“En democracia todo no está determinado por la aritmética”

Gino Costa considera que escribir una especie de memorias sobre su etapa como congresista entre 2016 y 2021 era no sólo una deuda consigo mismo, sino fundamentalmente ante sus electores, interesados en conocer su versión de parte de aquellos cinco años que muy probablemente los libros de historia denominarán en el futuro ‘El quinquenio perdido’.

Aunque él mismo admite que fue un lustro negativo, no duda en rescatar algunos avances que desde lo personal y a través de las bancadas Peruanos por el Kambio y posteriormente del Partido Morado (opción a la que hoy sigue siendo cercano, pero en la que no milita), se lograron teniendo cualquier cosa menos mayoría. Para Costa, los números importan, claro, pero están inscritos en un universo de distintos factores.

“La democracia sitiada”, el libro que el excongresista acaba de publicar con Planeta, es un testimonio sumamente interesante sobre un político que defiende la idea de creer en las personas, y por ende, en lo políticos. “No podemos dejar la democracia en manos de los inescrupulosos”, asegura en esta extensa entrevista sobre algunos de los puntos más saltantes de su libro, que no es el primero escrito por él, pero sí el más personal de todos.

¿Un político llega realmente a retirarse? ¿Se siente usted más cerca del retiro que de continuar en la actividad política? ¿Cómo definiría su situación hoy?

Yo sigo en actividad. Me invitan los medios y acudo. No lo he hecho en el último año porque para poder escribir este libro tenía que dedicarme a eso y no distraerme, ni con entrevistas ni en las redes sociales, que consumen mucho tiempo. Incluso en estos últimos meses hubo periodos en los que he trabajado tanto que los periódicos los veía por encima. No tenía tiempo de sentarme a leerlos como a mí me gusta. Entonces, claro, la lectura de un diario a mí me toma tiempo. Publicar un tuit también. Pido un borrador y luego lo rehago. Todo el trabajo político es más fácil hacerlo cuando uno está en el Congreso y vive de la política, porque como congresista te pagan para trabajar tiempo completo. Yo conseguí financiamiento para escribir mi libro. Y mi meta era terminarlo, porque era además un compromiso con mis lectores, o sea, dar cuenta de lo que había ocurrido. Quería hacerlo y rápido.

Pero sí, cuando ya no apareces (en lo público) mucha gente te pregunta dónde estás, a dónde has ido y si vas a seguir. Yo les respondo que no me he ido a ninguna parte. Sigo acá. Hice política toda mi vida de distintas maneras — más explícitamente como parlamentario entre 2016 y 2021– y no pienso abandonarla, menos ahora, donde hay tanta necesidad de seguir peleando por defender la democracia, las libertades y una economía abierta que permita el desarrollo con prosperidad y bienestar para todas y todos.

Precisamente en este año que usted dice haberse mantenido algo alejado de los reflectores para dedicarse a su libro, desde diversos sectores se han tirado abajo muchas de las reformas que usted reporta como logros en el periodo 2016-2021. ¿Qué le generan estos retrocesos?

