Sebastião Mendonça, autor de «¿Por qué fracasó Sendero?»: «Los grupos violentistas salen victoriosos solo si encuentran una brecha social para avanzar»

Ad portas de cumplirse 34 años de la noche en que cayó Abimael Guzmán Reynoso y la cúpula de la organización terrorista Sendero Luminoso, un estudio echa luces en torno a las razones por las que este movimiento, responsable de la mayor cantidad de muertes durante el periodo de la violencia en Perú, no pudo cumplir su objetivo final y tomarse el país.

Aquella noche del 12 de septiembre de 1992, las paredes de una vivienda de clase media en Calle Varsovia 459, Surquillo, fueron testigos silenciosas de cómo un equipo de policías del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) dio con su escondite y torció el destino, iniciando, poco a poco y no sin las correspondientes dificultades, un camino de desarrollo social y económico que en algún momento pareció imposible.

Sobre los orígenes, auge y caída de Sendero Luminoso se han escrito decenas de libros de distinta relevancia. La mayoría de estos atribuyen lo primero a razones de desigualdad y resentimiento en distintas áreas geográficas. A contracorriente con esas teorías, Sebastião Mendonça Ferreira escudriña en otras explicaciones, incidiendo en lo ideológico como gancho para captar la atención de jóvenes que en algún momento parecieron rendir pleitesía hacia un líder que en su mayoría jamás vieron cara a cara.

“¿Por qué fracasó Sendero?” (Editorial Debate, 2026) es, efectivamente, una revisión avezada del origen y caída de este sanguinario grupo, pero también el repaso de todos los actores que intervinieron la época de la violencia, haciendo hincapié en los héroes no reconocidos, como los considera Mendonça Ferreira, un brasileño de corazón peruano, Bachiller en Estudios Multidisciplinarios por el Cambridge College, director del Centro Wiñaq, y testigo atento de las transformaciones de nuestro país desde hace medio siglo.

¿Su libro va a contracorriente de la gran mayoría de estudios publicados sobre la época de la violencia en nuestro país porque considera que estos, y la academia peruana en sí, están muy hacia la izquierda? ¿Cree que hacía falta equilibrar algo las cosas?

Lo que yo he buscado estudiar –si bien el libro es crítico hacia la izquierda, como se observa claramente– son las líneas de análisis que se utilizan y no tanto la ideología. Entonces, lo que he encontrado es que las causas que provocaron el surgimiento de Sendero Luminoso (SL) están ocultas en la manera bajo la cual se ha estudiado dicho fenómeno hasta hoy. Y las razones por las cuales fracasó SL tampoco están claras. Menos quiénes lo derrotaron ni cómo lo hicieron. Es como si de repente desapareció y ya estamos en democracia. No se han preocupado en realizar dichos análisis. Y yo tengo mis propias explicaciones de por qué no lo habrían hecho. No obstante, y retomando su pregunta, mi preocupación surgió al sentir que no ha sido adecuada la forma en que veníamos contando el fenómeno, es decir, no correspondía a lo que yo viví.

¿Esa inquietud que usted refiere, surge desde el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación o en general desde mucho antes? No sé, por el trabajo desde la Academia, por la labor de think tanks como el Instituto de Estudios Peruanos, y demás…

En realidad, la Comisión de la Verdad fue un tema que yo he revisado, no al inicio, sino al final. Mi cuestionamiento ha sido más bien cómo las corrientes de pensamiento han ido desarrollándose. Te hablo de los años 80. En aquel momento yo era de izquierda, pero estaba radicalmente contra Sendero Luminoso y lo consideraba terrorista. Y las explicaciones que me daban del fenómeno no me convencían. Por eso (en mi libro) puse un capítulo dedicado a una excelente crítica formulada por Luis Pásara, quien documentó una serie de posturas que tuvo Izquierda Unida en aquella época y que, en mi opinión, han tenido un costo social alto, significando miles de vidas. ¿Por qué? Porque confundían a la población, no les permitían saber con quién necesitaban aliarse. Y esa situación favorecía el crecimiento de Sendero. Esa era una crítica que yo tenía desde aquella época. Y la otra cosa que yo sentía eran ciertas afinidades analíticas entre el discurso de SL y el de la izquierda. No estoy diciendo que la izquierda apoyó a Sendero, pero sí tenían afinidades conceptuales, algunas de las cuales sobreviven hasta hoy.  Mire, justamente acabo de leer un libro de Antonio Díaz Martínez, el ideólogo número 2 de Sendero Luminoso. Él intenta relacionar los movimientos sociales con SL y fracasa tremendamente. En lo personal, yo no vi esa relación entre Sendero y los movimientos sociales, que es lo que sustentaría la teoría de que la violencia es resultado de las injusticias y desigualdades a las cuales están sometidos los campesinos, sugiriendo que estos de alguna manera impulsaron o facilitaron lo que ocurrió. Considero que decir eso es injusto con los campesinos, pues ellos fueron las principales víctimas de los senderistas.

