¿Es poco lo que sabemos de un partido histórico como el APRA? Teniendo en cuenta esta interrogante, los historiadores Paulo Drinot (Lima, 1973) y Martín Bergel (Buenos Aires, 1973) han editado “La revolución que no fue. Nuevas miradas a la historia del APRA” (IEP, 2025). Se trata de un conjunto de nueve ensayos que proponen un acercamiento singular a las primeras tres décadas de existencia de la agrupación fundada a mediados de la década de 1920.
Bergel es un historiador y docente universitario argentino que ha dedicado varios años al estudio de aspectos claves de la historia peruana. Drinot es profesor de Historia Latinoamericana en University College London. En los últimos años, ambos han identificado una serie de trabajos de colegas, peruanos y extranjeros, cuyos ejes centrales giran alrededor de aspectos como la dimensión transnacional del APRA, los actores que conformaron su identidad inicial, y su avance en dentro de ámbitos subnacionales.
Drinot remarca que el trabajo que publica junto a su colega Bergel (autor del notable «La desmesura revolucionaria» y de antologías y estudios acerca de José Carlos Mariátegui), no es el primero de esta ‘nueva historiografía’, no obstante, defiende la idea de que, sin ignorar su peso histórico, el partido de la estrella no ha sido abordado lo suficiente como sí ha ocurrido con agrupaciones del extranjero, como el Partido Justicialista argentino o el PRI mexicano.
Ahora, ¿cómo explicar esto? El también autor de libros como «La seducción de la clase obrera«, “Historia de la prostitución en el Perú”, entre otros, identifica una serie de factores, que van desde el poco apoyo a la investigación en nuestro país, la predilección de los historiadores por otros siglos en desmedro del XX, y la inexistencia de un archivo propio del APRA.
Sorteando estas dificultades y en distintos contextos, autores como Carlos Aguirre, Leandro Sessa, Genevieve Dorais, David S. Parker, Iñigo García Bryce, Jaymie Patricia Heilman y Lewis Taylor, nos presentan acercamientos tan diversos como sugerentes, y con los cuales nos resultará algo más fácil ponderar a esta organización –algo venida a menos en el último tiempo– en su justo valor.
A continuación, la entrevista a Martín Bergel y Paulo Drinot acerca de su libro “La revolución que no fue. Nuevas miradas a la historia del APRA”.
Cómo fueron armando este libro, teniendo en cuenta que son ensayos de temas diversos, pero siempre vinculados a un tramo muy específico en la historia del APRA.
(Paulo Drinot/PD) Tanto Martín como yo venimos trabajando temas afines desde hace varios años y constatamos que estaba apareciendo una nueva historiografía sobre el APRA. Además, teníamos relaciones de amistad con colegas que estaban escribiendo estos textos y, entonces, en diferentes eventos académicos tuvimos la oportunidad de presentar nuestros avances, escuchar los de otros colegas y ahí surgió la idea de concretar este volumen. Se trata de una publicación que busca dar cuenta del nuevo momento historiográfico, juntando algunos textos que, por un lado, sirvan como un estado de la cuestión, pero que también impulsen a más estudios. Esperamos que el libro se lea y que estimule a más trabajos de este tipo.

Corrígeme, Martín, salvo Paulo y Carlos Aguirre, solo hay dos peruanos escribiendo sobre el APRA en este libro. ¿Qué hace que el partido de Alfonso Ugarte siga capturando la atención de los intelectuales quizás más fuera que dentro del Perú?
(Martín Bergel/MB) Hay distintos modos de responder esa pregunta. El APRA generó mucho interés en el extranjero desde muy temprano. Era un proyecto deliberadamente con una proyección internacional, que incluso si atendemos a de dónde surgen sus primeros hitos, el texto “Qué es el APRA” Haya de La Torre lo publica en Inglaterra, la primera célula aprista surge en París, luego, surgen otras en distintos lugares de América Latina, y junto con eso, entonces, bueno, el APRA fue un fenómeno que realmente concitó atención. Entonces, una parte de la respuesta es que hubo y sigue habiendo interés –no del mismo orden en ese momento que ahora– en el extranjero y, entonces, eso en parte tiene que ver con que proliferen autores que desde fuera del Perú se interesan por el APRA. Y, en segundo lugar, están las dificultades internas que ha habido en el Perú para asumir una historia ‘desapasionada’ del APRA, en el sentido que pueda tomar distancia tanto de los amores como de los desamores que el APRA ha producido. Ese es un ángulo de la respuesta. El otro tiene que ver con la dificultad de las fuentes, y que no siempre desde el Perú se pudo acceder tan fácilmente a ellas, y después hay una serie de obstáculos que sí tienen que ver con, tal vez, ciertas narrativas demasiado consolidadas, y que eso se ha dado sobre todo en el Perú, acerca de lo que el APRA ha sido y de lo que es, como relatos bastante conducidos por canales ya previstos. Donde miradas que se corran un poco de esos relatos han sido más difíciles de desarrollar desde el propio Perú.
