Mauricio Zavaleta: «El peor Congreso siempre será el que tenga más ‘amateurs'»

Publicado siete años atrás, “¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?” se convirtió en un texto de habitual consulta, no solo en lo académico, sino también entre periodistas y público en general. El volumen, escrito con claridad y concisión por Steven Levitsky y Mauricio Zavaleta, iniciaba destacando cómo este país atravesaba su etapa democrática más duradera. Transcurrido todo este tiempo, tal vez ni el más pesimista hubiese imaginado que veríamos a tantas personas colocarse fajines presidenciales entre elecciones, vacancias y sucesiones constitucionales.

Mauricio Zavaleta, politólogo, candidato a doctor por la Universidad de Pittsburgh, y uno de los autores del ensayo, destaca dos aspectos fundamentales que hacen distintos ambos momentos históricos. El primero es «la descomposición total del sistema» y el segundo, «el deterioro significativo de nuestra democracia«.  Con 43 partidos políticos inscritos debidamente para el inminente proceso electoral (¡y 35 candidatos presidenciales!), muchos se cuestionan si una cédula infinita como la que usaremos el 12 de abril refleja acaso un mejor nivel de representación.

Una relectura de “¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?” resulta útil en un momento tan particular de nuestra democracia. En esta entrevista, Zavaleta responde algunos aspectos básicos del libro, de los capítulos originales y del que añaden en esta edición aumentada, pero también se anima a explorar la coyuntura, apuntando a entes como el Congreso, o inclusive reiterando su respaldo a mociones poco populares como la reelección y el financiamiento estatal a los partidos (aunque incidiendo en la necesidad de supervisarlos con todas las herramientas posibles).

¿Por qué crees que libros como el tuyo, el de Rodrigo Barnechea sobre Alianza para el Progreso (“Becas, bases y votos”), “Ni amnésicos ni irracionales” de Alberto Vergara, o incluso “Los espejismos de la democracia” de Martín Tanaka, aunque es algo más antiguo (1998), traspasaron la barrera del tiempo y siguen siendo referentes de consulta hoy?

Todos esos trabajos cumplen con la función de explicar, desde un punto de vista particular, qué está pasando en la política peruana. “Los espejismos de la democracia” fue un libro importantísimo pues explica cómo funcionaba la política en la década de los 80, lo cual finalmente desencadena en el gobierno de Alberto Fujimori. Por su lado, el libro de Rodrigo explica cómo Alianza para el Progreso permite la articulación de una serie de organizaciones a nivel local que están vinculadas por redes clientelares y nos explica la fortaleza de César Acuña, que no es su carisma, sus ideas, ni su ideología, sino la organización clientelar que se logró construir, sobre todo a través de la Universidad de César Vallejo. Entonces, esos documentos ayudan a entender qué es lo que está pasando desde una historia contemporánea y, finalmente, explican cómo se sostienen esos actores, cuáles son sus pilares organizacionales, históricos o los antecedentes de lo que está pasando en nuestra política. Por eso diría que, por más que a los politólogos nos ‘caiga palo’ por ser supuestamente muy institucionalistas, yo creo que no es tan así. Porque si bien hay una rama de la ciencia política que es institucionalista, porque existen personas que se dedican a ver instituciones, la verdad es que también otro grupo está viendo ámbitos informales, antecedentes históricos, organización algo más sociológica desde las bases, etc. Entonces, sí tenemos algo que aportar a la discusión del país.

Antes, para hablar de política los medios de comunicación consultaban mucho más a antropólogos, sociólogos e historiadores. ¿Qué crees que hizo que en los últimos años sean más consultados ustedes, los politólogos?

