William E. Skuban: «El papel de las mujeres en el proceso de formación del nacionalismo y la identidad en Tacna y Arica ha sido muy pasado por alto»

Todos los actores tienen voz en “Líneas en la arena”, el notable libro del historiador y académico William E. Skuban que publica en castellano el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Se trata de una de las traducciones más necesarias del último tiempo porque pone al alcance de los peruanos un momento clave en la formación de nuestra nación: la recuperación de Tacna y la confirmación de la pérdida de Arica como consecuencia de la derrota en la Guerra del Pacífico (1879-1883).

Skuban dedicó décadas a investigar el tema, priorizando aspectos como nacionalismo e identidad. Y es que, sometidos a la presión de una derrota, miles de compatriotas vieron primero ‘ocupado’ su territorio y luego cómo el ‘enemigo’ intentó destruir todos aquellos símbolos que los identificaban. El autor de “Líneas en la arena” –publicado originalmente en inglés bajo el título Lines in the Sand: Nationalism and Identity on the Peruvian-Chilean Frontier (2007) — comienza su obra proporcionando útiles antecedentes, para luego desarrollar uno a uno elementos del proceso que devino en dolorosas pérdidas y felices retornos en la zona sur de nuestro territorio.

Un plebiscito que no fue, mujeres educando a niños en la peruanidad, sacerdotes perseguidos, bandas de patrioteros chilenos que destruían periódicos locales, todo tiene lugar en un ensayo notable desde distintos puntos de vista y sobre el cual su autor accedió a conversar con nosotros. A continuación, la entrevista con William E. Skuban, profesor emérito de Historia en la Universidad Estatal de California, Fresno, y doctor en Historia por la Universidad de California, Davis.

Siendo usted un experto en temas como nacionalismo e identidades nacionales, quisiera ir al origen de todo esto. ¿A cuándo se remontan sus primeros acercamientos al Perú como tema, pero, sobre todo, cuándo supo del antes, durante y después del Plebiscito Perú – Chile que devino en una repartición de Tacna y Arica?

Desde el principio Líneas en la arena tomó el nacionalismo como su enfoque principal.  La obra comenzó en la década de 1990 como una tesis doctoral en la Universidad de California, Davis. El contexto histórico internacional en el que seconcibió el libro fue testigo de la caída de los regímenes comunistas en Europa del Este, seguida por el colapso de la Unión Soviética. Había mucha literatura nueva sobre nacionalismo, tanto teórica como empírica, pero no mucha sobre América Latina. Además, la literatura era muy eurocéntrica. Mi asesor Chuck Walker y yo sentimos curiosidad por la fuerza y singularidad del nacionalismo y la identidad nacional en América Latina.

La Guerra del Pacífico y la posterior controversia por Tacna y Arica surgieron rápidamente en nuestras mentes como un caso ideal de estudio. Fue el intento del plebiscito en Tacna y Arica lo que me llamóla atención: pensé que mejor manera de estudiar nacionalismo y la formación de identidad nacional que examinar una situación en la que las personas—al menos en teoría—podrían votar sobre su identidad nacional.   

¿Qué tan habitual o, por lo contrario, qué tan insólito era que dos naciones en conflicto, donde luego una sale ‘ganando’ y la otra ‘perdiendo’ decidan el futuro de un pedazo de su territorio a través de un plebiscito?

En Europa, entre las dos guerras mundiales, los plebiscitos eran algo comunes. Se celebraron para permitir que las personas decidieran su destino como ciudadanos de un Estado-nación u otro. Una de las razones fue que los líderes nacionales querían una forma de decidir las fronteras que pudiese generar menos conflictos futuros. Escuché una excelente ponencia presentada por Lucas Maubet (Universidad de Tarapacá) en las IV Jornadas históricas de Tacna y Arica el año pasado en la PUCP. Él habló del proceso plebiscitario por la soberanía del Sarre entre Alemania y Francia. Curiosamente, durante la propia controversia Tacna-Arica, la comparación más frecuente fue con la disputa fronteriza entre Alemania y Francia por Alsacia-Lorena. Sin embargo, en este caso no se intentó ningún plebiscito. 