PD: Además de Carlos y de mi persona, está Iñigo García Bryce entre los autores de estos ensayos. Él es peruano y vive en Estados Unidos. Asimismo, está añadiría –un poco en broma– a Lewis Taylor, que es inglés, pero ciertamente ‘más peruano que la papa’…
En la introducción reflexionan sobre el poco apoyo a la investigación en historia y ciencias sociales que hay en Perú. Quería pasar más que todo a tu caso, Paulo, porque en tu bibliografía no hay libros sobre el APRA, pero sí sobre clase obrera. Y tu ensayo aquí tiene que ver con ello. Cómo vincular tu obra en general con este ensayo sobre el Partido Aprista Peruano.
(PD) Mi primer trabajo importante, que fue mi tesis doctoral, fue sobre los años 20 y 30. Me enfoqué en la cuestión obrera y eso resultó en mi primer libro, que se tradujo como “La seducción de la clase obrera” y apareció primero en inglés. Ahí el APRA figura como un actor clave, aunque quizás más en la tesis doctoral que en el libro, porque a este lo giré más hacia una preocupación por las políticas del Estado, antes que el conflicto entre el APRA y el Partido Comunista, que está más presente en la tesis doctoral. Entonces, bueno, mi interés por el APRA se inicia ahí. Además, el momento en el que yo comienzo mi formación de historiador, los debates que estaban muy presentes seguían siendo los de Flores Galindo, esa literatura de la nueva historia peruana y con autores como Nelson Manrique, etc. Así que era casi inevitable abocarme en esta temática, tanto por mi interés en la historiografía obrera, como por los debates en la historiografía peruana de fines de los 80 y 90. Y, efectivamente, mi ensayo en este libro surge como un intento por pensar ese momento inicial de formación del movimiento obrero en los años 30, y cómo entra en disputa su liderazgo, entre el Partido Comunista y el APRA, y lo que planteo ahí es que hay una explicación que tiene que ver con la experiencia misma del movimiento obrero de ese momento, digamos, bisagra que hay en los años 30, cuando el Partido Comunista, por un lado, intenta controlar el movimiento obrero y dirigirlo en un sentido particular y, bueno, el APRA intenta lo mismo, pero se dan cuenta que eso no va a funcionar y tienen la oportunidad de probar otra estrategia que les funciona mejor. Ahí planteo este concepto de ‘anticomunismo criollo’ para explicar ese discurso que se utiliza y que le resulta provechoso al APRA, en el que cumple un papel muy interesante Arturo Sabroso y otros líderes obreros apristas
Martín, no es la primera vez que investigas y que publicas un ensayo sobre las cartas y específicamente sobre las cartas del APRA. Ya conversamos hace unos años sobre “La desmesura revolucionaria”, libro que publicaste con La Siniestra y, precisamente, el tercer texto del primer capítulo de dicho texto se titula “Un partido hecho de cartas”. ¿Qué tan sui generis fue esta característica? ¿Hay otros ejemplos en Latinoamérica, en Europa, no sé, en Estados Unidos sobre partidos que se hayan generado casi en medio de un fluido cruce de misivas?