Mucha frustración, porque lo que se avanzó costó mucho. En algunas áreas logramos preservar la reforma universitaria y educativa, a pesar de todos los intentos por tirarse abajo la Sunedu. Todos los ministros de educación fueron hostilizados. Y en el Congreso disuelto el fujimorismo le puso la puntería al Ministerio de Educación. Empezaron censurando a Saavedra y luego quisieron hacer lo mismo con Martens y hacerla responsable por la huelga del magisterio que se extendió innecesariamente en virtud del liderazgo de Pedro Castillo, quien buscaba asumir un perfil propio dentro del magisterio y darle el rol relevante a lo que es hoy la FENATE. Entonces, la batería estaba puesta en el gobierno de PPK. Ahora hemos visto que este Congreso ha terminado aprobando retrocesos y felizmente (lo educativo) está en discusión en el Tribunal Constitucional, y esperemos coherencia con la línea de sus antecesores para defender esa reforma tan importante. Lo mismo ha ocurrido con la reforma política que costó tanto. Algunos aspectos sufrieron retrocesos importantes. Además, está la reforma del transporte. Creo que en el gobierno de Castillo ha habido un esfuerzo por desmontar lo poco avanzado en la reforma y el fortalecimiento del Estado, y más bien tomarlo como botín. Entonces las decisiones no son cómo hacemos para mejorar los servicios públicos, sino a quién ponemos ahí para beneficiarnos de las obras o desandar reformas porque nos interesa atender a esos sectores informales o al margen de la ley a los que las reformas les incomodan. Están las universidades bambas en cuanto al tema universitario. En transportes, a los informales que no quieren sumarse al esfuerzo de brindar un sistema de transporte masivo, ordenado y seguro que beneficie a la ciudadanía, y que no sea la tragedia diaria que vivimos. Y eso no lo vas a corregir si no ordenas y reformas ese sistema. Entonces, es una pena. Por eso en el libro digo que la democracia está sitiada por estos sectores anti reformistas que representan a intereses, informales en muchos casos, y en otros a algunos abiertamente criminales: los que producen drogas, los mineros ilegales, los taladores ilegales de madera y, por supuesto, las economías alrededor de la corrupción, que no quieren una policía que investigue y tenga capacidades de inteligencia. Y así le pusieron la puntería a la Diviac, a Harvey Colchado, y a los fiscales no solo anti corrupción sino contra el crimen organizado. Esa es una de las amenazas más serias que enfrenta la democracia hoy. Pero también hay otras que están discutidas en mi libro. Entonces, sin escaparme de tu pregunta, yo sí veo un retroceso grande, a pesar de que, en el periodo anterior, una gran deuda del modelo de desarrollo económico y social que tuvimos en los primeros 20 años de este siglo fue poner más énfasis en modernizar y reformar el Estado, en brindar mejor educación, salud e infraestructura pública. O sea, se creció económicamente, se crearon empleos, se redujo la desigualdad, la pobreza y la pobreza extrema, pero paralelo a ello, no se fortaleció el Estado para brindar servicios de calidad. Ese es el voto de (Pedro) Castillo de alguna manera. La gente que dice, más aún después de la pandemia: ‘mira la tragedia que hemos vivido porque casi no teníamos sistema de salud, y lo que teníamos no fue suficiente para protegernos’. Eso tiene que ser reformado, pero para reformarlo necesitas espíritu reformista, y lo que tenemos hoy es una coalición mayoritariamente anti reformas. Y muy conservadora, con sectores fanáticos que quieren desconocer el estado laico. Mira la educación, (buscan) ponerla al servicio de ideologías y propuestas religiosas. Yo pienso que cada uno tiene derecho a tener su religión, pero el Estado que está a cargo de la educación debe ser laico y debe darles una educación buena a todos. No puedes someter la política educativa a una propuesta religiosa.

Gino Costa en una fotografía tomada durante su trabajo como congresista. (Tomada de su FB)

Dice ubicarse en el centro, por ende, asumo que le es fácil distinguir quién está a la derecha y quién a la izquierda. ¿Si Keiko Fujimori hubiese ganado las elecciones y hubiera traído abajo las reformas no tendríamos marchas multitudinarias todas las semanas? ¿Tiene la izquierda el monopolio de la protesta en la calle y hoy se encuentra, digamos, ‘apaciguada’ porque el presidente asegura ser de izquierda?

Monopolio, no. Yo no creo que las protestas de noviembre (contra Manuel Merino) fueran solo de izquierda. Eran manifestaciones que involucraban a muchísima gente descontenta con el comportamiento del Congreso y de la clase política en general. A pesar de que ocho meses antes esa ciudadanía que se manifestaba había elegido a ese Parlamento. Estaba insatisfecha con su propia decisión, porque ese Congreso no respondía a sus aspiraciones. Yo no creo que la protesta sea monopolio de la izquierda, pero son estos grupos los que normalmente están a la vanguardia de muchas de estas protestas. Y eso hoy no ocurre por dos razones. Primero, porque el gobierno de Castillo –mal que bien—es un gobierno de izquierda. Entonces, tú dices, no me gusta esto o lo otro, pero es mi gobierno. O, aunque no me guste, no estoy dispuesto a salir a protestar con él porque –y he aquí la segunda variable—quienes han estado protestando desde el primer día contra este gobierno son los mismos que no reconocieron los resultados electorales. Entonces muchos pensarán: ¿cómo me voy a sumar yo a una protesta de ese tipo? Tenemos ese problema ahí. Y a eso súmale el cansancio, la pandemia. Estábamos empezando a salir y ahora viene la incertidumbre. Un gobierno como este, con nombramientos muy cuestionables, en una situación de crisis global con inflación, amenaza de crisis alimenticia. Todo eso podría llevar a movilizar, pero por las razones que te he dicho, se ha neutralizado una respuesta ciudadana. Aunque las encuestas dicen que hay una insatisfacción con el gobierno y con el Congreso actual y la gente cree que la salida a una situación como esta no pasa por esperar las elecciones del 2026. Por eso una mayoría dice ¡adelanto de elecciones! Pero ninguna de las dos partes se quieren ir, y si no hay una ciudadanía que se moviliza y que presiona no creo que pase nada. Aunque yo veo con buenos ojos algunas señales como la coalición ciudadana, que se ha organizado en torno a Transparencia y otras organizaciones de la sociedad civil. Luego están los empresarios. Y no hablamos solo de la Confiep o ADEX. Son los empresarios grandes, medianos y pequeños. Hay un malestar y una preocupación por lo que está ocurriendo y eso sería bueno que fuera cuajando como parte de un frente ciudadano. Y hace unos días los gobernadores regionales han exhortado al Congreso y al Ejecutivo para ponerse de acuerdo en una estrategia de reconstrucción nacional mínima, y si no se logra eso exigirán adelanto de elecciones. Me parece algo interesante.

