Romina Paredes: «A diferencia de mis libros anteriores, ‘Fuera de la fila’ deja cierta esperanza, en la amistad y en la escritura»

La nostalgia que aflora en muchos adultos cuando se les pregunta si les gustaría volver a su etapa escolar no parece ser compartida por Romina Paredes (Lima, 1987). La escritora, docente y traductora, responde sin dudas ni murmuraciones: “No extraño el colegio. Es más, cuando estudiaba los últimos años, estaba loca por terminarlo, ser independiente y autónoma”.

La interrogante llega a propósito de “Fuera de la fila. Historias de supervivencia escolar” (Animal de Invierno), el más reciente libro que Paredes acaba de publicar –su tercera obra literaria, para ser exactos—, un conjunto de relatos anclados en dos momentos temporales muy reconocibles: los noventa y los dos mil.

Un collage de variados personajes transcurre su día a día en un colegio de clase media que podría ser cualquiera. Desde allí, más que vivir, sobreviven a una violencia cotidiana que tiene como mayor representante a Pérez-Valdez, el temible jefe de disciplina, un cargo que hoy parece extinto, pero al que muchos padres incluso recurrían para pedirle ‘enderecen’ a sus hijos.

Aunque algunos podrían considerar este volumen una pequeña novela, la prioridad de Romina Paredes ha sido construir un puñado de relatos que, sostenidos en su cohesión y coherencia, sean un agudo reflejo del (autoritario) país que a ella le tocó vivir.

En el mediano plazo, la también autora de «Famulus» (2020) y «Monstruos» (2022) tiene listo un bosquejo de lo que sería su cuarto libro, un conjunto de cuentos weird, alejados del realismo que parece haberla aburrido un poco, aunque solo momentáneamente. «Consumo mucha fantasía, terror y sci-fi. En realidad, no soy una lectora que le haga ascos a lo mimético», sostiene.

Más allá de la natural tentación por adivinar el colegio que inspira este libro, aquí lo importante es más bien lo que se cuenta. ¿Qué refleja esta escuela? ¿Qué alumnos estudian allí? ¿Qué Perú has retratado en estos estudiantes?

Más que un colegio este creo que es todos los colegios, y –no sé si peco de ambiciosa– en él están todos los estratos sociales. Pienso que la violencia es la misma, una más física, otra quizás más psicológica, pero, sí, al final son todos los colegios dentro de uno. Ahora, el momento histórico en que esto podría transcurrir, pues, vemos dos líneas temporales distintas, una de los dos mil, y otra en los noventas, por el año 93. Efectivamente, son situaciones sociopolíticas distintas, pero no ajenas a los temas recurrentes del país: corrupción, violencia política, etc. Por ejemplo, hay una mención de una profesora sobre Alberto Fujimori y su tercera postulación, pese a que no estaba permitida, y su caída y renuncia vía fax. La impunidad que se vive en el colegio como corolario de la vida y del país.

Tu libro empieza relatando lo que parece ser un ensayo para un desfile, para la presentación de la banda de música del colegio, y concluye (siendo algo spoiler) con una explosión. Revientan todos los problemas, y se posicionan los hombres versus las mujeres. Todos guardamos recuerdos del colegio. ¿Podemos pensar que es un libro que vienes escribiendo desde que saliste de él, o es más bien un impulso reciente?

Creo que siempre supe que iba a escribir sobre el colegio. Lo que sí me sorprendió fue este momento para hacerlo, y creo que no es coincidencia porque comencé a dictar en la universidad y me empecé a dar cuenta de lo distintos que son los alumnos y las alumnas, y también a comprobar que la relación entre docente y alumno es algo completamente distinto. Eso, por un lado, pero, por el otro, también me llena de curiosidad y admiración –aunque yo no enseño en colegio, sino en la universidad–   el manejo de vocabulario que tienen hoy para nombrar ciertas cosas. Te pongo un ejemplo. Recuerdo una vez que estábamos leyendo un cuento en el que uno de los personajes (el padre) le gritaba al protagonista (su hijo), y lo hacía sentir mal. De pronto mis alumnos soltaron como tema “el abuso del padre”. Y yo: ¿en qué momento dice el cuento que abusó de él? Y me respondieron: “es que le levantó la voz”.  Me sorprendió mucho la forma que estos chicos tienen de nombrar las cosas. Además, como te comenté, esto coincide con el momento en el que empiezo a dictar clases en la universidad. Y para responder tu pregunta en sí, este libro se origina de un manuscrito muy pintado, que finalmente terminé dividiendo en tres. Una de las partes contenía cuentos vinculados a la época del colegio. Así que por ahí empezó todo.

Romina Paredes en la reciente Feria del Libro de Buenos Aires.