Sebastião Mendonça Ferreira llegó al Perú en 1973. Hoy es director del Centro Wiñaq.

Usted vive hace 53 años en Perú y ha visto, digamos, la evolución de la sociedad peruana, política o quizás ideológicamente. No es una sociedad mayoritariamente de izquierda, pero en las últimas elecciones hemos casi siempre terminado puestos frente a la disyuntiva de elegir entre una opción atribuida a dicha ideología frente a otra contraria. ¿Por qué cree que pasa esto?

Ahí hablamos ya de la sociedad moderna, claro. Mira, pienso que el discurso que genera esa polarización no ha sido adecuadamente criticado. Hay un discurso que corre libre y que se reproduce especialmente en las provincias del país, aunque también en Lima, y no recibe una crítica entendible y basada en hechos prácticos, en experiencias personales, más no en argumentos de carácter ideológico. Esa crítica práctica yo veo que no se ha hecho a esas corrientes de pensamiento. Si usted analiza las tasas de crecimiento del ingreso rural –y hay un análisis muy bueno de Richard Webb al respecto–, el departamento que más creció en cuanto ingreso rural fue Ica. Y el segundo, Puno. Entonces, no es que el sector rural de Puno esté quedando rezagado del desarrollo del país. Tampoco estoy negando las desigualdades, pero por ahí no va la cosa. Eso no explica el fenómeno político.

Cada cinco años se incide en una idea de análisis vinculada a una desconexión. Se dice que “Lima vota de una manera y el interior de otra”, sin embargo, la capital está conformada mayoritariamente por provincianos y por descendientes de estos. ¿Ve usted una transformación? ¿El salto hacia un ambiente mayoritariamente mestizo lleva a aferrarnos al capitalismo?

Yo no sé qué proporción de la gente piensa que el capitalismo es la solución. Lo que sí creo es que hay una confianza bastante alta de la gente — porque yo comparo con otros países y con mi país de origen (Brasil)– en su capacidad emprendedora, es decir, en que las cosas pueden no ir muy bien, pero ‘si yo trabajo duro, si me organizo, si soy inteligente para saber cómo hacer las cosas, mi familia y yo vamos a progresar’. Esa mentalidad es mucho más fuerte en Lima. Entonces, no es que (sus habitantes) dejaron de ser andinos, pues celebran las mismas fiestas, comen las mismas comidas, y cuando vuelven a su provincia se sienten profundamente alegres en sus casas, sin embargo, sí piensan distinto. En ese sentido es interesante ese efecto que Lima ha tenido, porque esta es una ciudad de mestizos y principalmente de provincianos. Y muchos de los provincianos de la sierra, que se perciben incluso como indígenas son medio mestizos también. Es una cuestión de identidad y no de etnia.

Una fotografía de los integrantes del GEIN, responsables de la captura de Abimael Guzmán en 1992.

¿Y eso, por ejemplo, es extrapolable a otros países? ¿En Brasil ha ocurrido algo así, parecido o no?

En Brasil, el norte es la zona pobre, políticamente atrasada. Predominan allí los métodos políticos de manipulación ‘tradicionales’ de 50 años o 100 años atrás. Es fuerte. Y ahí predomina la izquierda. Del otro lado, el sur es mucho más moderno, ha recibido muchos migrantes. Y predominan allí claramente las corrientes de derecha. Para mí, el aspecto más importante es la cultura política de cada región. Y en el Perú se nota esto, esa cultura política particular de la sierra sur, principalmente. Las razones históricas es lo que he estado buscando, pero no es muy claro. Mira, tengo un comentario que a mí me sorprendió mucho cuando estaba leyendo para preparar mi libro. La ciudad de Huamanga, 20 años antes de la Independencia, tenía una población de alrededor del 45% de la población de Lima. Luego, cerca de 20 o 30 años después de la Independencia, había caído de 24.000 a 9.000 la población. Cusco había caído de 30.000 a 11.000. De las ciudades de la sierra, solo Arequipa mantuvo su población. Ese colapso es uno de la población urbana y no encontré ningún historiador que me lo explique.

