El libro señala que, contrariamente a lo que las narraciones de los conquistadores intentaban transmitir, lo que los españoles lograron fue una “dominación sin dominio”. Esta conclusión socaba ideas comunes de superioridad española (y occidental). Muestra que presentar el orden como un subproducto de la acción militar se asienta en una falacia ubicua: la traducción de la superioridad militar en superioridad cultural.