Resulta inevitable al leer estos relatos preguntarse si hay algún tipo de influencia proveniente de “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa. O tal vez de otros autores y libros…

Sí, esa es una de las novelas de nuestro premio Nobel que más rescato, pero también un libro de cuentos como “Los cachorros”. Ambos siempre han estado presentes. Sin embargo, para este libro, yo te diría que leí mucho más “Los inocentes” de Oswaldo Reynoso, además, “Vidas cruzadas” de Raymond Carver, que cuenta con una estructura algo análoga a la de mi libro, al que muchas personas han llamado novela, pero mi idea fue presentar un conjunto de cuentos bastante coherente y cohesionado.

Háblame un poco sobre este crisol tan variadito de personajes que has construido. Desde la chica nadadora, hasta los profesores abusivos, pasando por una psicóloga notable. Cómo fue tu proceso de armado de figuras con las que uno puede identificarse claramente o, por lo contrario, rechazar de plano…

Por la memoria colectiva, porque creo que todos tenemos un Pérez-Valdez en nuestro colegio, al menos los que estudiamos en los 90s y 2000s. Todos teníamos al energúmeno ‘jefe de disciplina’ y que tenía carta libre para ejercer violencia física, pero al que incluso los padres le pedían actúe así. Esto, hoy, es algo absolutamente descartado. Hoy te graban siendo así, y no dictas más clases. Vas preso. Entonces, yo quería sí o sí escribir de eso porque pensaba: no me lo quiero olvidar. Además, con casi todas las personas que hablé durante la escritura de este libro — porque a diferencia de los dos anteriores, este proyecto sí lo he hablado mucho—confirmé que vivieron situaciones similares. En diferentes colegios, años e incluso clases sociales, teníamos a este profesor abusador, maltratador, con impunidad, y también profesoras que sufrían acoso también sexual, no solo de sus colegas, sino inclusive de los mismos alumnos. Luego, me hablas de Fernanda, y la verdad es que yo he puesto mucho de mí en los personajes. Y siempre tendré cuentos vinculados al deporte de alto rendimiento, porque es lo que hice por mucho tiempo. Además, es algo sobre lo que no se ha escrito mucho. Me interesa leer acerca de esa especie de relación de explotación que se tiene con el cuerpo. Uno podría pensar que los deportistas calificados deben ser muy sanos, pero no siempre es así, no solo en lo físico sino también en lo psicológico. Todo eso lo he insertado de alguna forma en Fernanda. Por otro lado, me aseguré que, bajo una situación tan hostil, los personajes tengan una especie de escape, que en este caso sería la escritura, tanto para la profesora Marian, como para Sara. Incluso el amiguito de Sara se le declara por escrito.

 ¿Cómo fue trabajar las voces de los varones? Porque hay chicos que, por ejemplo, se meten en grupo a un camerino, a dibujar porno y a masturbarse en grupo. ¿Cómo trabajar situaciones así sin que estas terminen luciendo más bien cómicas o, por lo contrario, grotescas?

Eso fue lo más difícil, porque, claro, mis dos libros anteriores son muy de imaginarios femeninos, con personajes mujeres, con quizás una manera distinta de ver la vida. Entonces, sí, ahora tener personajes hombres y en situaciones como las que relatas, fue algo que me costó mucho. Y no solamente esta dificultad, sino también hacerlo verosímil. Entonces, me esforcé mucho porque no quería caer, como bien dices, en algo jocoso o intrascendente. Ahora, específicamente en la anécdota que mencionas, tiene que ver con una anécdota que sí sucedió en mi colegio. Así que, sí tenía ciertas anécdotas para empezar a ficcionar, pero luego ya venía el tema de la ejecución. Es más, los primeros lectores de mi manuscrito fueron hombres, porque yo estaba muy preocupada en que mis cuentos sean verosímiles precisamente dese su dimensión de hombres. Luego, sobre el relato del que hablamos, te diría que tomé mucho de “Los inocentes”, uno de mis libros favoritos. La escena de ‘Cara de ángel’, completamente obligado a masturbarse, y en vez de ser una escena eros, termina siendo un relato de una humillación. Recuerdo cuando leí por primera vez ese cuento pensé: ¡qué bien escrito está! Así que, al releerlo, me planteé seguir ese camino. Mostrar esa culpa que se tiene por la masturbación, que la sindica como algo ‘sucio’, por la que te castigan, y entonces surge el personaje infame del profesor que precisamente castiga (al responsable).

Romina Paredes en la presentación de su libro en la Librería Blanca Varela del FCE.

 -¿Cómo fuiste estableciendo los límites de tu narración? Digamos, podías tener una docena de chicos y contar la historia de sus doce padres, o de sus doce familias, y hubieras tenido un libro con 400 páginas. ¿De qué manera marcaste los parámetros y elegiste solo a un par de personajes para estirar el hilo?

Creo que partí de la familia Zegarra, de Fernanda y su hermano. Esa familia es el eje del libro, porque después de lo mal que le fue al hermano en dicha escuela, resulta por lo menos curioso que los padres decidan matricular también a su hija allí. Ahí entra el tema del ‘prestigio’ y la infame pregunta que nos han hecho alguna vez en la vida a todos: ¿de qué colegio eres? Me preguntaba qué podría pasar dentro de una familia para que acepte y condone la violencia dentro del colegio de sus hijos. Luego, claro, también aparecen otros subtemas, más vinculados a mis intereses literarios, como la maternidad, o el hecho de que ambos hermanos sean deportistas, aunque es Fernanda la más destacada, y sigue por una suerte de cumplir la expectativa de su madre.