La gente ama las comparaciones, muchas veces en cualquier contexto. ¿Qué situación relativamente reciente podría compararse a lo ocurrido entre Chile y Perú con la ocupación? Me refiero a la posibilidad de que un Estado de un país A termine administrando a un pedazo de territorio correspondiente a un Estado B.

Diría que una situación reciente que podría compararse con lo que ocurrió entre Perú y Chile es el control ruso sobre partes de Ucrania. Rusia se apoderó de Crimea en 2014 y, más recientemente, de territorio en el este de Ucrania. Desde 2014, Rusia ha administrado Crimea como Chile administró Tacna y Arica desde 1880 hasta 1929. En este caso, se puede hacer fácilmente la comparación entre el nacionalismo peruano y el ucraniano. Así como Perú nunca aceptó la pérdida de Tacna y Arica, Ucrania no ha aceptado la pérdida de su territorio. Otro caso podría ser la ocupación israelí de Cisjordania desde 1967.

A propósito de la elaboración del libro. Tras decidirse a trabajarlo, ¿qué tipo de esquema se planteó inicialmente? ¿Fue siempre el mismo?  Claramente, se nota una decisión por profundizar actor tras actor (social). Como si no hubiera querido que algo se le quede afuera…

No estoy seguro de que al principio tuviera un plan definido. Quería dejar que la evidencia me guiara tanto como fuera posible. Sin embargo, ya había leído mucha literatura teórica de ciencias sociales antes. Varios conceptos me ayudaron a organizar de forma más amplia mi investigación. Entre los más importantes en este caso eran la obra de Antonio Gramsci y sus conceptos de hegemonía y clases subalternas, Benedict Anderson y su constructo de “la comunidad imaginada”, y Jürgen Habermas y su idea de la esfera pública.

Meidentificaríacomo un historiador social, así que el enfoque de este libro se aleja de los dos Estados-nación y se concentra en la sociedad local de Tacna y Arica, donde los esfuerzos estatales eran asimilados, desafiados o re-elaborados en el llano por muchos sectores sociales distintos y de muchas maneras diferentes. En otras palabras, el proceso de nacionalismo es bidireccional y eso fue gran parte de mi argumento.

¿Qué diría que fue lo más complicado de trabajar un libro cuyo objeto de estudio era todo menos fijo? Porque su tema es Arica, Tacna, pero también Lima y Santiago, que son las capitales de ambos países. ¿Esta variedad de espacios le complicó las cosas o, por el contrario, le facilitó tener muchos más lugares donde hallar documentación para su estudio?

Necesitaba adoptar una perspectiva binacional. Trabajé y leí extensamente en varios archivos y las dos bibliotecas nacionales en Lima y Santiago. En 1995, cuando empecé a investigar en serio, esto fue un desafío, porque los sistemas archivísticos en Perú y Chile eran muy diferentes. Me parece que el sistema chileno era mucho más centralizado, mientras que en Perú, por ejemplo, trabajé en un archivo relativamente pequeño llamado el Archivo de Límites y Fronteras, que estaba dedicado casi exclusivamente a cuestiones fronterizas. Hoy día creo que ha sido centralizado dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Lo más importante fue salir de las capitales y viajar a la frontera, a Tacna y Arica, el foco del libro. En 1995, el Archivo Regional de Tacna (ART) fue pasado por alto en prácticamente todos los estudios sobre la disputa Tacna-Arica excepto en los de los investigadores locales. Sin embargo, las fuentes críticas, como documentos del gobierno local y colecciones más extensas de periódicos locales de la época, abundan allí. Además, era muy importante leer todo lo que pudiera sobre la historia y cultura local. Por suerte, el archivo en Tacna tiene una excelente colección de obras secundarias, y otros lugares como la Casa Museo Basadre me ayudó mucho en la investigación.

Procesión con la bandera peruana en 1989. Esta es una fotografía del Archivo Histórico de El Comercio.

El libro menciona en más de una ocasión términos como Nación, nacionalismo, identidad y/o patria. Al momento de la ocupación, Perú ni siquiera llegaba al siglo de Independiente. ¿Cuánto diría que estaban desarrollados dichos conceptos en la población peruana? ¿O se trata de elementos que se irán desarrollando ‘contra el tiempo’ ante el anuncio del plebiscito?

