Una de las publicaciones más singulares surgidas en 2025 es “Caviar. Del pituco de izquierda al multiverso progre” (Editorial Debate), un ensayo en el que el politólogo Eduardo Dargent Bocanegra repasa desde los orígenes hasta el panorama a futuro de lo que en algún momento fue mucho más que un simple mote para descalificar al rival.
A lo largo de las 150 páginas que contiene este ensayo entenderemos que, efectivamente, los caviares existen, son un grupo que en su momento ejerció un mediano/alto poder de influencia en diversas áreas del Estado, pero que, con el paso de los años terminó seriamente debilitado, tanto por errores propios, como por el infortunio de ver enemigos surgir desde diversos frentes.
El autor es, además, doctor en Ciencias Políticas, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú y, en el último tiempo, se aventuró junto a un grupo de amigos a formar un partido que fuese capaz de competir en elecciones. Aunque infructuoso, este salto ‘de la Academia a la cancha’ le dejó algunas lecciones a Dargent Bocanegra, quien responderá en esta entrevista no solo sobre ello, sino también acerca de este, un nuevo eslabón en la cadena de tecnocracias, reformistas (y caviares) a la que le lleva dedicando varios años de estudio e investigación.
Desde la solapa del libro admite que su biografía es “bastante caviar” y también menciona que, en 2024, junto con un grupo de buenos amigos, intentó inscribir el partido ‘Lo justo’, pero fracasó en el intento. Es curioso porque, más adelante, señala como debilidad de los caviares la incapacidad para crear una organización política y seguir vinculados más bien a consultorías. ¿Qué aprendió de todo eso?
‘Lo justo’ no cuadra del todo con el libro. Esto porque era un partido que tenía bastante de caviar, obviamente, pero también se tiraba hacia la derecha, buscaba y recogía gente que, de repente, no estaba alineada con alguno de los temas que la mayoría de personas llamadas caviares cree. Y pienso que otro problema que (‘Lo justo’) tuvo no fue tanto el caviarismo, sino especialmente los plazos y las reglas. Pensamos que teníamos un año, pero, luego, las reglas del JNE decían que debías tener registrado todo para el momento de la convocatoria hecha un año antes a los comicios. Entonces, de un año se pasó seis meses para armar comités locales, no sé, ahora hemos vuelto a las firmas, pero en ese momento debías tener afiliados, o sea, convencer a personas que se afilien al partido y hacerlo en forma honesta, no con una fábrica de firmas, que es como en esos días uno veía era lo que estaban haciendo los demás. Algunos pedían afiliaciones, pero en realidad eran firmas a cambio de gaseosas o cosas, y sin mostrarte a qué partido te estabas afiliando. Esas estrategias eran lejanas a las cámaras de televisión. En ese sentido, hacerlo en forma correcta, corriendo en seis meses y no en un año, pues resultó muy complicado. Luego, claro, está el elemento político caviar, vinculado a cosas que debiste saber antes, o sea, no haber esperado a estar metido ahí encima para darte cuenta lo de los plazos, es decir, aspectos que pudiste prever mejor.
Por otro lado, y aunque esto no es que no se supiera, era bien diferente ir a algunas áreas donde miembros del partido, o de ese intento de partido, tenían reconocimiento y todo, pero también existían otras ubicaciones del país, o incluso de Lima, donde la política era muy lejana. O sea, una ausencia de información básica sobre política y desinterés. Era como ‘acá solo vienen a pedirme cosas cuando hay campaña’ o ‘para mí todos son corruptos’. Hay, pues, una enorme dificultad de construir partidos que no la vences solo con voluntad. Algunos lo hacen con dinero y comprando firmas, otros la vencen con suficientes medios y bases regionales, suficientemente articulados para conseguir esos apoyos y esas afiliaciones y, nosotros, lo que teníamos era algunas personalidades y poco tiempo, tampoco dinero, entonces, resultó imposible. Pero de todo eso se aprende y no fue tanto lo caviar, sino más bien las condiciones y circunstancias que había en ese momento. Aunque quizás con un liderazgo altamente popular, si el día de mañana, no sé, Paolo Guerrero quiere hacer un partido, de repente puede conseguirlo muy rápidamente por sus características personales, pero eso no era el caso de los que estábamos ahí.