Primero, porque la ciencia política no existía hasta hace unos años. Es una carrera joven en el Perú. Hubo un intento en los años 80 de la Universidad Católica de atender la disciplina, pero fracasó, fue absorbida por la sociología. Y luego volvió ya en los años 2000. Y me parece que –tiempo después– en los medios de comunicación, ya sean escritos o en otras plataformas, se comenzó a buscar a los politólogos porque finalmente hablaban de política, y la coyuntura aquí siempre ha girado alrededor de temas políticos. Entonces, me parece que el ‘matrimonio’ entre medios de comunicación y politólogos que directamente veían temas políticos fue algo casi natural. Ahora, eso no quiere decir que no deban de entrevistarse a historiadores, antropólogos y sociólogos, pues ellos tienen perspectivas muy interesantes y, además, aportan a la diversidad del debate.

El politólogo Mauricio Zavaleta es también autor del libro «Coaliciones de independientes. Las reglas no escritas de la política electoral».

En el inicio del libro ustedes comentan que fue escrito entre 2014 y 2016. No quisiera remontarme a esos años, tampoco te voy a llevar a fines de los 80, o principios de los 90, que es cuando ustedes alegan se quiebra el sistema de partidos peruano. Voy a centrarme en los años que lleva publicado su libro (7). ¿Qué dirías del análisis que formularon Levitsky y tú? ¿Ha cambiado? ¿Se mantiene igual o solo en parte?

En la introducción al prólogo a esta nueva edición decimos que hubo dos cambios importantes en estos siete años. Uno es la total descomposición del sistema, en el cual lo que tenemos es básicamente individuos que son los que organizan — es una exageración–, que articulan –si se quiere– el escenario político nacional. En otro país usaría el término sistema de partidos, pero en el Perú no lo puedo usar porque me parece que no aplica. Y lo segundo es un deterioro significativo de la democracia en el Perú. Y esos dos aspectos están vinculados por un colapso de la representación. Para hablar de la democracia en el Perú, lo que nosotros decimos desde el inicio del prólogo es que aquí ha habido un deterioro importante de la misma, y creo que el aspecto fundamental de ese menoscabo ha sido que casi 50 peruanos fueron asesinados por la fuerza pública, cosa que no ha sucedido en otra democracia alrededor del mundo. Mira, los autoritarismos, como por ejemplo en Irán, si las personas salen a la calle no tienen problemas o suelen tener menos problemas en dispararle a su población, pero en las democracias no sucede eso. De hecho, desde la pandemia en adelante, los casos que vemos de democracias donde ha habido algún tipo de manifestación nacional o revueltas no han generado 50 muertos, y en los casos más dramáticos, donde ha habido muertos ninguno supera los 30. Entonces, hablamos de un deterioro significativo de la democracia en el Perú. Esto como lo más resaltante, pero podríamos hablar de muchas cosas más. Y nosotros creemos que el colapso de la representación es lo que explica eso. ¿A qué nos referimos? Cada vez que vamos a elecciones, establecemos un contrato, cierta persona es elegida por un periodo de tiempo, depositamos nuestra confianza en esta, y lo que se espera es que, debido a que nosotros vamos a votar nuevamente, ya sea por la misma persona a través de la reelección o por el mismo partido, tengamos un poder de sanción como como votantes.

