Cécile Blouin: «La integración de los migrantes venezolanos es un reto no solo para el Perú, sino a nivel global»

En casi una carrera contra el tiempo se convierte cualquier esfuerzo por estudiar de cerca los procesos migratorios masivos. Un claro ejemplo de esto último puede ser el éxodo de cientos de miles de venezolanos a países de Latinoamérica como Colombia, Perú y Ecuador a lo largo de los últimos años. ¿Cómo profundizar en un fenómeno que se actualiza velozmente ante la imposibilidad de encontrar una salida a la crisis política, económica y social en Venezuela?

Esto, sin embargo, no resta importancia a los interesantes trabajos que ya se vienen realizando desde la academia peruana. Un inmejorable ejemplo es “Después de la llegada: realidades de la migración venezolana”, libro publicado por el la Editorial Jurídica Themis y el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (IDEHPUCP).

El volumen, coordinado por Cécile Blouin, abogada e investigadora sénior del IDEHPUCP, incluye una serie de ensayos expuestos en el Seminario Interdisciplinario: Migración de Personas Venezolanas en América Latina, realizado en noviembre del año pasado en Lima.

Con Cécile conversamos en extenso sobre esta, una publicación que resulta fundamental no solo para académicos, investigadores o periodistas, sino también para el público en general que ve cómo un fenómeno sin precedentes (en Perú) transcurre entre la informalidad y los prejuicios de una sociedad como la integramos.

-¿Cómo fue posible este libro y qué objetivos tenían ustedes al planteárselo?

El libro es resultado de un proyecto algo más grande. Con la llegada de la migración venezolana a la región, desde el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la PUCP pensamos que era necesario profundizar en la reflexión de los contextos de acogida en una región como la andina, que nunca había conocido flujos de personas tan importantes. Entonces decidimos lanzar un Call For Papers (lanzamiento de propuestas) y generar aquí en la universidad un espacio para discutir la migración. Esto fue a principios del 2018 y recibimos más de 60 propuestas. Seleccionamos casi la mitad. Algunas de las personas pudieron participar presencialmente y otras por Skype durante casi dos jornadas de debates alrededor de las propuestas presentadas. Luego buscamos apoyo para, además del evento, poder publicar algo. Esto porque nos parecía sumamente necesario generar conocimiento sobre este fenómeno. Como verás, el texto incluye muchas investigaciones cualitativas, pero también otras más bien jurídicas, desde los aportes del derecho para la protección de las personas, e inclusive hasta artículos de salud.

-La primera dificultad al hablar del tema migratorio es que las cifras de actualizan constantemente, casi minuto a minuto…

Es cierto. Los artículos se presentaron entre diciembre de 2018 y enero de 2019. Y estamos en junio. En estos siete meses los flujos han cambiado, los países reciben una cantidad todavía importante de migrantes, sin embargo, dependiendo del contexto hay otros desafíos y otras políticas públicas. Entonces, si bien es cierto que en el tema migratorio todo se desactualiza muy rápido, también el libro tiene un aporte en sí porque brinda variantes de análisis que pueden ser comparadas con los flujos actuales. Y así ver qué queda pendiente por hacer.

-¿Qué de particular tiene la migración de venezolanos al Perú si la comparamos con la que se viene dando en muchos otros países de la región?

Primero, Perú es el segundo país de acogida después de Colombia. En segundo lugar, Perú es el país que recibe a más solicitantes de la condición de refugiado (de personas venezolanas) a nivel mundial. Es decir, si bien los venezolanos se mueven en toda la región, aquí piden más ser reconocidos como refugiados, que es una forma de protección. Eso es un reto adicional para el país porque implica fortalecer tu propio sistema de asilo. Ahora hay más de 160 mil solicitudes y antes quizás había solo 1500 o 2000 al año. Otro contexto –ya fuera de lo jurídico—y más de integración o acogida es que el Perú se caracteriza por tener una economía y un mercado laboral sumamente informal. No es el único país, pero sí el más informal de la región. Eso ha generado dinámicas distintas a las que se presentan en Chile o Argentina, donde la economía informal es mucho más limitada y los métodos de inmersión laboral son muy distintos. Finalmente, Perú nunca había recibido un flujo migratorio tan importante como hoy. Había recibido flujos de colombianos, cubanos, haitianos, pero en momentos determinados, mucho más cortos y con flujos bastante menores. Todos estos factores hacen que la situación del Perú sea bastante especial con relación a la de sus vecinos.