Es imposible hablar de caviarismo sin mencionar al fujimorismo. Porque el libro, al mencionar los orígenes de lo caviar en Perú, identifica como uno de los intereses principales el rechazo a Fujimori y todo lo vinculado a él. Pero ya pasaron 25 años, y con un antifujimorismo en declive por diversos factores, el caviarismo ha venido casi igual. ¿Identificas una relación, no sé, de interdependencia entre ambos?
Sí, por supuesto. El fujimorismo representa muchas cosas de lo que el caviar está en contra. Desde el tema de derechos humanos o corrupción. Y ojo, no es solamente un recuerdo vintage de los 90 sino también la conducta de la mayoría fujimorista en el 2016, creo que revivió muchas de esas cosas con temas nuevos. Su macartismo en la última campaña, en la cual veían comunistas en todos lados, una conducta además que es profundamente idiota, creo yo, porque el fujimorismo tenía en esa última elección alguien que estaba tirado hacia el otro lado, con aliados pues abiertamente y claramente radicales, y con frases del mismo Pedro Castillo que lo situaban por fuera del voto liberal, caviar, centrista, pero (el fujimorismo) hace una campaña macartista en la idea de que era lo necesario para unificar a la élite, y pierde un montón de votos. Entonces, creo que el fujimorismo ha dado señas y ha hecho ha tenido conductas que marcan esa diferencia y, al mismo tiempo, creo que el fujimorismo también enseña cómo hacer política en un país de organizaciones débiles. Han sabido aprovechar sus bancadas parlamentarias más pequeñas a partir de la disolución del congreso fujimorista, mantiene a sus militantes y a sus personalidades cerca al partido, haciendo cosas, y te da una forma de ejercer mucha influencia política en muchas cosas que a uno de repente no le gustan, pero sí te muestra que es posible hacer vida partidaria, actividad partidaria, mantener apoyos, tener a tus militantes y a tu gente involucrada, esperando momentos electorales. Y eso es creo algo que con frecuencia otras organizaciones o el propio mundo más activista no hace. O sea, reconocer esa dimensión política y esa capacidad de hacer política en este mundo peruano de despolitización, creo que también puede enseñar algo sobre cómo hacer política. Esto, más allá de que las ideas sean muy diferentes, obviamente.

Usted tiene varios libros publicados, “El páramo reformista”, “El estado en el Perú”, “Demócratas precarios”, y otros textos en conjunto, también en inglés. ¿Hay vínculos y cercanías entre esos temas tratados, digamos, y lo que ha trabajado ahora respecto a los caviares?