Así funciona la representación…

Así es. Elegimos a una persona que comulga con nuestras ideas, o que creemos competente, más allá de que haya una coincidencia ideológica, programática o incluso de estilo, y esa persona entonces tiene que revisar, estar atenta de cuáles son las demandas de la ciudadanía, de sus votantes, sin embargo, lo que nosotros pensamos es que eso se ha roto en Perú. Y básicamente porque los políticos son muy pasajeros, entonces, no hay otra oportunidad en la cual este va a ser reelegido. La mayoría de los políticos en el Perú no son reelegidos, eso lo vamos a ver en estas elecciones congresales. Y, además, no tenemos equipos grandes de políticos que estén apelando al votante medio. Los partidos no funcionan como tal, no tratan de proteger la marca partidaria. No tienen esa capacidad, la perdieron a principios de los 90 o finales de los 80. Entonces, los engranajes de la representación se han quebrado en el país y eso finalmente se traduce en un deterioro importante de la democracia. Y quisiera decir algo adicional: la única estrategia de supervivencia, tanto de partidos como de políticos, en particular congresistas, es ‘okay, si es que yo no voy a atender las demandas de los ciudadanos en términos más generales, si es que posiblemente no vaya a ser reelegido, bueno, mi mejor apuesta para sobrevivir es apelar a clientelas’. Entonces, cuando nosotros vemos, por qué se amplía el Reinfo, por qué se agregan a 14 mil maestros que se negaron a pasar una prueba, uno dice, bueno, eso va en contra del interés general, porque si el interés general es conservar el medio ambiente, educar bien a los niños, y para eso necesitas profesores competentes, ¿entonces por qué están haciendo esto los congresistas? Bueno, porque sus intereses son completamente diferentes. Ellos buscan apelar a la clientela, a esas 14 mil personas que pueden ser 14 mil votos, apelar a los votos de los mineros ilegales, informales o personas que estén en el Reinfo, y ganar algo de esas políticas dirigidas a grupos de interés. Entonces, esa es la estrategia finalmente sobre la cual han virado tanto políticos como partidos en el Perú, y eso termina afectando increíblemente la representación.

El inmenso tamaño de la cédula electoral que usaremos el 12 de abril.

Una de las cosas que mencionan al comienzo es que “tras más de 15 años de libre competencia no existe ningún proyecto de formación partidaria exitoso”, uno de los factores que mencionan inicialmente es que los políticos carecen de recursos para crear organizaciones partidarias. Sin irnos tan atrás, en los últimos cinco años de Congreso ha habido muchas reformas a favor de los partidos, digamos. Te hablo de desde recursos del Estado, franja electoral, dinero para talleres y hasta un policía hoy cuida a cada candidato presidencial 24/7, etc. En el financiamiento público a los partidos se ha revelado incluso que algunos partidos usan el dinero para contratar a sus abogados o a financistas de sus campañas. ¿Hablamos de los mismos recursos?

Sí, ha habido un cambio en estos siete años en el cual el Estado, efectivamente, ha comenzado a dotar de recursos a los partidos que tienen representación congresal. Mira, la Ley de Organizaciones Políticas, cuando se vota como Ley de Partidos Políticos, establece un artículo en el cual se dice que los partidos van a recibir financiamiento público directo, y eso no se ejecuta hasta el 2016 – 2017, que es cuando los partidos han comenzado a recibir estos recursos públicos directos, que son recursos de los contribuyentes que están asignados a los partidos en relación a su votación congresal. Muy bien. Eso ha dotado a ciertos partidos de recursos, a los que tienen representación. Sin embargo, el partido que quedó fuera de todo esto, aunque tiene acceso a franja, sigue siendo un partido pobre. Es un partido en el cual alguien ha logrado la inscripción y básicamente lo que hace es buscar candidatos que se financien su campaña por sí mismos. En general, cuando hablamos de partidos que no tienen recursos, nos referimos a eso. Los partidos, como pasa con muchos ámbitos de la vida social en el Perú, son mucho de autogestión. Entonces, no podían darle recursos a sus postulantes para que hagan campaña. Así que más bien buscaban extraer recursos de los candidatos, o sea, el denominado ‘cupo’. Si estás número uno pagas algo más que si estás cinco en una región como Cusco que tiene cinco escaños.

Ahora, efectivamente, los partidos que tienen representación, a partir del 2017, se han hecho de recursos. Y eso es algo que nosotros habíamos propuesto en las conclusiones (de la primera edición). Sin embargo, yo diría que el problema central no es que los partidos reciban recursos públicos. El problema central es que el Estado no tiene la capacidad para regular y para fiscalizar el uso de esos recursos. Hay una oficina de personas muy comprometidas en la ONPE que se encarga de hacer eso. Sin embargo, es muy difícil. Una de las cosas que se debería tener es un sistema de fiscalización de los fondos partidarios acorde, tanto los privados como los fondos públicos, pero sobre todo, por supuesto, los públicos, ya que esa capacidad regulatoria supera a la oficina que actualmente se encarga de esa función, porque involucra una serie de tareas y experiencias que no se encuentran ahí, sino que tenemos en la Contraloría General de la República, que tenemos en la SBS, en los organismos de control, en el MEF o en la SUNAT. Así que lo que deberíamos tener es un sistema de fiscalización mucho más eficiente que impida se contrate al abogado del partido o a un donante de fondos de campaña. Esas cosas, a mi modo de ver, podríamos erradicarlas si tuviéramos una real fiscalización de los fondos. Pero que los partidos tengan recursos, creo que es algo que aún nosotros podríamos defender, pues para tener partidos funcionales necesitamos que estos tengan recursos, por más impopular que suene. Este es un tema de capacidad del Estado para regular a los partidos.