En el libro usted cuenta cómo PPK le negaba vínculos con Odebrecht y usted le creía hasta que finalmente las pruebas de las consultorías salieron a la luz. Luego se muestra digamos esperanzado con un Vizcarra hábil para golpear al fujimorismo, pero surge el caso Richard Swing y las presuntas coimas en Moquegua y le hacen cambiar de parecer. ¿Cómo podría definir sus sensaciones luego de ambos casos?

Sobre el segundo, un capítulo de mi libro lleva como título “El decepcionante final de Vizcarra”. Él había entrado de la mano con el fujimorismo, se le acusaba de haber conspirado contra PPK incluso. El primer gabinete es conversado, medio naranja, pero rápidamente empieza a tomar distancia y lo ayuda a eso la actitud que adopta frente al estallido del caso Cuellos Blancos, donde claramente le parece que hay que tomar medidas para limpiar el sistema judicial, y recurre a la Comisión Wagner para que los técnicos le propongan una especie de hoja de ruta. Y lo mismo va a hacer con el ámbito político a través de la comisión Tuesta. Recurre a los expertos para proteger a la política de nuevos ‘Lava Jatos’. Yo creo que reacciona bien. Y Keiko, por supervivencia se pone del otro lado, se pone a la defensiva, Vizcarra resiste, le voltea el partido, y al final resisten las reformas. Pero la confrontación entre poderes es de tal magnitud que o él disuelve el Congreso o lo vacan. Y busca las condiciones para hacerlo constitucionalmente. Y, aunque sin unanimidad, el Tribunal Constitucional dijo que fue una salida constitucional. Luego sí resultó decepcionante descubrir que tenía tremendo ‘rabo de paja’. Yo no es que tenía vínculos personales con él ni coordinación política alguna, pero coincidíamos en muchas de las iniciativas. Como cuando pidió al Congreso que removiera a los magistrados del CNM. Luego apoyé la iniciativa de convocar a Allan Wagner para que formase una comisión. Yo peleé por sacar adelante esas normas que fueron resistidas por la mayoría fujimorista y otras fuerzas políticas. Entonces, sí hubo una coincidencia. Y la primera fue lo relativo a someter a supervisión de la SBS a las cooperativas de ahorro y crédito. Esto era parte de la iniciativa anti lavado que habíamos llevado en nuestra propuesta de plan de gobierno. Es interesante cómo siendo minoría a lo largo de esos casi 5 años logramos sacar casi el íntegro de ese plan, gracias a que en democracia todo no está determinado por la aritmética, sino que hay medios, redes, opinión pública, instituciones de la sociedad civil, pero también autónomas como la SBS o al UIF que lograron un rol fundamental para defender ese paquete de reformas.

Volviendo a PPK, recuerda que yo representé a la bancada de PPK en la Comisión Lava Jato. Y a medida que los cuestionamientos en torno a los vínculos de él con Odebrecht iban creciendo, este me reafirmaba lo que me había dicho al inicio: que no había tenido vínculos con la empresa. Eso para mí fue decepcionante. Y me mortificó mucho, porque yo puedo entender las razones para que me mintiera, pero lo hizo sin contemplación. Y yo me había jugado para defenderlo.

¿Qué imagen cree que da ante sus electores un político que termina siendo engañado como le pasó a usted en los dos casos mencionados?

