones. Si no los controlaban, las botaba del país y traerían a otras que sí pudieran hacerlo. Yo sé que muchos así al escuchar ‘Modelo Bukele’ piensan en presos rapados, pero no es solo eso. Uno de los principales abolicionistas de la pena de muerte, César Becerra, plantea en una de sus obras no la pena de muerte sino penas que el delincuente tenga miedo de cumplir. ¿Por qué? Porque en Perú nadie parece tener miedo de ir a la cárcel. Es más, el que se asume delincuente entiende que la cárcel es su tránsito natural para consolidar su carrera delictiva.

La inseguridad tiene rostro. La fotografía es del diario El Comercio.

En los últimos años este Congreso, más allá de todo, ha ampliado penas, pero siguen saliendo las noticias de que se libera a un ‘raquetero’, a veces el mismo día. ¿Cómo cree que van las otras patas de la mesa?

Hay un tránsito que se desarrolla cuando se activa la justicia. Actúa la policía, va al Ministerio Público y luego al Poder Judicial por una sanción. En esa ruta es importante mirar lo siguiente. Y se lo explico con un ejemplo: entre el 2020 y el 2025 llegaron a la policía 85.000 denuncias por extorsión. Entre el 2020 y el 2025 al Ministerio Público 82.000. Entre el 2020 y el 2025 se emitieron 1047 sentencias de extorsión, o sea, 1.7% del total. El 98% de denuncias por extorsión quedaron absolutamente impunes. ¿Ve lo grave que es esto? En ese sentido de impunidad, es más probable que un extorsionador salga absuelto a condenado.

En el libro se consigna el tema de cómo se lava dinero y hay en empresas de fachada y circuitos en los que, increíblemente, hay gente trabajando. Desde un portero hasta una lavandera, pasando por agentes de venta, etc. ¿Hemos terminado siendo tolerantes con el tema delictivo?

Por supuesto. La sociedad está siendo permeable. ¿Cómo se explica usted que una persona tan cuestionada por esos temas como Gerald Oropesa hoy sea un influencer? Y sea recibido, y lo llamen El Patrón, tanto en Trujillo como en Lima también. ¿Cómo se explica el éxito de los ‘maleanteos’ en el Callao? Y hay colegios en los que los alumnos juegan a ser El Monstruo. Esto habla de que culturalmente esto empieza a permear en positivo.

Cuando uno termina de leer el libro tiene la sensación de que es desolador el panorama. ¿Ve alguna luz al final del túnel?

Sí, claro. La promesa de la vida peruana que mencionaba Basadre se mantiene vigente. Estas organizaciones criminales hacen lo que hacen por dinero, actúan como actúan por dinero, y lo que hay que hacer es quitárselo. Y esto no se hace rompiendo más puertas o golpeando más gente. ¿Cuál es la experiencia italiana o norteamericana al respecto? Se han creado unidades especializadas para seguir el dinero, y estas no dependían necesariamente de la Policía, sino de entes como el Ministerio de Economía y Finanzas. Porque si el dinero tiene una ruta, su tarjeta de crédito, su Yape y demás, esa ruta se ubica y se retiene el dinero, entonces habrá menos para corrupción, para contratar sicarios, o para operatividad, se debilita el corazón mismo de la organización criminal. Si usted le da de baja o detiene un sicario, pues contratan luego a otros, sin embargo, si usted golpea el bolsillo, entonces golpea el corazón del crimen. Ese es el giro necesario.

Uno de los capítulos más increíbles del libro es el de la denominada Gobernanza Criminal. Delincuentes interviniendo directamente a favor de una candidatura para luego poder sacar provecho cuando esta ya sea autoridad. ¿Podemos imaginar que, en las próximas elecciones esto va a ser un común, digamos o no?

Ayer encontré las pintas de una persona que fue procesada, acusada y presentada como extorsionador, marca y demás, haciendo campaña, por ejemplo. Así que no es que podría… eso ya pasa, lamentablemente. Pero también falta hacer una un balance más más crítico de la realidad. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué lo digo? Porque esto de la extorsión es una epidemia en el norte, pero ahora se ve porque ha llegado a Lima. Mientras estaba solo en Trujillo, en Piura, en Sullana, bueno, pues quedaba un poquito lejos. Como el terrorismo, ¿no? Mientras era en Ayacucho no pasó nada por acá.

Hablando de las famosas ‘leyes pro crimen’, que usted cuestiona en su libro, me hizo recordar a una docena de abogados muy reconocidos que salían a defender públicamente las medidas. Y decían que no eran pro crimen, sino que eran una forma de garantizar procesos debidos, etc. O sea, para cada una propuesta hay un abogado defensor. Dígame en pocas palabras, ¿por qué son leyes pro crimen?

Ahí hay un exceso entre dos grupos en pugna, porque al final es un tema político. Yo tengo una posición ecléctica al respecto. Mira, las leyes pro crimen son del 2023 y demás. ¿Antes del 2023 no había crimen? ¿O sea, si nosotros derogamos todas esas leyes, significa que, mágicamente, todo el crimen va a desaparecer? No, el crimen se ha gestado antes, sin embargo, la presencia de esas leyes sí debilita la acción de los operadores de justicia. De varias de ellas, porque es difícil empaquetar todas en un solo comentario. Pero la extinción de dominio, la necesidad de la colaboración eficaz, la fortaleza en la acción, el no esperar al abogado defensor si es que lo tiene o no, son medidas que importantes para operar, ¿no? Naturalmente, todos los colegas en su legítimo derecho tienen la potestad de dar su punto de vista, sin duda. Pero hay que tener en cuenta que muchos emiten una opinión de parte, quiero decir, representan alguna forma de ver las cosas, y es legítimo, además que lo hagan. Lo que no está bien es pasar ideología por ciencia. Y en eso también incluyo a aquellos que tratan de hacer suponer que se derogan las leyes mañana y mañana todo termina. El problema del crimen va más allá de esas leyes.