(MB) Efectivamente, la historia de la comunicación epistolar es muy rica desde el ángulo de los propios actores para quienes las cartas fueron una vía muy importante, sobre todo para procesos como los que experimenta el APRA de exilios, de viajes, etc. Y debo añadir, muy rico también para el historiador. Las cartas son una de las fuentes más interesantes, primero, porque están concebidas en principio –y ahí hay que hacer una salvedad, porque no siempre ocurre eso– para ser leídas por el interlocutor de quien la escribe, y por nadie más, entonces, la cuestión de lo privado y lo público tiene un lugar muy interesante. Dicho esto, en la historia de los movimientos políticos, sobre todo los de vocación internacionalista, como lo fue de algún modo el APRA en su inicio, o con impronta transnacional, pero también en los movimientos políticos en general, que han buscado construir enlaces en otros territorios, las cartas tuvieron un lugar muy importante. Dicho esto, y ahí no solamente yo, sino que hay fuentes de la época que lo corroboran, que la red aprista hizo un uso especialmente marcado. En mi ensayo digo que hay una figura de la época que habla de la manía epistolar de los apristas. Después, Felipe Cosío del Pomar decía que Haya de La Torre «gastaba su presupuesto en el correo», etc. Hay distintas referencias. Y no solo por una cuestión de cantidad, sino porque, efectivamente, hay que pensar que muchas de estas figuras habían coexistido poco. Eso es algo que no suele recordarse para el caso de Mariátegui y Haya, que coexisten muy poco en la misma ciudad. Entonces, lo singular me parece es que, para el APRA, las cartas tuvieron un lugar muy importante, ya no solo como vía de comunicación, sino como espacio mismo de creación de ese proyecto político, porque si bien habían compartido algunas experiencias comunes en la Universidad Popular, etc., alguna de las ideas o proyectos que van realizando tienen a las cartas como espacio de materialización. Por eso yo digo que estamos ante ‘un caso singular de construcción de un partido en las cartas’, no meramente a través.
Cuando hablas de anticomunismo criollo, lo explicas bien en tu ensayo, resaltas que este, en primer lugar, no toma cosas de afuera. ¿Qué otras características podrías mencionar? Porque el anticomunismo no se creó en ese momento de la historia universal. Y tampoco terminó ahí…
(PD) Vamos por partes. Primero, ha habido una tendencia en la historiografía sobre América Latina en pensar el anticomunismo como un proceso que se inicia con Estados Unidos. Como algo que surge desde una estrategia de EE.UU. por contener a los movimientos políticos radicales en América Latina, sobre todo pensado en el contexto de la nueva historiografía respecto de la Guerra Fría. Ahora, además de ese anticomunismo que, efectivamente, se relaciona con la Guerra Fría y es parte de una estrategia más amplia, hemisférica, que corresponde a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, también podemos identificar en América Latina otros anticomunismos que no son tales, sino más bien locales, que tienen que ver con otro tipo de tradiciones políticas y que corresponden a competencias políticas más ‘nacionales’, donde, no sé, hay una fuerte presencia de un catolicismo hispanista, o sea, donde el impulso no viene desde Washington. Y lo de criollo es como un juego vinculado a esta frase del APRA de referirse a los comunistas como ‘comunistas criollos’, que era una manera de descalificar a los comunistas peruanos, resaltando el hecho de que no eran ‘comunistas de verdad’, sino más bien ‘light’, y que también estaban desconectados del pueblo. Y esto también está muy presente en toda la retórica anticomunista del APRA, es decir, que los comunistas –en el fondo– no entendían el país.

Martín, a propósito de las cartas a las que tuviste acceso, en varias partes del libro se menciona, por ejemplo, cómo algunas de estas provienen de lugares como una dependencia policial. En un contexto de represión, sin libertades civiles, como los de entonces, ¿qué trayectoria y dificultades enfrentaba una misiva para llegar desde, no sé, Europa, hasta el Callao o el centro de Lima?