Mi trabajo más ‘académico’, si quieres, que es el que está en revistas o en algunos libros en inglés, o en algunos artículos en castellano, tiene que ver con tecnocracias, su poder en América Latina, también con –desde muy temprano cuando volví al Perú en el 2013, 2012– economías ilegales y su poder, oro ilegal, universidades de baja calidad, transporte informal, etc. Imagínate un mundo de politólogos donde muchos estudian el Congreso, la presidencia, pero yo veía que el poder en Perú estaba más en otros lados, desde tecnocracias, hasta este mundo más informal, ilegal, que estaba creciendo con el boom de recursos. Así pues, mientras el Perú ganaba plata y construía carreteras, crecían estos espacios de economías informales, ilegales o formales de baja calidad, que también existen, en la educación superior o en el transporte. Son formales, pero con una formalidad bien bajita. O sea, con las justas cumples ciertos requisitos y no otorgan los beneficios colectivos que te da un sistema formal de transporte, por ejemplo. Entonces, por ahí va mi trabajo académico, con algunos temas de democracia también, y los libros de ensayos a los que haces referencia, son algunos intentos de ir un poco hacia una discusión más pública, que son en realidad uno viejito que de un concurso que gané en el año 1999, que se llama «Hijos de un Dios menor: cifras, súbditos e inocentes», sobre víctimas inocentes en prisión a raíz de las políticas antisubversivas, el grupo de personas que era inocente, eso ganó un concurso de ensayo hace años y está publicado por El Virrey, aunque ya casi desaparecido, y luego “Demócratas precarios”, que es una mirada bastante académica, pero también ensayística a por qué no hay que confiarse en esta democracia, que todavía es muy débil, y ver las conductas de élites políticas que te indicaban esa debilidad. Luego, “El páramo reformista”, que es una mirada a la ausencia de fuerzas reformistas con agendas de mediano plazo y sus costos, y ahora “Caviares”. Así que, si quieres ver algo en conjunto, son como el poder en el Perú. Desde tecnocracias hasta economías informales, pasando por la ausencia de reformas, y quiénes entran más bien a ocupar la cuestión pública, desde la izquierda a la derecha. Y, por último, un trabajo que es sobre mirar el estado en el Perú, cómo actúa en la pandemia, frente al tema de regulación de las AFP, o sea, siempre está por ahí dando vueltas el Estado. Aunque creo que todo esto puede resumirse en tecnocracias, caviares y reformistas en el Perú. ¿Qué hace que nos cueste tanto tener democracias funcionales, políticas públicas de mediano plazo? Siempre conversando un poco sobre eso.
Este es un libro, entre otras cosas, de personajes, y uno de ellos es Vladimir Cerrón, que, aunque prófugo, siempre sale y dispara contra los caviares. No obstante, no es que él salga y seduzca o ‘engatuse’ a incautos, necesariamente. Mucha gente que lo sigue piensa de alguna manera como él, porque ya tenían cierto encono previo. ¿Por qué?
Hay una dimensión sociológica bien poderosa ahí, y un poco en mi texto menciono que caviar sigue siendo un insulto en parte porque te califica de pituco, de desconectado de intereses más cotidianos. Sin embargo, también intento mostrar que algunos de estos intereses en realidad sí son muy cotidianos: un sistema educativo o transporte público, son agendas que el Perú de alguna manera ha abandonado porque ya se acostumbró a que son muy difíciles de hacer. Te vas a Ecuador, Chile o Colombia y tienes sistemas públicos, educativos y algunos otros, que tú dices, ‘Oye, acá funcionan, ¿no? Son cotidianos’. Y allá lo veo como algo super lejano. Entonces, hay una explicación de por qué se ve al caviar como alguien lejano. Tiene pues una composición, además social, creo que también en algunos casos, estas manifestaciones caviares dentro del Estado han construido distancia, exclusiones, a veces no basadas en meritocracia únicamente, sino también en redes, contactos, entonces llama la atención el caviar como lo que ahora te llamarías ‘el blanco’ que viene y te da clase, te explica cómo deberías vivir como pobre, y cae pésimo. Y en el caso de Cerrón, obviamente, es un combo de todo. Por un lado, gente de centro izquierda que él cree que le quita lugar a su gente en las posiciones de gobierno. Es una vieja disputa dentro de la izquierda sobre personas que, al no proceder de lo realmente popular, entonces carecen de capacidades y virtudes pues revolucionarias, están muy alejadas de las ‘urgencias de la revolución’ y, como también digo en el libro, (hay) un pragmatismo bien conchudo, pues, porque finalmente, otra gente que sí le cae bien deja de ser caviar, a pesar de tener esas características. Sin embargo, no creo que ni Cerrón ni López Aliaga, en estos discursos, lleguen a la mayoría de la población. Pienso que al candidato típico no le gusta que le digan caviar porque lo coloca como un pituco más dentro de la elección, lejano, que no conoce el precio del pan, el costo de un pasaje en combi, o sea, como alguien ajeno a tu vida y tus preocupaciones cotidianas y por eso puede ser dañoso, ¿no?