También el término Estado-nación. Hay mucho caos terminológico en el estudio del nacionalismo. Creo que hay una diferencia entre nacionalismo y el patriotismo. Creo que este último significa amor, orgullo y lealtad hacia su patria y me parece que esto ya estaba bien desarrollado en ambos países antes de la guerra. Por otro lado, nacionalismo significa la creencia de que los intereses de un propio Estado-nación tienen prioridad sobre todos los demás Estado-naciones. De esta manera, el nacionalismo puede volverse muy chovinista en la creencia de que el propio Estado-nación y su pueblo son superiores a los demás.  En el siglo XIX, el Estado-nación peruano era más débil, mientras que Chile tenía un legado institucional más fuerte que Perú en la construcción del Estado-nación. Sin embargo, tras la guerra y durante la disputa por Tacna y Arica, el sentimiento nacionalista creció tanto en Perú como en Chile y esto explica por qué las pasiones eran tan fuertes en la frontera peruano-chilena.

Mientras leía el libro sentía que desde el Gobierno peruano se apelaba más hacia el amor a la patria (¡¡¡si es que ya puede llamarse al Perú una patria al inicio del siglo XX!!!) mientras que el chileno iba más hacia ofrecer una sensación de estabilidad y progreso. ¿Diría que estoy en lo correcto? ¿Estas fueron en algún momento formas bajo las que ambos gobiernos buscaban seducir a las poblaciones?

Sí, absolutamente. Debido a que el Estado-nación de Perú era relativamente más débil que Chile, los líderes políticos y élites intelectuales peruanos enfatizaron la continuidad histórica y basaron su definición de nación en costumbres, tradiciones y experiencias compartidas desde hace mucho tiempo. Por otro lado, los líderes chilenos para chilenizar las provincias propusieron una interpretación altamente voluntarista del nacionalismo y la nación. En otras palabras, según la propaganda chilena, un individuo podía elegir una identidad nacional sobre una base racional basada en intereses personales, económicos o de otro tipo. Hans Kohn hizo esta distinción en su famosa dicotomía entre nacionalismos étnicos y cívicos.

No obstante, ambos fueron intentos de seducir a los votantes en el plebiscito. Para el estudio del nacionalismo, el caso de Tacna y Arica proporciona evidencia de la naturaleza construida del nacionalismo y la identidad nacional.

Se suele hablar mucho de Tacna, apodada inclusive “La heroica”, pero se ha casi olvidado por completo Arica. ¿No tenían ellos una población mayoritariamente peruana al momento de la ocupación? ¿Cómo dicho territorio termina procesando el hecho de quedarse bajo dominio chileno? ¿Hoy podríamos encontrar vestigios de ello?

En el momento de la ocupación, Arica sí tenía una población mayoritariamente peruana. Eso cambió con el tiempo. El proceso de chilenización se aceleró a principios del siglo XX y miles de obreros chilenos migraron a la región, principalmente a Arica, a trabajar en el ferrocarril Arica-La Paz o en las faenas de playa. Ellos desplazaron a los trabajadores peruanos. Para 1910, las poblaciones peruana y chilena en Arica eran casi iguales. Incluso las autoridades peruanas reconocieron que el elemento peruano había disminuido y el chileno se había incrementado tanto que, si se celebraba un plebiscito en Arica, el resultado sería desfavorable para el Perú. Por eso consideraron la posibilidad de dos plebiscitos.

La segunda parte de su pregunta es más difícil de responder. Los académicos que han estudiado las fronteras en disputa han señalado que las personas a menudo se enfrentan a elecciones de identidad, y no solo entre los Estados-nación que compiten por su lealtad. En la frontera peruano-chilena no existía una sociedad local monolítica.  Los habitantes de la región poseían muchas identidades sociales basadas, entre otros criterios, en la clase, la etnia, el género, el grupo etario, etc.  Todas estas identidades influyen en cómo cualquier individuo puede procesar una elección de identidad entre dos Estados-nación. A menudo estas decisiones obedecen una lógica situacional. Los peruanos en Arica estaban en una situación muy difícil. A medida que llegaban más y más chilenos con cada año que pasaba, ellos debían tomar decisiones difíciles sobre su futuro. Algunos creían que su bienestar económico futuro podría ser mejor bajo el dominio chileno. La propaganda chilena enfatizaba este tema: «Donde está mi bienestar está mi patria» 

Mucho más debería estudiarse y escribirse sobre el pueblo de Arica y cómo afrontaron el desafío de la chilenización a lo largo de los años. Excelentes académicos de la Universidad de Tarapacá, como Patricia Palma, Eugenio Sánchez y Lucas Maubet, han realizado un excelente trabajo en este y otros temas relacionados con la «Cuestión del Pacífico».