(MB) La historia epistolar aprista reconoce distintos momentos y varios son muy interesantes de ser recuperados. Por ejemplo, uno que claramente queda fuera de mi artículo e incluso de la periodización del libro es durante el gobierno de Odría. Ahí hay, de nuevo, una ola de destierros, etc., e incluso en ese momento, y esta es otra singularidad, los exiliados apristas diseñan un Congreso Postal de Desterrados (CPD). Y así, por carta se ponen a debatir cuál es la estrategia a seguir en ese momento crítico, con Haya de la Torre en la embajada colombiana, etc. Digo esto para remarcar que hay distintos momentos, y lo que sí trabajé más es el momento de los años 30, donde hay, como dices bien, una represión y el APRA debe desenvolverse en la clandestinidad. Mira, todo el rastreo de las cartas ha sido en la medida en que no hay un archivo, un repositorio común que las haya reunido, como muchas veces sí hay en otros países, por ejemplo, en Estados Unidos, donde sí hay repositorios de algunas figuras que reúnen. Incluso, algunas figuras apristas como Magda Portal tienen sus archivos. Ella lo tiene en Austin, Texas. Y, efectivamente, en los años 30 algunas cartas terminaban en manos de la Policía, y no solo en mi caso, otros capítulos del libro también se sirven de esos archivos para para recuperar algunas de esas cartas.
Lo interesante es que, precisamente por esa persecución de la correspondencia, hay otra serie de singularidades muy interesantes y que ni siquiera llego a desarrollar mucho en el texto, pero en algún lugar, en algunas cartas, se ha visto que había directamente un código absolutamente ininteligible hoy, con el cual circulaban algunas misivas, como si fuera un código Morse que debían decodificar. Otro ángulo interesante en ese momento de persecución de las cartas son las formas de circulación. En algunos casos, por ejemplo, los desterrados mandaban cartas en doble sobre o utilizaban — como a veces eran amigos de algunos diplomáticos– cartas diplomáticas, lo que generó algún cortocircuito con alguna embajada, etc. De modo tal que eran muchos los circuitos para tratar de burlar la persecución de ese fluido de cartas que mantuvo a los apristas conectados con el Perú incluso estando desde el exilio. En ese sentido, una publicación que merece mayor inspección es la correspondencia publicada por Sánchez con Haya de la Torre, que debe estar entre las correspondencias políticas más interesantes del siglo XX latinoamericano. Es realmente muy interesante. Muchas veces dicen cosas que no se terminan de entender, con pseudónimos, con palabras que se cortan, pero es una correspondencia muy interesante, que me parece que no ha merecido la suficiente atención.
Paulo, ¿qué quieres decirnos cuando en tu libro mencionas la denominación “sindicalismo apolítico? Dices en tu ensayo que el APRA tal vez supo identificar la forma en cómo el Partido Comunista trataba los sindicatos, los presionaba, lo cual termina generando cierto rechazo...
(PD) Bueno, sindicalismo apolítico se refiere a dos cosas que se retroalimentan, si quieres. Por un lado, a cierta tradición anarcosindicalista que existía dentro del movimiento obrero, que generaba desconfianza dentro del sindicalismo frente al Estado y frente a los partidos políticos, y que había surgido como una reacción a la tendencia de ciertas sociedades mutualistas de un fuerte vínculo con el Partido Civil. Entonces, por un lado, está esa política en el sentido de no querer vincularse con los partidos políticos, porque lo ven como algo que en el fondo lleva a perjudicar los intereses del proletariado. Pero también en los años 30, efectivamente, algunos sindicatos ven con malos ojos la tendencia de los comunistas de querer transformar los conflictos laborales en procesos políticos de insurgencia, entonces, parte de la crítica que surge dentro del movimiento obrero –y lo ves en el año 30,31– tiene que ver con el hecho que la CGTP, como la representante del Partido Comunista en el ámbito obrero, está más interesada en crear una condición de crisis revolucionaria que en los intereses específicos de los textiles, los ferroviarios o los gráficos, etc. Así que, lo que uno puede rastrear en una serie de fuentes, tanto internas a los sindicatos, como correspondencia también incautada por la Policía, en cierto modo es ‘gracias a la represión’ que como historiadores podemos reconstruir muchos de estos procesos. Y en estas misivas lo que uno ve es un desencanto con el Partido Comunista. Si bien hubo un primer acercamiento con la CGTP y el Partido Comunista y hubo cierta identificación con Mariátegui en años anteriores, cuando comienza la represión, pues muchos obreros se preguntan si esa es la mejor manera de mejorar sus condiciones de trabajo, de vida, etc. De ahí es que aparece esta figura del sindicalismo apolítico, que es lo que Sabroso sabe aprovechar y vender como la línea del APRA. Es decir, el APRA plantea una relación con el movimiento obrero menos vertical y de cierta autonomía. Aunque estamos hablando más de discursos que de realidades, pero uno lo ve muy claramente en la segunda parte del artículo, cuando hay este intento por parte del APRA de reconstruir una central, que retome el proyecto de la CGTP, pero ya bajo liderazgo del APRA. El discurso que domina en ese momento es de cierta autonomía del movimiento obrero en relación incluso al APRA. Sin embargo, Haya de la Torre veía eso como algo táctico, no como algo en lo que realmente creía.