Yo creo que en política como en la vida tienes que creer. Y creer en tanto puedas hacerlo. El día que haya evidencia de que estás equivocado tienes que reconocerlo y actuar en concordancia. Si tú no crees en nadie, no entras a la política y no puedes hacer nada. Es lamentable que eso sea así. Es decepcionante y frustrante la política peruana, claro, pero si a mí me preguntan si hay que seguir, yo digo que claro, porque no vas a dejar esto en mano de los sinvergüenzas y los inescrupulosos. Hay que estar ahí, aunque toca estar preparado para este tipo de decepciones. Lamentablemente, hay mucha mentira, mucha falsedad y engaños. Y toca estar preparado para que en el momento en que te des cuenta actúes. Sin embargo, mientras tanto no puedes dudar de todo el mundo todo el tiempo porque si no mejor te quedas en tu casa observando la película tranquilo, a la distancia y sin comprometerte. Hay que comprometerse siempre, porque si tú estás en la pelea el resultado será distinto. Yo fui cinco años minoría y logramos sacar adelante muchas iniciativas. Es verdad que existía un Poder Ejecutivo con el cual jugar. Hoy en día, los morados en el Congreso son aún más minoría, pero no hay un Ejecutivo para jugar. Hoy el Ejecutivo o está confrontado porque lo quieren vacar y no hay los votos, o está coludido en tirarse abajo las reformas a las que nos hemos referido. Yo te diría que entre Ejecutivo y la mayoría en el Congreso de izquierda o derecha hay una gran confluencia de intereses. Tal es así que se habla de ‘fujicerronismo’ y hay una larga lista de coincidencias: Sunedu, elección del TC, etc. Ahora, ¿cuáles son los enemigos para ellos? Para la extrema derecha los caviares y para la extrema izquierda –según lo que dice Cerrón– también.

Usted dice en el libro que no estaba de acuerdo con la posible vacancia a PPK (aunque luego este termina renunciando) y lo mismo con Vizcarra. No estaba de acuerdo en que se lo vaque porque le parecía algo muy acelerado, sin debido proceso ni sentencia. ¿Puedo presumir que hoy también está en contra de una vacancia a Pedro Castillo?

No me parece la fórmula ideal. La vacancia por la forma en cómo está regulada se entiende que procede ante hechos inobjetables. Y por eso es un procedimiento tan rápido. La vacancia te permite mandar a su casa al presidente en una semana. La presentas y en una semana el mandatario está convocado, se le escucha por una hora, y si 87 votan a favor, se va a su casa. No hay doble instancia. Ese es todo el derecho de defensa que tiene el mandatario. Y si tú has visto las mociones de vacancia son súper pobres en términos de fundamentación. Entonces, ¿cómo puedes mandar a su casa al presidente si no puedes hacerlo con funcionarios de menor responsabilidad en cualquier ministerio o institución pública? Tú no puedes despedir a nadie en la Policía en menos de una semana. Los procedimientos son larguísimos porque hay ciertas garantías que el presidente no tiene. Por eso yo estaba de acuerdo con una modificación al artículo 117 para que al mandatario se le investigue también por hechos de corrupción. Y que ese procedimiento tengas las garantías de una denuncia constitucional, que tiene pues un plazo mínimo de dos o tres meses. Eso permitiría una salida, pero este Congreso no la ha querido encontrar. Así que la vacancia como tal para mí es problemática. Y por eso yo prefiero una salida como el adelanto de elecciones, que me parece más justa.

Costa se mantiene en contra de una vacancia como salida a la crisis. Se adhiere al adelanto de elecciones. (Foto de Pedro Castillo tomada de la Agencia Andina)

Ha usado usted aquí la palabra “caviar” y en el libro esta aparece mencionada dos o tres veces, sino me equivoco. ¿Por qué cree que se les atribuye, cuánto les ha afectado y qué han hecho para intentar desprenderse de ese apelativo?