En 45 días vamos a tener la primera vuelta. ¿Ha visto alguna idea que le llamen la atención en seguridad?

No, la verdad que no. Me Si alguna me ha llamado la atención ha sido por una cosa crítica, digamos, ¿no? Graciosa tal vez. Pero no he visto algo que diga, «Caray, por aquí encontré algo”.

¿Siente un agotamiento en el tema? Las propuestas de sacar a los militares a la calle, por ejemplo, suenan ya incluso trasnochadas…

O la pena de muerte, claro. Yo pienso que hay un desinterés pleno en cuanto a las elecciones. Estamos a siete semanas y no prende la campaña. El candidato que lidera las encuestas tiene 9%. O sea, hay un desinterés para todos lados. Vamos a comicios, pero muy pocos probablemente saben cómo votar en un padrón (cédulas de sufragio) tan grande, cruzado y local, nacional. O sea, ¿qué clase de resultados van a darse si la gente no sabe cómo votar?

Le tocó ser viceministro. ¿Hay una posibilidad real de la policía de auto-limpiarse? ¿O es necesario un ente externo que haga ese trabajo? Porque los altos mandos PNP dicen que cada año botan miles de efectivos involucrados en actos ilícitos, pero la sensación es otra.

Eso es lo que toda institución tendría que hacer. Para eso la Policía tiene su Inspectoría. Existen también procesos de garantía. Hay situaciones en las que se emite una sanción a un policía, y este viene con una acción de amparo. O sea, los límites a la ejemplarización en la institución no siempre tienen respuesta solo dentro de la jurisdicción administrativa. Por eso es que existen abogados expertos en defender policías sancionados, porque a través de acciones constitucionales buscan bloquear la misma justicia que se despliega dentro de la institución.

Esa última semana de Dina Boloarte le preguntaron por las extorsiones y ella dijo que cuando a uno lo llamen de un número desconocido simplemente no conteste y problema solucionado. Al lector de su libro, ¿qué hacer si recibe un mensaje presuntamente extorsivo?

Hay una parte de mi libro donde yo explico la presencia de bandas criminales y aventureros. Probablemente, y me dirijo con mucho aprecio al señor, a la señora que tiene su panadería, su pequeña tienda, le llega un mensaje diciendo, «Soy El Monstruo, tienes que pagar un millón de soles.» Yo no creo que El Monstruo extorsione una pequeña panadería. Ahí es más probable que sea un aventurero. Luego, cuando te dicen, «eres tal, vives en tal y tal.» Muchas veces esta información la tienen a través del doxeo, o de las redes sociales. Hay que ser discreto con tu información personal. La gran parte de extorsión que se conoce es un ataque del cercano. Casi siempre es el cercano el que agrede. Si yo tengo mi panadería y coloco en un cartel el número telefónico, este no puede ser de ninguna manera mi celular personal. Eso me pondría en desventaja automáticamente.

Entonces, tras el susto inicial por recibir el mensaje extorsivo, ¿qué hacer?

Después del susto toca evaluar cuáles son estas variables de riesgo que pueden existir. Si esta persona, digamos, encuentra que esto es plausible o tiene sentido, o si se trata de un solo mensaje, tipo ‘escopetazo’ a ver quién cae. Recién ahí bloqueas el número. Toca actuar con serenidad y probablemente el riesgo ceda. Si después de eso, lo contactan a su número personal, es porque alguien ha filtrado su información. Luego, si llega una carta a casa, pues estamos ante algo más serio. Yo creo que hay que seguir etapas, administrando el miedo, porque finalmente la extorsión se alimenta de este. Por eso el subtítulo de mi libro es “el negocio del miedo”.

Finalmente, hace muchos años los analistas se preocupaban en analizar si estábamos rumbo a la mexicanización o a la colombianización, de la violencia aquí. Al final, no nos parecemos a ninguna otra realidad. Tenemos nuestro propio modelo. ¿Lo ve así?

Hablamos de fenómenos completamente distintos. Colombia es particular porque tuvo las FARC y estas no fueron derrotadas. Ellos han tenido, además, varios cárteles de droga. El Perú no ha tenido nunca un cártel de drogas. Ha tenido personas como Vaticano que le han proveído de pasta básica de cocaína a precisamente a los cárteles colombianos. Y en el caso de México, hay una particularidad que mencioné en uno de mis libros. Allí, el Cártel del Golfo para enfrentarse al cártel de la familia Michoacana y demás contrató al grupo aeromóvil de fuerzas especiales (GAFE), que sería como contratar en Perú a Chavín de Huántar como seguridad. Felipe Calderón militariza el tema. Y los comandos que se dedican a defender al cartel del Golfo fundan Los Zetas. Y con ellos vinieron los cortes de oreja, de dedos, lo cual extendió increíblemente el espiral de violencia, de una forma que no se ha visto en Colombia y ojalá nunca en Perú.

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