Martín, en una parte de la página 71 dices, «Puede con concluirse a partir de estas referencias que, así como el estilo epistolar de allá de la Torre fue un factor crucial en la constitución del APRA como comunidad política en la diáspora también tuvo mucho que ver con la ola de tempranas deserciones que se produjeron en sus filas”. ¿Sería imposible imaginar a un partido formado con cartas si su líder no hubiera tenido la personalidad de Haya de la Torre?
(MB) Bueno, eso tiene que ver con una dimensión que incluso le señalan varios, que es su carácter ácido y muy duro en las cartas. De nuevo, en la correspondencia con Sánchez eso aparece, en un tono prescriptivo, tipo ‘tú tienes que hacer esto’. Y, entonces, otros dicen, en la oralidad Haya es mucho más afable, pero en las cartas se hace más duro, por eso la frase que leíste al comienzo: ‘las cartas fueron tanto un factor crítico, pero también explica parte de las deserciones’. Muchas de las peleas se dan porque además las cartas eran un vehículo muy importante, pero también tienen sus limitaciones estructurales, sus silencios malentendidos, etc. Y acá de nuevo uno puede pensar en la polémica Haya – Mariátegui, que ha sido, en ese sentido, no siempre bien enfocada, porque precisamente no se ha considerado que se daba a la distancia y con cartas que se escribían, pero también otras que se dejaban de contestar. Por otro lado, lo que añadiría aquí es algo que a mí y a otros investigadores nos interesó destacar sobre todo en el último tiempo: Haya fue muy importante, pero no fue no fue el único. Sin el grupo en conjunto, sin esos por lo menos 20 desterrados muy dinámicos, algunos realmente que sobresalen en sus lugares de origen, como Manuel Seoane, Carlos Manuel Cox, la propia Magda Portal, Eudocio Rabines en su momento breve, pero importante en el APRA, etc. Ellos también eran muy afines a las cartas. Así que es cierto que Haya ocupó un lugar como en el vértice, pero la red era muy dinámica y muy móvil.

Paulo, hablas de los sindicatos en gran parte de tu ensayo, y tú has escrito ya libros sobre los obreros, acerca de su historia, pero, salvo la marcha de Los Cuatro Suyos en el 2000, con la CGTP detrás, no recuerdo otro momento posterior ‘fuerte’ de estos grupos. En tu artículo hablas de representaciones casi por cada tipo de oficio existente. ¿Qué hizo que los sindicatos pierdan ‘fuerza’ y peso en un país como este?
(PD) Efectivamente, es un proceso bastante complejo, que tiene que ver con los cambios estructurales en la economía peruana que se dan a partir de la década del 90, en particular durante los gobiernos de Fujimori. Mira, después de los años 30, (los sindicatos) van reconstruyendo poco a poco su fuerza, en parte gracias al apoyo estratégico del APRA. En realidad, son muchas las etapas de la historia del sindicalismo peruano que uno podría reconstruir. Hubo un sindicalismo clasista que aparece en los años 70, muy vinculado a la Nueva Izquierda y demás. Pero, sí, en la medida en que muchos de estos sectores industriales o semiindustriales han perdido presencia en la economía peruana, pues sus sindicatos también. Más bien, hasta hace poco los sindicatos más importantes no eran los clásicamente proletarios, sino más bien los de maestros, pero sí, el sindicalismo tradicional en el Perú ha perdido mucha presencia y no ha llegado a ser reemplazado completamente por los movimientos sociales que también, si bien tuvieron un momento de cierta presencia política y social, también han ido perdiéndola en los últimos años. Pienso que ahora hay una sensación de vacío de fuerzas populares organizadas en el Perú que creo que es parte de la crisis que estamos viviendo.