Ese es un término utilizado por el fujimorismo después de la caída de Fujimori contra quienes favorecían las investigaciones contra la mafia fujimontesinista y contra quienes favorecimos también el establecimiento de una Comisión de la Verdad para ver todo lo referido a las violaciones de los derechos humanos en esos 20 años anteriores, no solo atribuibles al régimen de Fujimori. Y recuerda que el primer término utilizado era “cívico”. Ser cívico, exigir la investigación de hechos de corrupción y respeto a los derechos humanos era considerado un insulto. Se nos acusaba de tener civismo, pero rápido se dieron cuenta de que no podían utilizar dicho término para acusar a sus adversarios porque los dejaban muy mal a ellos, como carentes de civismo, que es lo que de alguna manera ha representado el fujimorismo, una falta de consideración con las reglas de la democracia, con los derechos ciudadanos y con el buen uso y el ejercicio del poder. Entonces, como era incómodo el término cívico pasaron a utilizar caviar. Pero en el fondo es lo mismo. Los caviares son una coalición inmensa de gente que cree en la democracia, en los derechos y en la posibilidad de una convivencia donde los líderes no incurran sistemáticamente en hechos de corrupción. Y en un Estado moderno que funcione, que crea en las reformas, y que al mismo tiempo defienda una economía social. Y eso es lo que yo soy. Me dicen caviar por eso y no tengo ningún problema en defender esos principios y lo seguiré haciendo.

¿Elegir el Congreso en la segunda vuelta de la elección presidencial podría ayudar a tener algo más de gobernabilidad? Porque si entra un mal gobernante que además tiene mayoría parlamentaria, el efecto podría ser peor de lo imaginado. ¿Qué opina de esta reforma?

Lo que parecía simple con PPK digamos se complica ante un presidente como Castillo. Pero yo sí creo que de cara a la gobernabilidad del país convendría tener gobiernos con mayoría parlamentaria, obtenida por el voto popular o por coaliciones, que es lo que ocurrió con García, Toledo y Humala. Claro, todos con una votación mayor a la que obtuvo PPK y luego Castillo. Esta fue una de las propuestas de la comisión Tuesta, pero también propusieron renovación parcial del Congreso a mitad del periodo. Y habría que ver qué otras medidas serían necesarias. Y yo en el capítulo “La tormenta perfecta” digo que cuando tuvimos gobiernos sin mayoría en el Congreso ocurrió la disolución constitucional del 2016, que fue mejor que el golpe de Estado a Bustamante en el 48, el golpe contra Belaunde en el 68, o el autogolpe de Fujimori en el 92. Esa es una de las tareas pendientes y no estamos trabajando en eso. La otra gran tarea es cómo evitar y blindar a la política y a la justicia de la corrupción, sobre todo a la primera. Porque si seguimos teniendo presidentes que entran después de haber robado o que entran a robar, vamos a seguir en el mismo círculo vicioso en el que estamos. Lo mismo con gobernadores regionales, alcaldes, autoridades electas y otras no electas, como las judiciales. Es un gran desafío si queremos ser un país desarrollado y próspero con bienestar para todos. Lo que ocurre es que quienes ostentan el poder no quieren hacerlo. Por eso está sitiada la democracia, porque estamos en manos de gente mayoritariamente inescrupulosa que no quiere pues la transparencia, la fiscalización y el control que permitan evitar la corrupción o castigarla rápido y ejemplarmente cuando se presenta. El otro factor transversal que lo vimos muy claramente durante la pandemia fue la debilidad institucional para que el Estado ofrezca servicios públicos de calidad. Por ejemplo, en salud, fuimos el país más golpeado por la pandemia, sin embargo, ¿en los últimos dos años se ha discutido alguna reforma del sistema de salud? Mira, no somos el último país en el mundo en términos de gasto en salud, en términos de médicos. Es verdad que el sistema era malo, pero porqué motivo fuimos el más golpeado. A causa de la inestabilidad política hemos pasado a otros asuntos y vamos a volver a caer en esta situación si no le damos a la democracia las bases de cohesión social que son necesarias a través de una salud pública, de una infraestructura de calidad. No nos podemos quedar cruzados de brazos sino la democracia estará condenada a perderse.

Una parte del libro es narrada con tono casi informativo y usted repasa cómo Castillo llegó a ganar la segunda vuelta, superando a Keiko por poco más de 40 mil votos. ¿Se puede tener legitimidad con una distancia así?