Volviendo al tema de los actores sociales, saltan personajes como por ejemplo los sacerdotes, que respondían a sus feligreses, pero sobre todo a Perú como lugar de pertenencia. ¿Cuán clave diría que fue su ‘labor’ para reforzar el sentimiento peruano en las zonas ocupadas? ¿Y qué principales dificultades diría que enfrentaron en su momento?

Las autoridades chilenas se dieron cuenta rápidamente de que las iglesias peruanas habían llegado a convertirse en un obstáculo para la causa de Chile. Ellos reconocieron el gran potencial propagandístico inherente a estas instituciones dirigidos por peruanos. Por otro lado, el Estado peruano también consideraba a los sacerdotes como una fuente potente de propaganda en las provincias, porque aquellos peruanos que no podían asistir a la escuela ni leer los periódicos al menos podían ir a la Iglesia. Los sacerdotes peruanos estaban bajo gran presión por parte de los administradores chilenos en las provincias, y finalmente sus iglesias fueron cerradas y los sacerdotes expulsados de la región en 1910.

«Líneas en la arena» se vende en la web del Fondo Editorial PUCP y en las principales librerías del país.

Hay un elemento sumamente rescatable en parte del libro y es la prensa. ¿Qué nivel de incidencia tenían los periódicos al inicio del siglo XX en Chile y Perú? ¿A qué atribuye ese afán de los nacionalistas chilenos y de quizás algunas de sus autoridades por borrar de golpe cualquier vestigio de medio de comunicación?

Los periódicos tenían un alto nivel de influencia al inicio del siglo XX en las provincias. Por eso la batalla por su existencia fue tan intensa. Una prensa controlada por el Estado, junto con la educación obligatoria controlada por el Estado, representan dos de los medios más poderosos utilizados por los líderes de los Estados-nación para imponer una identidad nacional uniforme a sus ciudadanos. Las autoridades chilenas amenazaron y hostigaron constantemente a los editores de periódicos peruanos, especialmente después de 1900. Finalmente, en julio de 1911, turbas chilenas destruyeron, saquearon y silenciaron los tres periódicos peruanos más importantes de las provincias: La Voz del Sur y El Tacora en Tacna, y El Morro de Arica.

El libro enumera roles clave durante el periodo de ocupación. Quizás ninguno tanto como el de las mujeres, que aún incluso sin tener derecho a votar, se entregan por su patria y van educando a los menores. ¿Diría que hoy la labor de las mujeres ha sido los suficientemente reconocida por aquellos que ahondan en el emocionante retorno de Tacna al Perú a inicios del Siglo XX?

Diría que el papel que las mujeres desempeñaron en el proceso de nacionalismo y formación de la identidad nacional en Tacna y Arica ha sido muy pasado por alto. Como escribió la académica y feminista Anne McClintock, «todos los nacionalismos son generados, todos son inventados, y todos son peligrosos.» Aunque las mujeres no tenían derecho a voto en el plebiscito, y tenían menos opciones públicas o profesionales que los hombres, varias mujeres de la región desempeñaron un papel, como escritoras o profesoras, en la influencia de la opinión pública. La interacción entre identidades colectivas basadas en la nación y el género es uno de los aspectos más fascinantes de la controversia sobre Tacna y Arica. Incluso algunas de las mujeres más progresistas lucharon por reconciliar su identidad como mujer y su identidad como ciudadano nacional adecuado en el proceso de nacionalismo altamente marcado por género y el patriarcado en su territorio.  

Uno se detiene a pensar y: ¿si Chile venció la Guerra del Pacífico, por qué acepta poner a votación la soberanía sobre un territorio que bien pudo tomar ‘por la fuerza’? ¿Podemos hablar de algún tipo de presión internacional sobre el Gobierno chileno en ese entonces? ¿Qué los lleva a ‘negociar’ algo que, quizás sus ‘halcones’ veían ya como propio?