Bueno, en el libro también se remarca muy bien la diferencia entre un caviar y un liberal, por ejemplo. No es lo mismo necesariamente, pero quería preguntarle por una serie de nombres que o aparecen poco o no aparecen en su libro, como, no sé, Cipriani, Verónika Mendoza, Vargas Llosa, quien se identificaba como liberal, pero para algunos era algo caviar, aunque finalmente pidió votar por Keiko Fujimori en la última elección…
Hay una definición que se mantiene más o menos estática, que ya lleva hasta el liberal, pero no tanto el Vargas Llosa, es el liberal más preocupado en temas sociales, de derechos humanos. Ahí creo que falta todavía una vuelta más de ajuste. Rosa María Palacios, por ejemplo. Y creo que te distingue el liberal como Cateriano, Rafael Belaunde. Vargas Llosa saltaba, pues, un poquito, estaba ahí. En algunos momentos creo que sí recogía las características de estar más de este lado, su lucha por el tema palestino, por ejemplo, la forma de aproximarse al tema derechos humanos. Él fue uno de los primeros liberales en apoyar abiertamente a la Comisión de la Verdad, en reconocer una serie de agendas de diversidad que no eran las típicas de liberal peruano de derecha, pero también en los últimos años pues se fue más de vuelta hacia el otro lado. Luego, Verónika Mendoza no termina de ser caviar, a pesar de que muchos caviares pueden votar por ella, porque está más allá en temas como el reconocimiento del valor del pluralismo. Todavía ella cree más que el pluralismo es una especie de excusa de clase para defender privilegios. La idea de que hay un ímpetu más revolucionario por su lado, la idea que la democracia puede tolerar ciertas formas de gobierno como lo que ocurre en Venezuela. A ella le cuesta decir ahí hay una dictadura todavía. Pocas cosas han desprestigiado tanto la izquierda en América Latina en términos económicos y en de valores democráticos como esto. Hay un compromiso en la idea que si viene de abajo tiene que ser bueno, ¿no? Está discutida ella en el libro como un punto de diferencia. Entonces, creo que por ahí van las coordenadas: socialista, socialdemócrata, hasta liberal igualitario, y hacia abajo es un tema más social. Creo que nadie le va a decir a una persona comprometida con estos valores, pero que es un dirigente de base ‘¡caviar!’, porque suena estúpido. O sea, cómo me acusas de que yo tengo una posición mayor y mejor y económica y que miro de abajo. Como hace unos días un dirigente puneño le metió una este regañada durísima al Defensor del Pueblo, pero desde una clave muy de derechos y respeto democrático. Entonces, ¿alguien que le diga a ese señor caviar?, tú no vas a decirle ‘oye, no puede decirle así a un dirigente que justamente viene precisamente de un sector que no tiene ningún privilegio’, ¿no?
Me habló hace un rato de Lugar de la Memoria cuya construcción fue apoyada por Vargas Llosa, y eso me hace pensar en la formación de la CVR. ¿Sería posible imaginar hoy una iniciativa de este tipo bajo la batuta de organizaciones como Perú Libre, Renovación Popular, etc.?
No, eso no iba a darse. Aunque tal vez sí era posible porque yo estaba ahí (risas). Sin embargo, yo creo que sí era posible pensar en una CVR con más comisionados tirados hacia la derecha liberal.
¿Cree usted que el hecho de haber estado muy, no sé, atribuido el mote de los caviares detrás de la comisión también terminó mellando sus logros?