Hay dos términos que se mencionan en el libro: tránsfuga y outsider. Lo primero se nos hizo muy familiar relacionándolo con Montesinos y el Vladivideo, pero hoy un congresista entra y termina su mandato habiendo pasado hasta por tres bancadas distintas. Sobre lo segundo, algo que, a diferencia de hace poco, los medios quizás ya no parecen buscar ardorosamente. Ya nadie se preocupa por quién es el outsider de esta campaña. ¿Qué pasó en este tiempo?

Mira, tránsfuga es un término que se asocia mucho a la compra directa de congresistas para pasar de lo que se llamaba la oposición en los años 90 hacia el oficialismo. Involucraba una transacción monetaria desde los servicios de inteligencia, sobre todo, aunque ellos lo llamaban ‘colaboración’ para pasarse a las filas del oficialismo. Ahora es diferente, y tal vez deberíamos encontrarle un término distinto, sin embargo, debido a la asociación ya mencionada todo el mundo entiende de qué estamos hablando: alguien que pasa de una bancada a otra por varios motivos, cosa que se ha vuelto muy común. Y todo esto pasa porque los individuos que están en los partidos no tienen un vínculo muy estable con estos. Partidos que son de autogestión, armados un poco antes de las elecciones (aunque ahora menos porque los plazos se han se han alargado en el Perú), pero que no existe una vinculación partidaria muy sólida, y que además tienen intereses que se mueven en el Congreso, ligados básicamente a acceder a comisiones. Así pues, se hace un cálculo muy de costo-beneficio, y estos políticos cambian de bancada. Quienes no lo hacían — y acá va a sonar a nostalgia muy popular– eran los políticos de los partidos viejos, como el APRA. Era muy difícil que alguien que entró como aprista se cambiase de la célula parlamentaria aprista. Así que hoy no reciben dinero desde los servicios de inteligencia, pero sí beneficios generalmente políticos o de otra índole para pasarse de una bancada a otra.

Ahora, sobre los outsiders, bueno, el Perú es interesante preguntarnos si es que ese término tiene algún valor en el presente, porque el outsider involucra que hay un establishment, y en el Perú no tenemos establishment político. De hecho, post Lava Jato ya no tenemos a estos políticos nacionales relativamente grandes que nosotros preveíamos iban a estar en segunda vuelta. Keiko Fujimori sobrevive, pero muy reducida y, por supuesto, ya no están Ollanta Humala, PPK o Alan. Pero, mira, los que ganaron la presidencia fueron los que quedaron segundos hasta el 2016. Es en 2016 que se quiebra eso con PPK, que quedó tercero. Keiko perdió por poco, y había quedado segunda en la elección de del 2011, entonces ya no tenemos eso y, básicamente, todo el mundo es outsider. Nadie tiene una trayectoria muy grande. Y, además, esto es algo que decimos en el capítulo adicional de esta nueva edición, hay una demanda por parte de los electores de lo nuevo. Ya que la política está tan desprestigiada, los electores están tan desencantados que alguien que tiene cero experiencia en política o que es visto como nuevo, como la novedad, tiene un bonus, porque la gente está harta de los políticos de siempre, aunque en realidad ‘los políticos de siempre’ ya no existen, pero esa percepción se mantiene, y lo que se busca es a alguien que venga de fuera de la representación política de este momento, de hoy. Entonces, cuando cerca del 50% de los electores no sabe por quién votar, no tiene expectativas de votar por alguien que ya tiene experiencia, entonces está revisando quiénes son aquellos que pueden surgir. Entonces, finalmente estamos en un país donde el establishment es el outsider.