Por sus cinco décadas aquí, debe recordar muy especialmente el año 1992, que fue el de la captura de Abimael Guzmán. Luego vinieron el autogolpe, el cierre del Congreso, el Congreso Constituyente Democrático, etc. Ahora, sobre el fujimorismo se ha dicho y escrito mucho. Y se ha especulado con el siguiente contrafáctico: ¿se hubiera podido derrotar al terrorismo en una democracia plena?

Es muy difícil hacer una afirmación de ese tipo, porque queda en el terreno de las opiniones. Y yo he buscado, a propósito, no evaluar el gobierno de ninguno de los presidentes, si es que tú te has dado cuenta en el libro. Solo evalúo su comportamiento hacia el terrorismo. ¿Por qué? Porque yo quiero que la discusión sea sobre el fenómeno terrorista, no sobre los gobiernos. Lo que sí encuentro es que, de parte de Fujimori, ha habido un comportamiento consistente en la lucha contra el terrorismo. Y él tuvo la suerte, eso también hay que reconocer, de que cuando llegó al Gobierno, las fuerzas armadas ya habían replanteado su estrategia. Ya habían planteado la alianza con los campesinos. En realidad, eso ya tenía como tres o cuatro años. Entonces, cuando entra Fujimori, respalda esto. Primer punto. El segundo elemento es el tema de inteligencia. Yo había viajado por varios países de América Latina. Yo había visto que todas las organizaciones violentistas que se habían asentado en las ciudades, una vez que se construía un sistema de inteligencia profesional, estas colapsaban, tarde o temprano. Cuando Fujimori planteó en 1990 que iba a priorizar el tema de inteligencia, yo me alegré. Me dije: está en lo correcto. Yo no sabía nada del GEIN (recién me enteré después), sin embargo, sabía que si se quería combatir una organización dese tipo, se debía reforzar el factor inteligencia. Ahora, sobre el trabajo del Servicio de Inteligencia Nacional, desconozco su nivel de utilidad, y por eso no lo menciono en libro. Pero acerca del GEIN sí digo que tuvo una efectividad extraordinaria. Y no hablo de personas en específico, sino de la institución, de lo que logró en 30 meses de trabajo. Imagínate cuántas miles de vidas salvaron esas personas.

El sanguinario cabecilla terrorista Abimael Guzmán, en su primera presentación (enjaulado) ante los medios de comunicación luego de su arresto.

Una de las primeras cosas que llaman la atención de su libro es que no habla de violencia política sino directamente de terrorismo. Se ha explicado ya la diferencia entre uno y otro término, sin embargo, el lenguaje está siempre por encima. Y cada vez que hay una noticia del extranjero se percibe una diferencia en su tratamiento, versus la palabra terrorismo, a la que aquí se apela más.

Primero, sí fue un conflicto armado interno. No me hago problema con los términos. Es terrorismo porque se ha ejercido el terrorismo en contra de la población de manera sistemática, lo cual, e intentaré explicarlo después, fue un error estratégico clave. (Sendero) decidió relacionarse con los campesinos en base al terror. Mira, hay incluso una entrevista de Antonio Zapata a Elena Iparraguirre hablando sobre masacres. Él pregunta si ellos se arrepienten en algo. Y ella dice “no, era necesario. Tal vez nos hemos excedido”. Masacrar una comunidad no es un acto de lucha política. Tú no vas a encontrar ninguna lógica de correlación de fuerza con las fuerzas armadas o con el Estado peruano masacrando a una comunidad campesina. Solo hace sentido masacrar a una comunidad campesina si el terror es su instrumento político principal. Por eso los califico de terroristas. Y Díaz Martínez incluso habla de que el país ya vivía un clima de terror antes de que ellos comenzaran. Entonces, es poco conocido, pero yo pongo en mi libro el discurso de Guzmán en la primera escuela militar antes de comenzar la guerra. Vale la pena leerlo. Ahí él prevé, se imagina, todos los actos terroristas que van a hacer. Todavía no había tirado una bomba. Y él se imagina hasta qué nivel ellos están dispuestos a desarrollar la violencia para tomar el poder. Yo los llamo terroristas por eso. Esto no niega que ellos hicieron la guerra. En el inicio de mi libro yo considero que la paz es un derecho que toda nación tiene. Y ningún grupo tiene derecho a romper la paz interna de un país por intereses políticos. Eso debe ser un crimen de lesa humanidad. Y Sendero lo hizo.