En ese momento no había un mote caviar, pero ya había ataques a ese sector. Y creo que, más allá de que estoy de acuerdo con los contenidos de la CVR, porque creo que hicieron un excelente trabajo frente a una enorme oposición, que es un poco lo que dice mi libro, sí pienso que les hubiese ayudado (a la comisión) tener, pues, un Fernando de Szyszlo, un Mario Vargas Llosa o algunas personas que estaban más para el lado, digamos, en ese entonces, del PPC, Unidad Nacional, que respetaban y valoraban los derechos humanos. Me parece que ese tipo de personas le podrían haber dado una composición que hubiese sido más difícil señalar como ‘de izquierda’.
Bueno, el libro menciona cifras económicas de financiamientos, apoyos internacionales y cuánto estos han venido en declive. ¿La reciente desaparición de USAID ser un factor preponderante?
Sí. El libro intenta decir y mostrar que, de las consultorías y la cooperación internacional, que en realidad son mucho más pequeñas de lo que cree la gente que habla de caviares todo el tiempo, no surge el poder de veto ni la capacidad de poner agenda que tuvieron los caviares. Hay algo más. Aunque, sin duda, es importante. Hay una serie de agendas que son financiadas, algunas más desde fuera que desde dentro, y algunas personas que son caras que defienden esas agendas que trabajaban con estos fondos, entonces, yo sí creo que va a tener un impacto, el cual se suma también a la derrota de muchas candidaturas que podían llevar ese tipo de personajes al Congreso.
Dice usted, «Ni poder ejecutivo caviar ni estado caviar por 20 años. Lo que hubo fue convivencia”. ¿Ve esto como más difícil a futuro?
Sí, por ahora, con la elección que viene, no veo muchos candidatos caviares. Es más, muchas recetas técnicas que eran compartidas por liberales y caviares: meritocracia, derechos de la mujer, reformas laborales, reformas educativas, se les señala rápidamente como ‘caviares’. Entonces, es la forma más rápida de sacarte de encima y no es que va a llegar un reformista diferente por el otro lado, que podría haberlo, sino lo que uno ve es que generalmente se nombra en estas organizaciones que pierden a su personal liberal/caviar, a personas que trabajan para los intereses del Congreso o muy mediocres, porque saben que la gente con más prestigio no te acepta esas posiciones porque ya vienen con ‘hueso’, con la obligación de hacerle caso a tus patrones políticos. Entonces, creo que estamos viendo algo que trasciende a lo caviar y que es más bien un debilitamiento del estado en general.
Cuando en el libro menciona los casos en los que las calles sí salieron a marchar en la última década, señala que las organizaciones de la sociedad civil pueden inclinar la balanza, pero especialmente en casos donde la opinión pública ya tiene una parte considerable de su lado…
Claro.
Siguiendo con eso, algunos señalan que fueron los caviares o el anti fujimorismo aquellos que dieron esa ‘patadita final’ para que Keiko Fujimori no gane las últimas segundas vueltas electorales que disputó. ¿Considera que esto es ahora más difícil de repetirse?
Creo que las protestas tendrán que tomar caras nuevas y temas nuevos. Probablemente, las redes que las activaban antes se han quebrado por diferentes razones. Pienso que también tiene que ver con lo que hemos pasado en el gobierno de Castillo, desde los ataques que recibe él, muy duros en su momento desde un lado polarizado, hasta las corruptelas y los propios radicalismos que trae Castillo a la mesa, esta confrontación creo que divide una suerte de coalición de protesta que trasciende lo caviar, puede estar más a la izquierda. Esa coalición se rompe. Lima ya no saca gente como antes, la gente del sur denuncia a Lima por no haber apoyado su protesta en momentos que le acaban de matar a muchas personas. Y hay un quiebre que hace muy difícil que la protesta se dé como se daba antes. También creo que hay un cambio generacional, postpandemia, hay muchas cosas para conversar ahí, y también hay represión, pero lo concreto es que hay un cúmulo de cosas que permite concluir que la gente ya no protesta como antes. Antes no hacía falta las grandes masas que en otros países son necesarias para hacer retroceder a los políticos, sino que bastaba con cinco o 10 mil ciudadanos bien plantados en la Plaza Bolívar, y se asustaban los congresistas. Ahora ya no sale eso. Sea por las diferentes razones que te he mencionado y se ha quebrado esa suerte de coincidencia, de protesta que podía ser de un sector más de izquierda y uno más mesocrático urbano, que a veces salía a protestar junto, y ya no está saliendo como antes. Pero eso no quita que si el día de mañana Keiko Fujimori llega una segunda vuelta y de repente enfrenta a un candidato que es más o menos neutro para estos grupos, pues puedan volver a juntarse.
