Si alguien pensó que Carlos R. Serván (Lima, 1966) se daría por satisfecho con publicar dos libros sobre su vida, se equivocó. El escritor con discapacidad visual saltó a la palestra en 2017 con “Volver a correr”, memorias en las que cuenta cómo su vida cambia luego de sufrir un accidente que no solo interrumpe su sueño de ser policía, sino que lo deja invidente.
Seis años después, Serván publicaría “Aprendizaje de la oscuridad”, una especie de precuela también muy íntima en la que repasa sus orígenes familiares antes del infortunado momento en el que todo cambió para él y sus seres queridos.
Hoy el doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Nuevo León, se asume como escritor y, en consecuencia, enfrenta la creación como algo más que un simple momento de ocio. Tampoco parece tan preocupado en seguir ahondando en su historia de superación. Hoy va en busca de personajes, pero, sobre todo, de historias.
UN POLICÍA EN EL CAMINO
Tal vez asegurándose un trayecto algo más seguro, Carlos Serván ha optado para su primera incursión en las historias ajenas por perfilar al famoso policía Benedicto Jiménez Baca, el ‘Cazador’ y rostro principal del operativo que dio con la captura del terrorista Abimael Guzmán Reynoso aquel 12 de septiembre de 1992. Aunque la fatalidad impidió que Serván se gradúe como oficial de policía, este ve a Jiménez –General de Policía condecorado—como un igual. La pregunta, pues, se cae de madura. ¿Es más fácil escribir sobre uno mismo o acerca de un tercero?

“Pensaba si la gente creía que intentaba hacerme ‘autobombo’ en esos libros, no sé, dejar bien a mi familia, ocultar ciertos hechos vinculados a mis familiares, pero también creo que era más fácil escribir sobre mí, porque me acordaba de todo”, responde Serván a propósito de “El detective del siglo” (Mesa Redonda, 2026), libro en el que repasa los aspectos fundamentales de la vida de Benedicto Jiménez Baca, figura central del GEIN en los noventa.
Jiménez no fue para Serván una figura desconocida. Más allá de la fama internacional alcanzada por su rol en la captura del temible Abimael Guzmán, el hoy escritor conoció al general cuando este aún era capitán (e instructor). “Yo era un cadete y junto a mis compañeros siempre lo vimos con respeto, como una persona inteligente y muy segura”. Allí empezó a construirse un vínculo que salta del respeto a la admiración por décadas. Ese conocimiento fue, sin embargo, solo uno de los elementos de una investigación que le tomaría tres años. “Luego de investigar, escribí el libro durante un año”, añade Serván.
“El detective del siglo” no es una hagiografía, pero deja claro que su autor respeta a Jiménez fundamentalmente como un oficial dedicado a su trabajo por décadas. En 258 páginas, Serván recorre los inicios del personaje, las etapas de su formación como agente de la ley, sus primeras asignaciones, su paso por el GEIN, el gran golpe a la cúpula de Sendero, pero también repasa lo que para muchos fue su etapa oscura. Así, pues, aparecen apellidos como Orellana, revistas como Juez Justo, acusaciones fiscales y procesos judiciales engorrosos.
UN ESCRITOR CON PLANES
Entre medallas, ceremonias, reconocimientos, pero también muy durísimas portadas en algunos medios de comunicación, sacar un balance en cuanto a la figura de Benedicto Jiménez Baca puede ser una empresa complicada. ¿Cuál podría ser su principal satisfacción y su principal frustración? Le preguntamos a Serván.
«Pienso que su principal satisfacción es su familia, su esposa, con quien estuvo desde el final de su etapa como cadete. Creo que a todo hombre le viene bien el respaldo de su mujer, de la compañera de casa. También está su hija Fiorella, quien siempre habla bien de su papá en redes sociales«, refiere, antes de especular con que la decisión de pedir el pase a retiro ante un ascenso que se le resistió por años, tal vez fue su gran frustración.

Las 15 horas que entrevistó a Benedicto Jiménez, los tres años de investigación y fact-checking y el año que le tomó escribir “El detective del siglo” confirman que Serván tiene claro lo que viene si busca seguir publicando acerca de vidas ajenas. Lejos de pretender cualquier tipo de ventaja por su condición de escritor con discapacidad visual, Serván no le corre a los retos. Como ha hecho desde sus inicios, tiene a la tecnología como su cómplice y a la inteligencia artificial como una posibilidad de experimentación.
“Empecé con Word, pero hoy me valgo del JAWS (Job Access With Speech), un lector de pantalla desarrollado por Freedom Scientific. También uso muchas aplicaciones y páginas para dar con significados y sinónimos que puedan enriquecerme al escribir”, añade en otra parte de la entrevista. Como lector no se queda atrás. Serván recurre a los cada vez más populares audiolibros. No solo aquellos que puede adquirir de forma directa, sino también con los que instituciones como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ponen a disposición suya y de millones de ciudadanos invidentes.
Mientras disfruta de los audiolibros de la Biblioteca del Congreso norteamericano, Serván imagina cómo serán sus próximas obras. Lejos de los recuerdos personales, y con la imagen de su exinstructor policial atrás, el narrador le ha puesto la puntería a más historias policiales, aunque contadas con una dosis precisa de sal y pimienta. “Justo me han enviado documentos sobre casos del MRTA que hasta ahora desconocía, entonces, voy a comenzar a leer todo aquello, a recopilar información y plasmarla en historias”.