En más de una ocasión algunos padres les dicen a sus hijos, durante los últimos años en el colegio, que disfruten lo máximo que puedan porque, ya cuando sean adultos, extrañarán lo que era no tener grandes responsabilidades. Una sensación así me deja la parte final de tu libro, como si lo cerrases exponiendo paulatinamente ese miedo. ¿Coincides con esta idea?

Bueno, yo no extraño el colegio (risas). Es más, cuando estaba allí quería salir y estaba loca por ser adulta, independiente y autónoma. Sin embargo, es cierto, siempre está esa idea muy del ‘Coming of age’, ese miedo vinculado a ¿quién voy a ser después de salir de todos estos años en el colegio? En ocasiones, trasladamos a la adultez esa forma de enfrentar (o no enfrentar) la autoridad que tuvimos durante los años de escuela. Es decir, repetimos narrativas aprendidas que no necesariamente son lo mejor (o lo peor) para uno. Entonces, la idea del libro era también esa: ¿qué personajes nunca salen del colegio y quiénes sí salen a confrontar, quiénes se ‘salen de la fila’, como dice el título del texto. No sé, recuerdo esa película “Argentina, 1985” con Ricardo Darín, en la que su personaje y otro van evocando excompañeros, y tras cada apellido dicen: “Facho…facho…facho”. Yo creo que, si me pongo a recordar a mi promoción, con la mayoría diría lo mismo.

No quería terminar sin hablar de los personajes más oscuros, por llamarlos de alguna manera. Pérez-Valdez, el jefe de disciplina que hablamos al comienzo un poquito, inimaginable en un contexto como el actual, y el director, un cura que luce algo despistado, incapaz de ver la realidad, o ignorante tal vez…

En el fondo, creo que ambos personajes son iguales. Son como una suerte de espejo porque, claro, por una parte (el jefe de disciplina), está lo más explícito y lo más hiperbólico, digamos, vinculado a la violencia física, pero, por el otro (el cura director), está un narcisismo bastante importante, que no es que le impida ver la realidad, a mi parecer, sino es que niega todo. Dice ‘acá todo está bien’, ‘yo soy la cara, soy un regio, no me quieren porque soy un blanco de ojos azules’, etc. Entonces, ambos, uno por callar y tapar y el otro, bueno, por la manera más obvia de ejercer violencia, resultan iguales, y uno no existiría sin el otro.

En un momento, el colegio se inunda de ratas. ¿Hay alguna metáfora ahí, digamos, para retratar el ambiente interno, digamos? Porque ¿por qué roedores? Podría haber sido una invasión de gatos, o de avispas…

Definitivamente, es una metáfora, porque justo eso sucede cuando salen todas esas acusaciones de internet, la gente empieza a exponer abusos, incluso de índole sexual, entonces las ratas van por ahí. Es como si: separan a estos personajes del colegio, pero en el fondo la mugre sigue, no la puedes ocultar.

No sé si ya como profesora lees de forma distinta, pero, contando tus tres libros publicados, ¿podemos hablar de una senda o, no sé, un estilo que los hermane?

Aunque este libro es completamente distinto a los dos anterior, tal vez a nivel temático sí hay una coherencia, porque mis intereses y obsesiones están plasmados en los tres. Me refiero a las familias disfuncionales, el deporte de alto rendimiento como una suerte de explotación del cuerpo, etc. Sin embargo, a nivel de escritura y de estilo, “Fuera de la fila” es completamente distinto. “Famulus” fue muy doloroso de escribir, es bastante autobiográfico, a nivel de estilo tiene un lenguaje bastante simple, llano, que apuesta por la concisión, la brevedad. “Monstruos” es un libro más político, y en sus páginas no hay redención, no hay luz al final del túnel, y creo que en este tercer libro se rompe un poco eso, porque sí que hay una suerte de esperanza en dos cosas: en la amistad y en la escritura, o en el arte, en la música. Entonces, ahí este libro sí es bien diferente.

-La profesora Marian, uno de los personajes más lúcidos del libro, dice en una parte –dirigiéndose a mujeres, todas dentro de un coliseo deportivo—que la vida es como este coliseo: “nosotras nadamos la vida con la tribuna en contra”. ¿Crees que esta frase bien podría resumir la lectura que tenemos entre manos?

Sí, estoy de acuerdo. La frase que dice Marian es bastante potente y sí, muchos de los personajes del libro vienen con varios fouls en contra: una familia disfuncional, un padre ausente –en el caso de Sara Castro–, o uno súper violento –en el caso de la familia Zegarra-. Son, pues, cosas que los ponen en conflicto y en contra a todos.

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