Martín, a propósito del ensayo de tu compatriota Leandro Sessa “Solo el aprismo salvará Argentina”. ¿Hay vestigios todavía del Apra en tu país? No sé, algún local abandonado, o tal vez viejos dirigentes que dicten charlas…
(MB) Leandro hizo su tesis de doctorado sobre el Apra en Argentina y tiene muchos ensayos del periodo que llega hasta el peronismo. Efectivamente, la presencia de los apristas y peruanos en general, estudiantes, etc., en algunos lugares como la Universidad de La Plata y otros, tuvo un cierto lugar incluso posterior. Una figura como Ricardo Napurí, aunque ajena al Apra, y todavía vive, tiene 100 años, fue una figura de la de la izquierda, pero proveniente del Perú y que testimoniaba también un poco la presencia que muchos peruanos tuvieron en ciertas esferas de la política argentina. Ahora bien, hoy en día es difícil. Sé que hay algunos núcleos que a veces se reunían últimamente, sin embargo, en la medida en que el APRA ha entrado en un profundo declive en las últimas décadas, esa misma eventual herencia también ha tendido a disminuir. En lo personal, conozco hijos o nietos de peruanos en Argentina y si tienen alguna referencia al APRA es muy tenue, digamos. No hay un proceso de identificación. Así que la huella es débil. En todo caso, sí persiste, pero más en un plano de quienes nos interesamos en la historia latinoamericana, un interés, un reconocimiento, y no solo en mi caso que me dedico a estudiar esto, sino en un plano más general al lugar que tuvo el APRA, así como al que tuvo Mariátegui en la política y la cultura latinoamericana.
Ese ensayo de Leandro inicia con un relato de un testimonio guardado en el archivo de una dependencia policial. Era el registro de una denuncia en una ‘comisaría’. Algo curioso, por lo menos…
(MB) Es interesante porque en la década del 30 había también una cierta circulación de información policial, incluso a nivel diplomático. Hablamos de un periodo de autoritarismo político en la Argentina, entonces, algunas figuras que se identificaban con un aprismo argentino tenían que vérselas con la persecución, la censura, etc., dentro de un concierto donde el Partido Comunista y otros movimientos de izquierda lo eran en Argentina.
Paulo, a propósito del artículo de David Parker, “APRA mesocrática, los empleados particulares y el Partido Aprista Peruano de entreguerras”. ¿Cómo dirías que fue cambiando a lo largo del tiempo la forma en cómo el APRA este se dirigía hacia los sindicatos, los trabajadores?
(PD) Lo interesante inicialmente es esta capacidad para captar el movimiento obrero, pero de una manera que da la posibilidad de mantener cierta autonomía frente al partido en los primeros años. Lo que pasa es que casi inmediatamente este pasa una fase de clandestinidad, donde el trabajo de relacionamiento con el movimiento obrero ocurre en un contexto de muy alta represión, donde ya no hay actividades políticas ni sindicales abiertas. Y eso, con algunas interrupciones, pero uno podría plantear que ese contexto, aparte de los momentos de apertura política, sigue hasta los años 80. Hay cierta continuidad en el autoritarismo peruano que va cambiando de color político. Un factor importante es que, con pocas excepciones, no hay una continuidad en una relación entre el sindicalismo y la política de izquierda o de masas en el Perú en un contexto abiertamente democrático. Mucha de esa relación ocurre en contextos autoritarios, en una situación de clandestinidad, de exilio o de lo que sea. Entonces, claro, a partir de los años 80 ya es otra historia. Y podríamos hablar de la relación entre Alan García y el sindicalismo, pero esa ya es una historia que ya se aleja bastante de lo que estamos viendo en el libro.
Martín, destacan ustedes al comienzo del libro esta apertura de la historiografía hacia la historia del APRA. ¿Podrías identificar uno o dos temas pendientes de investigar sobre el APRA, que no hayan sido abordados o cubiertos lo suficiente?