Basta que ganes con un voto para eso. Ahora, quien gana debe entender que ha ganado con las jutas y construir una coalición que vaya más allá de las fuerzas que votaron por él en primera vuelta. Esa fue una de mis críticas a PPK. Él no construye un gabinete, no construye una coalición parlamentaria, no construye una coalición con la sociedad civil que le permita sostener el respaldo de quienes lo apoyaron en segunda vuelta y ampliarla. Si hubiera ocurrido eso tal vez no hubiera sido tan fácil que intentaran vacarlo y forzaran su renuncia. Lo mismo con Vizcarra. Él sobrevive en la confrontación, pero ya en el último año, cuando no puede confrontar, se da cuenta que no ha construido una coalición mínima. En ese sentido Castillo ha sido más exitoso que los dos, recurriendo por supuesto a malas artes. Eso está en investigación fiscal ahorita. Creo que dotarse de una coalición que te permita gobernar te obliga a ir más allá de tus propias fuerzas, ampliar tu propia coalición política. Si estabas a la extrema izquierda tienes que moverte hacia el centro y adecuar tu programa –porque esa es la democracia—a lo que las circunstancias te permiten. Fíjate que el gran voto de protesta por Castillo es para que se atienda los sectores más postergados por el crecimiento económico y el progreso social de los últimos años, porque lo ha habido incluso en las zonas más postergadas. Lo que pasa es que la gente quiere un avance más rápido y quiere mejores servicios. Y todo esto lo puedes hacer sin necesidad de llevar a cabo el programa radical que había elaborado Cerrón.

Hablando de radicales, Antauro Humala acaba de ser liberado y ya fue a Andahuaylas a lo que muchos consideran es el inicio de su campaña presidencial al 2026. Y se oyen rumores de un descalabro aún mayor de las instituciones en un futuro. ¿Hasta dónde puede llegar la sociedad civil para detener esta especie de descalabro?

 Yo confío en que vamos a poder salir de esto con un adelanto de elecciones. Confío en que prime la sensatez. Pero hay mucho pan por rebanar de acá al 2026. No te olvides de que Antauro Humala tiene unos antecedentes no muy buenos. No solo por la violencia del Andahuaylzo, sino también por su conducta política. Él estuvo representado por una bancada poderosa en el Congreso complementario del 2020-2021. Él fue responsable de llevar a un Contralor que había sido destituido por hechos de corrupción y de ponerlo como presidente de la comisión de Fiscalización. Alarcón finalmente –y yo me honro de haber sido parte de ese esfuerzo—fue desaforado. Había tres acusaciones de la Fiscalía contra él (enriquecimiento ilícito, peculado y otra). Una de esas acusaciones ha sido archivada por este Congreso, pero en el complementario, contra viento y marea, sacamos la primera acusación contra Alarcón por enriquecimiento ilícito y lo sacamos del Congreso. ¿Quién lo llevó? Nada menos que Antauro Humala, cuyo lema en la campaña había sido “pena de muerte para los corruptos”. Así que mira su consistencia al llevar a Alarcón, pero más que eso, de ponerlo como presidente de la comisión de Fiscalización. O sea, lo encumbró y después lo blindó. Toda su bancada fue utilizada para blindarlo, pero felizmente eso no prosperó. Por otro lado, también están sus vínculos con López Aliaga y la extrema derecha. Así como Cerrón coincide con la extrema derecha, parece que Antauro Humala también en lo referente a derechos de las mujeres, las minorías, y presenta una propuesta racista. No creo que Antauro tenga todas consigo. Es un elemento de perturbación, sin duda, porque es un elemento radical, demagógico, populista, que viene a exacerbar los conflictos en la sociedad peruana. En ese sentido es negativo, pero no doy por sentado de que será un éxito electoral. Dependerá de lo que hagan las otras fuerzas políticas para enfrentar ese desafío.

A la prensa desde varios sectores se le atribuye “poca credibilidad”. Se dice que nadie consume ya los medios de comunicación (informativos), pero a la misma vez se le fustiga, incluso desde las más altas autoridades del poder y en actividades oficiales. ¿Qué opinión tiene usted sobre el trabajo de la prensa en contextos de este tipo?