-¿Por qué hay esa tendencia casi natural a pedir refugio pese a que no necesariamente se cumplen con los requisitos para obtener dicha condición?

Dos observaciones. La definición de refugiado tiene dos componentes. La tradicional es de la Convención de 1951, que parte de la persecución por uno de los ‘motivos prohibidos’. Pero también en la región (y en el caso peruano) tenemos la definición ampliada de la declaración de Cartagena, que plantea que las personas refugiadas también son quienes huyen de contextos de violencia generalizada, de graves violaciones a los DD.HH., o de perturbación al orden público, lo cual podríamos pensar sí es el caso de las personas venezolanas que huyen de un contexto que sabemos –por informes de órganos internacionales u ONG—es muy particular. Entonces, esta definición ya está en la ley, por lo que sí podrían perfectamente ser reconocidos como tales, pero por ahora esto no se aplica.

-¿Entonces se rechazan una gran cantidad de solicitudes?

No es que no se rechacen, simplemente no se responden. La gran mayoría de solicitudes están en pausa porque el Estado peruano no ha optado por aplicar la definición de Cartagena, sino solo la tradicional, y para aplicar a ella debes demostrar un temor fundado de persecución por motivo político, de raza, de grupo social, y obviamente eso será más difícil pues la mayoría de personas huyen (de Venezuela) por temas como el desabastecimiento de medicamentos, de alimentos o una falta de servicios de salud.

-¿Qué tan particular fue el PTP con respecto a otras iniciativas vinculadas al tema en la región? ¿Cree usted que ha funcionado o no?

El PTP no es algo tan particular del Perú. Colombia tuvo el PEP (Permiso Especial de Permanencia). Son ambas medidas excepcionales que buscan regularizar la situación de una persona y autorizarla, básicamente, al trabajo. No son condiciones que otorgan residencia. En Perú el PTP ya terminó, lo cual también explica por qué hay tantas solicitudes de refugio. No hay señales de que el Estado peruano buscará un mecanismo similar pronto. Yo creo que el PTP sí tuvo una serie de dificultades. La primera: no se trata de un permiso de residencia, no te da calidad migratoria y por lo tanto no te da carné de extranjería, que es el equivalente del DNI para extranjeros, que es algo sumamente importante.

Por lo tanto, quienes tienen PTP portaban otro documento que, obviamente, nadie conocía. Eso generaba la duda de: ¿pueden o no trabajar? ¿Están limitados o no por la ley de contratación de trabajadores extranjeros? Y sí, sufren los mismos límites que cualquier otro trabajador extranjero. Por lo tanto, estamos ante un mecanismo que yo no estoy muy segura que haya funcionado bien, aunque sirvió porque te permitió tener a personas en situación regular, algo que resulta primordial. Creo que optar por la irregularidad dificulta dos cosas: la inserción de las personas, pero también desde el estado no sabes lo que está pasando, cuánta gente hay en tu territorio y en qué están trabajando, etc. Creo que es importante el discurso de la regularidad y esa me parece una responsabilidad del Estado.

La entrevista a Cécile Blouin.

-¿identificaron ustedes riesgo de colapso de los servicios públicos ante el alto flujo migratorio proveniente de Venezuela?

Ahí son varios los temas. Estamos hablando de migración sur-sur. En vez de mirar los ejemplos del norte, que es lo que todo el mundo hace, hay que ver otros casos, como en el continente africano o asiático. Y es que la mayoría de migración en el mundo se da entre países vecinos. Siria es un gran ejemplo. Una de cada cuatro personas que viven en Líbano es siria. Entiendo que es otro contexto, pero tiene que ver porque estamos hablando de países vecinos que ya tienen un colapso estructural de sus servicios. Entonces, hay que tener muy claras las proporciones y pensar lo que te decía antes: si tú promueves empleo regular y legal, estas personas aportan, por lo que el sistema puede volver a funcionar. El problema es que cuando generas irregularidad, y tienes a personas que deben atenderse ‘como sea’ en los centros de salud, hay entonces un problema real. Por otro lado está el tema de los perfiles en la región. Tienes a personas jóvenes, trabajadoras, sin mayores problemas de salud, que no van a la posta médica, al hospital, etc. Así que en esos casos el costo no va tanto por ahí. Y luego, obviamente, también tienes grupos de personas vulnerables que han llegado al Perú por no poder acceder a la salud en Venezuela. Eso es cierto. No son la mayoría, pero sí hay venezolanos con cáncer, VIH o enfermedades crónicas. Ahí sí hay un reto de repensar algunos recursos y el sistema. Y creo que por ahí los organismos internacionales vienen dando su apoyo al Ministerio de Salud en búsqueda de soluciones.