La nueva edición del libro «¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?» ya en librerías.

En el libro se mencionaba casi como una paradoja el caso del fujimorismo que por su origen no encajaba necesariamente con lo que terminó siendo: un partido político. En el camino cambiaron muchas cosas, claro. Se cambiaban símbolo y nombre por cada elección, hasta que Keiko decidió dejar el logo y el nombre de su partido, como asegurando una estabilidad en el tiempo… ¿una institucionalidad tal vez? ¿Qué opinión te generan los cambios en esta organización?

Pienso que si es uno no leyó nuestra opinión sobre Fuerza Popular en la primera edición de este libro pues se va a quedar un poco ‘esquizofrénico’. ¿Por qué? Porque escribiendo en entre 2014, 2015, lo que nosotros estamos viendo es el fujimorismo que surge con el liderazgo de Fujimori, que, a diferencia del resto de partidos, primero tenía una intención de continuidad, como tú lo mencionas. Y para eso Keiko Fujimori trata de anclar el nombre del partido como una marca y le llama Fuerza Popular. De ahora en adelante ya no vamos a hacer Fuerza 2011, Vamos Vecino, Cambio 90, etc., sino Fuerza Popular. Y hubo una intención, específicamente en el 2014, de buscar convertirse en una fuerza que pudiese sacar votos en regiones. Hubo un intento por parte de Keiko Fujimori muy claro en invertir su capital político en formar partido. Pero esa apuesta que hace no le va tan bien. Podríamos decir que pierde por poco, o sea, que la apuesta la pierde por poco. Trata de ir en las elecciones de 2014 ‘seriamente’, saca tres gobernadores, lo cual no está mal, pero tampoco es mucho. Logra incrementar su figura de una política nacional. Gana la primera vuelta con, me parece que con 39% de los votos en 2016, pero pierde por poco la segunda. Y es ahí donde ella cambia de estrategia. Y lo hace porque tiene una mayoría en el Congreso y lo que decide es hacer una oposición desleal al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Tal vez ese haya sido su peor error político. Si hubiese sido una oposición más responsable, posiblemente hubiese sido elegida presidenta el 2021. Pero no, decide seguir esta estrategia de oposición desleal y, finalmente, lo que consigue son dos cosas. Una es dilapidar gran parte de su capital político, porque es vista por los electores como una política que está vinculada a este ciclo de vacancias, de oposición irresponsable. Pero, finalmente, se termina convirtiendo Fuerza Popular en una bancada. Porque Fuerza Popular no es estrictamente un partido. Funciona principalmente como una bancada congresal. Fuera del Congreso el partido prácticamente no existe. Con eso me refiero a que casi no tienen municipios. A mí me parece que cuando ellos se percatan de eso, su estrategia cambia a funcionar como una bancada. Lo que es paradójico, porque Fuerza Popular surge como un movimiento en oposición al Congreso. Digamos, con Alberto Fujimori disolviéndolo en 1992. Aunque con Keiko a partir del 2016 se vuelven sobre todo una bancada antes que en un partido.

¿Por qué pueden hacer eso? Creo que hay dos cosas. Una es que, finalmente, ha sido la presencia en el Congreso más constante que hemos tenido y eso ha hecho que muchos de esos congresistas ganen experiencia. Marta Moyano, por ejemplo, en el Congreso actual ha logrado reformar la Constitución desde la Comisión de Constitución. Y eso lo han hecho no porque tuviesen los números, sino porque tienen la experiencia. Y el segundo punto es: ¿por qué Fuerza Popular puede darse lujo de establecer reformas, cambios o votar en contra de lo que la población quiere? Y la respuesta es porque Keiko Fujimori, por más de que dilapidó su 40% de apoyo hoy sigue teniendo un 10%. Y eso es algo increíblemente grande donde todo el mundo es chiquito. Ese 10% de los pueblos en cualquier otra democracia proporcional sería es un partido minoritario, pero en el Perú tener 10% te convierte en un partido que va a sacar una buena representación, que va a poner determinar cosas en la Mesa (directiva). Así que, sí, efectivamente, esta es una evolución, de una estrategia más mainstream si se quiere, que trataba de convertir el partido en una derecha que  aglutinara a ese sector, a ser finalmente una bancada que se sostiene con ese 10% de votación que tiene su líder y candidata presidencial.