Siempre hubo varias voces chilenas importantes para el compromiso, aunque los «halcones» en Chile, especialmente aquellos que se habían trasladado a Tacna y Arica, los ahogaron y exigieron simplemente tomar las provincias por la fuerza. Muchos líderes nacionalistas en Perú también se negaron a ceder. Perú y Chile rompieron relaciones diplomáticas formales en varias ocasiones durante la controversia.

Creo que siempre existió un grado variable de presión internacional para que Perú y Chile resolvieran el problema. Esto puede verse durante varios congresos panamericanos cuando surgió el tema del arbitraje. Esta presión aumentó tras la Primera Guerra Mundial con el fuerte énfasis del presidente Woodrow Wilson en la cooperación internacional y la autodeterminación del pueblo. Estados Unidos había reemplazado a Gran Bretaña como principal inversor en Sudamérica y tanto Perú como Chile comprendían las ventajas de establecer buenas relaciones con su vecino del norte. Pronto acordaron someter el asunto de Tacna y Arica a arbitraje por parte de Estados Unidos.  

Creo que la razón más importante para el compromiso final fue que, con el paso del tiempo, tanto los líderes peruanos como chilenos se dieron cuenta de cuánto tenían en común y de cuánto podían ganar, especialmente económicamente, normalizando las relaciones. Finalmente, negociaron un compromiso que dio lugar al Tratado de Lima en 1929.

Aunque el plebiscito finalmente no se desarrolló, en algún momento se trabajó en dicho sentido. Y los enviados para dicho tema fueron norteamericanos. ¿Cómo evaluaría hoy, casi un siglo después, el rol de estas personas en medio de un tema que técnicamente no les atañe, no les beneficia ni tampoco les perjudica…

Creo que los enviados norteamericanos tenían buenas intenciones. Fue una época en la que los responsables de la política exterior estadounidense querían parecer más cooperativos y menos intervencionistas en América Latina. En sus mentes, ayudar a mediar en la controversia entre Tacna y Arica brindó a Estados Unidos la oportunidad de demostrar liderazgo hacia un enfoque más cooperativo para resolver problemas en las Américas.   

No creo que los enviados norteamericanos entendieran al principio el alcance de los sentimientos nacionalistas extremos tanto de peruanos como chilenos en esta región fronteriza. El general estadounidense John J. Pershing, primer presidente de la Comisión Plebiscitaria encargada de supervisar el plebiscito, se dio cuenta rápidamente de que no existía un ambiente para un plebiscito libre y justo. Su sucesor, el general William Lassiter, finalmente puso fin al plebiscito, afirmando que existía un estado de terrorismo en las provincias. Culpó a las distintas ligas patrióticas chilenas de gran parte de la violencia contra los peruanos. Sergio Gonzáles Miranda ha estudiado en gran profundidad la naturaleza de estas organizaciones, así como muchos otros aspectos de la controversia Tacna-Arica.

 ¿Alguna institución ha realizado cálculos estimados sobre cuánta gente se movilizó hacia las regiones ocupadas y desde ahí hacia afuera mientras duró este trance? ¿Cuánto diría que afecta en la conformación de una identidad nacional el hecho de tener que abandonar tu lugar de nacimiento a la fuerza o incentivado por beneficios económicos?

A lo largo del periodo hubo numerosos informes gubernamentales, tanto peruanos como chilenos, que intentaban monitorizar el movimiento de personas en Tacna, Arica y Tarapacá. El Estado chileno realizó censos, algunos en secreto, para evaluar la probabilidad de una victoria chilena si se celebraba un plebiscito. Estos censos secretos son muy interesantes porque en ellos los censistas chilenos intentaban establecer los sentimientos nacionalistas de cada individuo interrogado. 

Hasta donde sé, ninguna institución había realizado un estudio sistemático y exhaustivo sobre el desplazamiento o la migración forzada de personas dentro o fuera de las tres provincias. Rosa Troncoso ha estudiado en profundidad la experiencia de tarapaqueños dislocados durante este periodo, y recientemente escuché una excelente ponencia de Giannina Miranda Wilson, una historiadora y archivera en el Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, que examinaba la migración irredentista de Tacna y Arica a Lima. Abandonar su tierra natal por la fuerza o por incentivos económicos son dos factores importantes en las decisiones situacionales de identidad de las personas.