El rol de la prensa en un régimen democrático es fundamental, y en el Perú ha demostrado serlo. Lo hizo frente al Congreso fujimorista que abusaba de su poder. Y lo sigue demostrando hoy enfrentando al poder del presidente y del Parlamento también. Como te decía hace un momento, la democracia no es solo aritmética congresal, es también los medios de comunicación y el rol que cumplen de cuidar el poder. Te gusten o no los periodistas siempre es bueno que quienes tienen el poder y lo ejercen enfrenten el control que desde la prensa se lleva acabo. Sea prensa conservadora, progresista, de derecha o izquierda. Hay una variedad de prensa ahorita. Algunos dicen que está más hacia un lado que otro, pero lo cierto es que nadie está impedido de crear un medio cuando quiera. En los regímenes autoritarios eso no existe, no nos enteramos de las cosas y el poder no está controlado. Eso es terrible porque en lugar de tener menos corrupción tienes más. Lo mismo con los abusos. La prensa es fundamental para contrarrestar los abusos del poder. Y para mí resulta fundamental, por eso como congresista en minoría he valorado mucho lo que significa hacer trabajo político en minoría, pero en una sociedad democrática donde no solo tienes los votos de la mayoría que enfrentar, sino que tienes otros actores con los que es posible generar condiciones en la opinión pública para sacar adelante iniciativas pese a los pocos votos que puedas tener en el Parlamento. Entonces, sí creo que el futuro de la democracia va a depender de que se mantenga la vitalidad que hoy tiene el periodismo de investigación. No solo los grandes medios, sino también los periodistas de investigación, que felizmente en el Perú se multiplican. Así que más allá de las diferencias o las críticas que pueda haber hacia un medio u otro –y cada uno tiene derecho a elegir si le gusta un medio o no—esa libertad es fundamental. Así que control a la prensa ninguno. Porque en el momento en el que poder comienza a controlar se acaba la libertad de expresión y el periodismo se sujeta al poder. Eso es fatal. Las dictaduras empiezan por ahí siempre. Por eso hay que dar la batalla en defender la libertad de los medios para decir lo que les dé la gana, respetando la honra de las personas, por supuesto.

En más de un lugar he leído la expresión “quinquenio perdido” aplicada al periodo 2016-2021, tiempo en que transcurre gran parte de su libro. ¿Coincide con esta determinación?

Yo sí creo porque el 2016 arrancó con un presidente de centro derecha y con un Congreso mayoritariamente de derecha, como el fujimorismo. Y había grandes diferencias políticas, pero grandes coincidencias en temas económicos. Entonces tú hubieras podido esperar que se volteara la página a la dureza de la parte final de la campaña y se encontrara un acuerdo de convivencia de cara al Bicentenario, para llegar con una economía más potente, con mejores servicios sociales, o sea, con el sistema de economía abierta en el que ambos creían consolidado y con la democracia funcionando, pero el afán de venganza de Keiko impidió eso. Decidió tirarse a PPK y lo logró. Después Vizcarra ‘le sacó la vuelta’ y lo disolvió, y terminamos en un Congreso complementario que no fue mejor, y después en unas elecciones con Castillo que tampoco fueron mejor. Así que por eso sí creo que hubo un quinquenio perdido. Por otro lado, desde mi punto de vista yo digo: me costó mucho sacar adelante ciertas reformas políticas y judiciales que son importantes. La pelea que se dio para acabar con algunos de los ‘Cuellos blancos’. Lo que yo y mi bancada logramos en términos de reformas para fortalecer el sistema de inteligencia financiera y de lucha contra el lavado de activos fue importante. Desde ese punto de vista no fue un quinquenio perdido. Pero en general sí desaprovechamos la oportunidad de cinco años que hubieran podido terminar absolutamente de otra manera, con más tranquilidad y de repente con otro resultado electoral. Porque en este proceso (2021) en el que Keiko Fujimori tiene un rol muy grande (sin ser la única responsable, claro) ella termina con un tercio del capital político que tenía en 2016. Ella, de haber escogido un camino distinto al de la confrontación, quizás hubiera terminado de presidenta de la República. Así que también a ella le costó caro. Pero si tú de la cosa general vas a ver ciertos aspectos, yo creo que se avanzó en (reforma de) justicia, en transporte, y en lavado de activos cumplimos toda la agenda. Hay muchas cosas por hacer, pero oye, todo el sistema de lucha contra la corrupción se fortaleció. Mira el equipo especial. A diferencia de otros países de América Latina donde frente al caso Lava Jato se les echó tierrita, porque las élites no querían que se investigara, acá investigamos. Los fiscales que investigaron fueron populares y contaron con el respaldo ciudadano para que se conociera la verdad y se hiciera justicia. Esa es la otra cara de la moneda: unos políticos muy comprometidos con la corrupción y una ciudadanía que quiere limpieza en el manejo de la cosa pública. Ese último es el lado positivo de la tragedia de los últimos cinco años.

Costa coincide con la idea de que el periodo 2021-2026 fue un quinquenio perdido. (Fotos: Andina)
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