(MB) Hay muchos temas. Lo que decimos ahí es que en las últimas décadas se estaría configurando una ‘apristología’ entendida como un debate más o menos sostenido en el tiempo ligado a cuestiones o ejes comunes. No sé, los que hablamos antes, el giro transnacional, el APRA en espacios regionales, etc., vienen siendo retomados, discutidos, por distintos investigadores. En ese sentido, el Congreso que organizó el IEP en 2024 y que además tiene que ver con la primera pregunta que me hacías, porque fue un congreso en el que hubo muchos investigadores peruanos con trabajos interesantes sobre el APRA, de modo que, una forma de responder tu pregunta es ver el programa de ese congreso donde había un conjunto amplio de temas, pero diría que, por un lado, hay amplios periodos de la historia de la APRA que han sido poco estudiados. Sobre todo, la segunda mitad del siglo XX, seguramente porque resulta en parte menos interesante, digo, este (el que abordamos en nuestro libro) es el APRA heroico en un sentido, que (funciona) desde la clandestinidad, con banderas a veces revolucionarias, etc. Bueno, yo usaba el adjetivo desmesurado en mi libro, porque podían estar en París, en Londres, en Rusia, en el caso de Haya de la Torre, planeando un proyecto a escala latinoamericana, etc. Entonces, tal vez cuando la política se vuelve más gris, todos los años de negociaciones y del giro hacia la derecha del APRA, resulta menos atractivo, pero me parece que hay muchos momentos. Yo mencionaba el período de Odría, pero son varios más.
Entonces, una primera respuesta es a nivel periodización. Luego podría añadir, por ejemplo, el Haya de la Torre de los años 50 y 60 que se la pasa en buena medida en Europa, es alguien bastante difícil de discernir, y menos estudiado, etc. Me parece que, por ejemplo, ese momento de los años 50 y 60 contra el fondo de una sociedad que se está lentamente modernizando, que se está complejizando en términos sociales, culturales, sería interesante medir cómo el APRA se va a su vez midiendo con esos cambios sociales y culturales. Por último, a mí me parece que un núcleo interesante a investigar es la historia de las familias apristas. La familia como espacio de transmisión de memorias, de una identidad, a su vez, muchas veces familias que migran, etc. Esa es una entrada, pero insisto, habría muchas, y, para, para decir solo otra, el vínculo entre los apristas y el deporte o la salud, pues los primeros apristas, empezando por Haya de la Torre, hacían como un culto a la salud, al deporte. Sánchez incluso fue boxeador en un momento, en fin.
Quisiera rescatar otros dos detalles en los que ahonda el libro. El primero, vinculado al liderazgo, y al financiamiento de Haya de la Torre en el exterior. En un ensayo él pide “que le envíen plata” porque necesita viajar. Finalmente, en el ensayo de Carlos Aguirre se habla de los apristas en prisión, y uno entiende que no se trata tanto de idealizar a un sujeto privado de su libertad, porque estamos también ante un ser humano que en el fondo no quiere estar así. No estamos, pues, ante un acto de “valentía” nada más. ¿Decirlo humaniza a los protagonistas?
(PD) Efectivamente, tanto esos (ensayos) y, de hecho, también otros sirven de alguna forma para humanizar. Me parece una palabra adecuada, porque como planteamos en la introducción hay la tendencia en una historiografía que quizás estamos intentando superar de endiosar, digamos, algunas figuras del APRA o, por lo contrario, de minimizarlas, de hacer una hipercrítica. Y quizás parte del ejercicio del libro es normalizarlo. Y a mí el APRA me parece un partido sumamente interesante y en cierto modo excepcional, por todo lo que hemos venido diciendo, sin embargo, el abordaje del historiador debería ser como con cualquier otro sujeto de estudio histórico. Entonces, tratar de entender a Haya de la Torre no como un Dios, sino como una persona más, que tiene sus traumas como cualquier otra, y creo que las cartas precisamente permiten ese abordaje, distinto al que quizás uno consigue si solo se enfoca en sus escritos, que tal vez no te permiten identificar esa faceta de la personalidad de Haya. Y, por lo mismo, el análisis que hace Carlos Aguirre, en el contexto de la experiencia carcelaria de los apristas, te presenta aspectos de sus experiencias y de sus identidades que uno no encontraría en otros relatos más enfocados en demostrar la importancia del partido en la historia política del país. Entonces, creo que ese giro para examinar ciertos espacios, cierto tipo de fuentes, nos presenta una visión mucho más rica de lo que fue la experiencia del APRA, tanto de sus líderes como de otros sujetos menos conocidos, que incluso han sido olvidados por la historia, pero que complementan, digamos, la visión que se puede tener del partido y de sus actores.