-¿Qué pasos nos falta en el Perú para hablar concretamente del término ‘integración’ y por qué es fundamental aspirar a ella?

La integración es un reto, no solo para el Perú sino a nivel global. La idea es promover que los migrantes puedan estar insertados e incluidos en la sociedad de acogida. Esto pasa por varios elementos. Creo que lo primordial con la migración venezolana ha sido lo laboral. Esa es su mayor preocupación y lamentablemente –por el contexto que te comenté está presente en el Perú—hay grandes obstáculos para tener trabajos formales, regularizados, con todos los derechos. Y luego, la inclusión también pasa por otros tipos de temas que no hemos tocado mucho como la exclusión, o sea, evitar tipos de discriminación y xenofobia. Cada vez hay un rechazo mayor de algunos segmentos sociales hacia los migrantes. Este es un fenómeno complejo porque siempre en temas de migración vemos estos casos, pero lo que pasa en el Perú es que las personas no disponen de tanta información. Hay a veces una idea de rechazo ‘porque ellos (los venezolanos) tienen más derechos que nosotros’. O ‘ellos se benefician del SIS y nosotros no’. Y todo eso no es verdad. Existen una serie de discursos alrededor de la migración que dificultan el tema de la inclusión. Y para lograr esto último no solo debes trabajar con población migrante sino también con las comunidades de acogida.

-¿Se puede deducir que las razones de la xenofobia y el racismo son las mismas en Perú, Colombia y Ecuador?

No. Hay que tener cuidado con eso e investigar mucho más. Nosotros hemos hecho algunas encuestas, hemos trabajado el tema, y creo que para entender cómo se dan los procesos de exclusión y xenofobia pues debes entender el país. El Perú tiene también una historia muy compleja de discriminación. Y te hablo de lo estructural. Hay una serie de elementos a tener en cuenta que tal vez puedas compartir con Ecuador y Colombia pero siempre teniendo en cuenta que sí existen particularidades.

-¿Complica las cosas que el régimen venezolano no admita que la masiva emigración de sus ciudadanos es producto de una crisis? Lo digo en el sentido de que no hay registros claros de cuánta gente abandona el territorio o de en qué condiciones lo hacen…

Sí, las complica. Además complica la propia relación que los venezolanos puedan tener con sus consulados en el exterior para, por ejemplo, reconocer los nacimientos de sus hijos. Sin embargo, yo no estudio lo que está pasando allá (en Venezuela) y cuál es la política de un Estado frente a un fenómeno de migración. Es un tema muy complejo. Definitivamente no hay un reconocimiento del fenómeno migratorio, tampoco hay data generada actualizada desde allá, lo cual es un problema.

-Salvo el ejemplo que dan ustedes de Ecuador del gobierno culpando a los venezolanos migrantes de ciertos delitos, ¿crees que el resto de gobiernos de la región han tenido reacciones más correctas?

Creo que eso está cambiando mucho. Cuando el Estado peruano sacó el PTP fue felicitado a nivel de la CIDH y de otros órganos internacionales, pero los discursos también van cambiando de acuerdo a lo que te contaba de la población, la sociedad y sus expectativas. Entonces, es algo complejo. Hay zonas grises. Y lo otro es que también hay estados y gobiernos que tendrán reacciones distintas según sus opiniones políticas o la relación que ya tenían con Venezuela. Ahí tienes entonces complejidades a nivel no solo nacional sino regional y local. Lo vimos hace poco en Cusco, que buscaba prohibir el trabajo de personas extranjeras. O con Huancayo. Son dinámicas regionales que deben ser vistas con mucho cuidado.

-Que deje el gobierno Nicolás Maduro no implica que ‘mágicamente’ se solucionará la crisis y que los migrantes retornarán al día siguiente. En ese sentido, ¿cuáles deberían ser los pasos fundamentales que el Estado peruano debería ejecutar en favor de esos venezolanos que permanecerán aún muchos años más en nuestro territorio?

Es cierto lo que dices: el retorno no está asegurado en ningún contexto. Probablemente muchos se queden, pero también otros podrían migrar a otros países. De hecho, las mismas personas encuestadas por nosotros no tienen las cosas tan claras. Y el Estado peruano tiene muchos retos. Primero, el promover procesos de regularización con residencia más sostenibles en el tiempo. Y en segundo lugar, habría que trabajar en temas de inclusión, centrándonos en lo laboral y en la salud.

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