En el nuevo episodio del libro identifican al Congreso como el principal ente responsable de esta erosión. Lo llaman “elemento central del deterioro democrático”. Desde el hemiciclo se autodenominan “primer poder del Estado”. No sé si tú vislumbras que los próximos cinco años serán iguales. ¿Hay marcha atrás en todo esto?

Por supuesto que se puede cambiar. El Congreso puede ser mucho más responsable y puede ser un poder político para el bien general, por supuesto que puede serlo. ¿Lo va a hacer la siguiente elección? Lo veo improbable. Creo que lo más probable es que tengamos un Congreso muy parecido al actual. Y eso está explicado por lo que hemos discutido ahora y lo que está en el libro. Sin embargo, ¿cuál es la solución? Desde nuestro punto de vista, no son grandes reformas, no es la inclusión del Senado, no es cambiar el voto preferencial. Para nosotros (la solución) es que existan candidatos de mejor calidad. Y para que existan candidatos de mejor calidad, lo que necesitamos es, primero, como ciudadanos, pensar, primero, que no todos los políticos son iguales, que hay políticos que sí tienen intención de servir, que tienen preocupaciones, y buscarlos. En esta elección, yo he visto mucha gente quejarse que hay 30 y tantos partidos.  Pero debido al accidente, porque esto ha sido un accidente, en el cual se bajaron las reglas para el ingreso de partidos, también ha permitido que gente de mayor calidad –a mi modo de ver– esté participando en estas elecciones del 2026. Entonces, yo creo que una de las cosas que podemos hacer como ciudadanos es darnos un poco de tiempo, buscar cuáles son esas opciones. Tenemos Internet a nuestra disposición, y ver a aquellos candidatos que de repente pueden hacer un cambio. Esa es la solución, la vía. Que el siguiente Congreso tenga a 30 personas serias, independientemente de si son de izquierda o derecha, que no estén interesadas en hacer negocios primariamente. Y el congreso que venga todavía después tenga 50 de esas personas.

La hipótesis que tienen ustedes de que “si los políticos dan por descontado que serán sancionados por los electores tendrán más incentivos para aprovechar el cargo para extraer rentas u otro tipo de beneficios personales”. Primero, parece una defensa cerrada de la reelección, pero, además, casi un ejercicio de nostalgia, como pedir que vuelvan los Mulder, los Del Castillo, o esos congresistas que acumulaban 20 años en su sillón. ¿Teníamos entonces una mejor representación?

Te voy a dar la respuesta impopular y, mira, yo no tengo ninguna simpatía por el APRA, por si acaso, pero mi respuesta es sí. La política peruana era mejor, en el Congreso, sobre todo, cuando teníamos personas que sabían qué es lo que estaban haciendo allí. Y ahora cada vez decimos, «este es el peor Congreso” o “El que viene es el peor Congreso”. Bueno, ¿adivinen algo? El peor Congreso siempre será el que tenga más amateurs, más personas sin experiencia en política, y tienen razones para ser así, porque no tienen la promesa del futuro, porque van a entrar para extraer, mientras aquellos que saben que su futuro es 20 años en política tienen mayores incentivos para cuidarse y para avanzar en ciertos temas que les interesan, que quieran mover, y luego mostrar a sus electores que están avanzando. Entonces, sí, yo sé que la respuesta es impopular, pero el Congreso nos parece que era mejor cuando teníamos políticos más profesionales.

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