Hemos hablado de actores sociales, pero no quería dejar de referirme a sus colegas, los académicos, o específicamente los historiadores. Al momento de la ocupación, el más renombrado de los nuestros (Jorge Basadre) era bastante joven y quizás ni imaginaba su promisorio destino, sin embargo, tomándolo a él como ejemplo, ¿cómo evaluar hoy la labor de los viejos historiadores que, en determinado momento, terminan tomando una posición nacionalista y no ‘objetiva’? ¿Debe un historiador tener como propósito final la objetividad? ¿O en una guerra, ocupación o ‘administración externa’ todo aquello queda en stand by?

Jorge Basadre aparece muchas veces en Líneas en la arena, tanto como voz histórica de autoridad como actor social cuya vida temprana estuvo íntimamente entrelazada con el drama de Tacna y Arica. Quizás no sea de extrañar que gran parte del trabajo contemporáneo sobre Tacna y Arica durante los años de la controversia fuera muy polémico, tanto en Perú como en Chile. En comparación con esta literatura temprana, la obra de Basadre es maravillosamente equilibrada.

Siempre he tratado ser lo más objetivo posible en mi trabajo, aunque creo que la objetividad completa, especialmente en la historiografía, es casi imposible. Admití en la introducción del libro que soy un forastero del norte, tanto en el sentido de ser un «gringo» como por el hecho de que me centro relativamente más en la población peruana de la región que en la chilena. Sin embargo, intento ser lo más empático posible al explicar cómo tanto peruanos como chilenos en las provincias y sus líderes nacionales dieron forma a la disputa y la experimentaron.

Jorge Basadre G., el más reconocido de los historiadores nacidos en Perú.

Finalmente, cada ensayo, documento de trabajo o libro les deja una enseñanza a los autores. Siendo usted norteamericano, pero habiendo estado muchos años en Perú. ¿Qué diría que le dejó de enseñanza la escritura de “Líneas en la arena”? ¿Cuánto uno puede conocer a una sociedad sumergiéndose en sus orígenes, pero, sobre todo, escarbando en un momento tan delicado como el estar sometido por un ‘enemigo’ que antes de eso te venció, mató a los tuyos y hasta los humilló?

En respuesta a su pregunta, recuerdo las palabras de mi amigo y asesor, el difunto Arnold Bauer, un reconocido historiador de Chile. Una vez preguntó retóricamente: «¿Qué puede decir un extranjero, peor aún, un gringo, sobre la historia del pueblo de otro país?» Añadió: «¿Cómo puede un extranjero entender los significados de la vida de estas personas?» También aconsejó que «cuando se trata de escribir la historia de otro pueblo, la modestia es la orden del día.» Desde el principio, he intentado ser un historiador muy humilde respecto de lo que ocurrió en la frontera peruano-chilena. Entiendo que la disputa sobre Tacna y Arica ha sido—y sigue siendo—para algunos en ambos países un tema cargado de emociones, a veces dolorosa. Entiendo y valoro plenamente los retos y limitaciones de ser un historiador extranjero y de adentrarme en un momento tan delicado de la historia peruana y chilena.

Además de aprender mucho sobre las historias de Perú, Chile y la sociedad local en la frontera peruano-chilena, escribir este libro también me ha enseñado mucho sobre el nacionalismo. Es un proceso que es a la vez multidimensional y bidireccional. Aunque los líderes nacionales pueden intentar imponer una identidad nacional homogeneizadora a sus ciudadanos, aquellos ciudadanos de diversos sectores locales también poseen agencia. Aportan sus propias identidades sociales e intereses preexistentes que influyen en el proceso de formación de la identidad nacional. Quizás esto se vea más claramente en mi capítulo sobre las comunidades aimaras en la región de Tarata. Por último, esta traducción al español de Líneas en la arena aparece en un momento en que el nacionalismo chovinista y las ideologías nativistas han resurgido en muchos rincones del mundo, y tristemente para mí en mi propio país. Espero que la historia de Tacna y Arica, tal y como se cuenta en mi libro, pueda dejar a sus lectores con algunas lecciones sobre esta fuerza llamada nacionalismo.

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