Las comisiones de la verdad no son un elemento relativamente nuevo, sin embargo, quizás en el 2001 sí lo eran aquí. Por todo lo que he leído en su libro sobre la labor de la CVR en Perú, ¿era ese el momento indicado? ¿Se debió esperar un poco más? ¿Cuál es la objeción principal que tiene usted hacia esta entidad?

Sobre la primera pregunta, yo creo que hubiera sido mejor que esperaran un poco más. Estaban las pasiones políticas muy activas todavía. Y se nota en las relaciones de la CVR precisamente ello: las pasiones políticas. Incluso de personas serias y respetables. No obstante, mi crítica principal no va por ahí. Mi primera crítica gira en torno a que la CVR excluyó de su composición a todas las fuerzas que lucharon contra Sendero Luminoso. No participaron los campesinos, no participó la policía, ni siquiera el ejército. Entonces, ¿cómo voy a ser objetivo analizando un fenómeno si margino del equipo que va a dirigir el análisis a quienes tuvieron un involucramiento directo? Y hay algo que yo quisiera destacar: en el Perú se había instalado una máquina de violación de derechos humanos, o sea, Sendero Luminoso. Esas fuerzas que he enlistado desmantelaron dicha máquina. Se supone que uno de los temas centrales de la CVR fueron los DD.HH., entonces, ¿cómo así excluyó a estos grupos? Recuerdo mucho ese 12 de septiembre que cayó Abimael. Esa noche no dormí. Y al día siguiente tenía un taller con comunidades campesinas en Huancané, Puno, donde había elementos próximos a Sendero Luminoso. Estaban desesperados, y yo muy emocionado, porque para mí era una captura histórica. El Perú logró eso con una capacidad técnica admirable. Yo no sé de ningún otro Ejército del mundo que haya rediseñado su estrategia como el peruano. Antes predominaban las estrategias tradicionales de guerra antisubversiva en América Latina. Ninguno montó una relación de alianza con las comunidades campesinas. Ni en América Latina ni en África, que yo sepa. Perú fue primero. El desarrollo de esa forma de pensar, rompiendo los parámetros con los cuales ellos habían sido formados, implica un nivel de coraje intelectual. Y, claro, el esfuerzo del GEIN de diseñar su sistema de inteligencia. Siento que el país no reconoce muchas veces con gratitud a ellos.

A propósito de la “mística” senderista que alguna vez menciona Alan García. Usted descarta en su libro que las motivaciones para el inicio de toda esta violencia sean la desigualdad y el resentimiento de clase. ¿A qué podemos atribuir llevó a unirse a Sendero a cientos de jóvenes en distintos puntos del país?

Sí había resentimiento, sí había desigualdad, pero para transformar ambas cosas en una acción violenta yo necesito una ideología. Porque, ojo, resentimiento y desigualdad en 1920 había muchísimo más. Siempre tomo el libro de Luis E. Valcárcel como referencia. Y en aquella ocasión no se produjo la tempestad en los Andes que él se imaginó. Y él cuando, ya mayor, reflexiona sobre su experiencia, dice ‘entiendan que cuando yo escribí este libro, los niveles de maltrato de los campesinos eran algo de otro grado a lo que tenemos actualmente. Hoy día puedo decir que estamos viviendo en otro país’. Lo dice literalmente. Y él fue una persona que dedicó su vida a entender ese fenómeno. Ahora, no hay una explicación única de por qué se movilizaron: ellos eran la primera generación de jóvenes educados. Esa generación era crítica a la realidad del país. Habían desarrollado su adolescencia durante un gobierno de izquierda, recibiendo 11 años de bombardeo ideológico. Habían estudiado en escuelas donde los profesores estaban claramente orientados por el marxismo. Entonces, la captura de la imaginación, del pensamiento de los jóvenes no era tan distinta por el bombardeo ideológico. Por eso yo digo que fue un fenómeno principalmente ideológico. Y lo voy a explicar. Si se tratase de un fenómeno netamente social, Sendero Luminoso no hubiera sido derrotado. Cuando un grupo de estos violentistas encuentra una brecha social que puede desarrollar, es cuando sale victorioso. Reitero: en todos los casos, si uno lee la historia de los movimientos victoriosos, todos han tenido una brecha social. Cuando no tiene brecha social se queda en lo ideológico. Y cuando queda en lo ideológico permanece en una minoría.

