La editorial independiente Personaje Secundario acaba de publicar «Que agiten mi corazón escarapelado«, la más reciente obra de la reconocida poeta peruana Violeta Barrientos Silva.
Académica y activista feminista, Violeta Barrientos es autora de una serie de poemarios como «Elíxir» (Noevas, 1991), «El innombrable cuerpo del deseo» (ed. de autora, 1992), «Tras la puerta falsa» (ed. de autora, 1994), «El jardín de las delicias» (Indigo,1999), «Tragic/Comic» (Le Bleu du Ciel, 2003), «El libro de la serpiente» (Peregrín nº 10, 2004), «Cosas sin nombre» (En la frontera, 2008) y «Las imposibles orquídeas. Antología personal 1991–2017» (2019).
En «Que agiten mi corazón escarapelado«, la autora se vale de una escarapela como símbolo patrio para cubrir a un país fracturado y asolado por el desencanto de sus 200 años y las crisis sociales que sufre.
«A través de sus versos, la autora expone las heridas de la historia, la herencia colonial, la violencia y la herencia de la dominación, transformando este dolor colectivo en una profunda búsqueda y una apertura hacia un porvenir distinto que deja en duda«, refiere Personaje Secundario al respecto.

Asimismo, la poeta Roxana Crisólogo ha dicho lo siguiente sobre el texto de Barrientos Silva:
“’Que agite mi corazón escarapelado’ convoca la imagen del símbolo patrio como un disfraz que cubre al país y, al mismo tiempo, la de un tejido vivo que se resquebraja. El emblema nacional deja de ser adorno intacto para mostrarse como superficie dañada, expuesta al aire y a la historia. La poesía del libro trabaja con esa textura áspera, hecha tanto de memorias antiguas como de residuos contemporáneos, articulando lenguajes que generan tensión y disonancia. El libro registra las huellas de un país atravesado por la inestabilidad política, la pandemia, el desencanto del Bicentenario, que más que certezas dejó preguntas, y las revueltas del 2020-2021 en el Perú, episodios que han marcado la vida colectiva. Esa marca se convierte en materia del poema: una fisura donde late lo que duele, lo que permanece y lo que todavía reclama nombre. Que agite mi corazón escarapelado no oculta esa herida; la vuelve pregunta y búsqueda, como si el país —vulnerable y persistente— intentara encontrar una nueva forma de latir.”