Llevando un poco el tema del Perú quizás hacia lo regional. El Colombia hay un presidente que fue guerrillero. En Chile hay un Partido Comunista cuya candidata llegó a segunda vuelta. En Perú no ocurre eso, más allá de que las opciones atribuibles a izquierda sí alcanzan en segunda vuelta. ¿Cómo se explica esta heterogeneidad en cada país de Latinoamérica?

No olvides que Uruguay eligió a un guerrillero tupamaro como José Mujica. Dilma Rousseff era parte de un grupo guerrillero, VAR Palmares y llegó a ser presidenta de Brasil por apoyo de Lula. Hugo Chávez fue un rebelde que intentó dar un golpe militar. Creo que hay una admiración moral por quienes se plantean tomar el poder por la violencia. Esa fascinación moral persiste. Para mí, uno de los colapsos más importantes de la izquierda peruana fue dejarse someter a ese mito moral y ético de Sendero Luminoso. Lo que usted recordó de Alan García. Eso es un colapso moral, y eso es grave porque yo no tengo una élite que esté haciéndole frente.

¿Algo más que me puede decir de la situación de su país de nacimiento? Lula tiene 80 años, está bastante magullado, enfermo, pero lo quieren postular a la reelección. No hay visos de renovación. Bolsonaro está preso, pero su hijo postulará. ¿Qué avizora?

Brasil es un país políticamente menos polarizado que el Perú, pero la sensación de polarización entre formas de pensamiento en el Brasil ahorita es fuertísima. Acabo de venir de allá. Conversé con familiares, con amigos, y la sociedad está realmente polarizada. En el Brasil, ha quedado una especie de mística alrededor de aquellos que participaron de la guerrilla de los años 60 y 70. Lo mismo en Uruguay. Las dictaduras terminan por generar místicas para los opuestos. Una de las cosas buenas que ha tenido el Perú (de los 90s) es que no ha sido una dictadura. La gente le llama dictadura en el Perú porque nunca ha vivido una dictadura como la que yo he vivido en el Brasil. O la que vivieron los argentinos, uruguayos o chilenos en su momento. El hecho de haberse vivido un ‘autoritarismo competitivo’ ha reducido esa mística del guerrillero heroico, aunque Javier Heraud sigue siendo un guerrillero heroico.

Por último, volviendo a mi inquietud en torno a si elementos como la Academia, el arte, la cultura, o los especialistas que suelen consultarse en medios, historiadores, politólogos, pertenecen mayoritariamente al sector de izquierda. ¿Cree que este desbalance existe?

Yo creo que hay un predominio claro de la izquierda en la Academia local. Y eso es por una deficiencia de la derecha peruana. Mira, para escribir mi libro tuve que basarme casi exclusivamente autores de izquierda. Entonces, sí hay un desequilibrio aquí. La derecha debería darle más importancia a la actividad investigativa, intelectual. Hay más esfuerzo de formulación teórica de parte de la izquierda peruana que de parte de la derecha.

¿Así también promover obras de teatro, películas, publicaciones, cosas así?

Claro, pero ir más lejos. Aunque, claro, primero que logren ganar la Academia. Aunque la clave para mí no es tanto la ideología de los autores, sino la clase de experiencia que rescatan. Por ejemplo, el que ha hecho la película sobre Chavín de Huántar. Yo no sé si es de derecha o de izquierda, pero ha rescatado un pedacito de la historia que a la gente le ha fascinado. Yo creo que debería haber más cosas de ese tipo, más testimoniales. Yo creo que la gente que luchó contra Sendero Luminoso merece ser conocida y reconocida. Mira, enfrentarse al Sendero Luminoso en una guerra sin prisioneros era derrotar o morir yo, mi familia y mi comunidad.

¿Por qué remarca lo de guerra sin prisioneros?

Porque es muy atípico. Es un nivel de crueldad extraordinariamente alto. O sea, matar de frente. No solo matar de frente, sino a los rendidos. Ese para mí es el acto de crueldad más alto que puede tener una fuerza militar.

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