Ya en la parte final del libro, cuando habla de cómo ha cambiado el orden global, del poder que han concentrado Rusia y China, ¿podemos pensar que el cambio en las tendencias, digamos, ideológicas, políticas y económicas, influye directamente en lo que pase en nuestro país?
Sí, creo que influye porque muchas de esas agendas que le gustaban al mundo caviar tenían una ‘palanca externa’. Cuando la Corte Interamericana decía ‘No puedes hacer esto’, el gobierno acataba, y mucho de esas agendas y temas eran democráticos, pero también caviares. Temas igualitarios, de DD.HH. Y creo que ese cambio, que no solo se da por surgimiento de otras potencias, sino también por cambios dentro de Estados Unidos, dentro de la propia Unión Europea que la tornan más prudente frente a su relación con EE.UU., llevan a que muchos de estos temas ya no van a estar y no van a actuar como límites, no solamente a personajes con una mentalidad más autoritaria como Cerrón o como estas nuevas derechas que ven conspiraciones mundiales en todos lados, sino también en un sector super pragmático, que le importaba su Visa, cómo lo miraban las embajadas y que ahora se puede mover con más libertad y pactar cosas en su beneficio. No sé, pienso en Somos Perú, Acción Popular o Alianza para el Progreso. Son grupos que no se caracterizaban por un fuerte contenido democrático, pero sí por prudencia. Y ahora, si se rompen estos límites, creo que se puede mover un poco más hacia el lado autoritario sin costo.
Usted identifica y lo menciona más de una vez, al congresista Américo Gonza, una especie de creador de teorías e hipótesis sobre los caviares y respecto de su poder. No obstante, más allá de lo que él diga, las encuestas dicen que gran parte de los peruanos desconocen qué es un caviar…
Creo que tiene una mirada aguda Gonza, porque se da cuenta que el lado donde los caviares pecan es –a veces– su superioridad moral, entonces, sabe que por ahí puede confrontar, pero, un poco lo que digo es que la mayoría de la gente no tiene ni idea de quién es un caviar. Me refiero a esa sociedad despolitizada y desinteresada. El caviar es un tema más de élites, incluso quienes los reconocen dicen que es de derecha, entonces, estás confundiendo caviar y pituco, probablemente. Así que, pienso que es un error para las élites políticas creer que se van a hacer populares atacando caviares, pero no lo es para aquellas que están buscando apoyos, dentro de una configuración de poder actual donde lo caviar es impopular. Entonces, cuando el ministro Santiváñez dice, ‘¡me atacan los caviares!’, lo que está buscando es que Fuerza Popular, Cerrón y otros le digan, ‘no te preocupes, yo te sostengo’.

En la parte final de su libro menciona que quizás es este un buen momento para ver cómo funciona un país sin caviares, cuando gobiernan quienes los odian, digamos. ¿Vislumbra un stop a esta tendencia a la desaparición de los caviares? No sé, si la economía empieza a irse al diablo, o si todo nos sale mal y tenemos que recurrir a ellos…
Yo creo que eso trasciende lo caviar. Hay ciertas fuerzas del Perú, que, así como limitan algunas cosas que pueden ser buenas para atacar el subdesarrollo y que están discutidas en “El páramo reformista”, también le ponen límites a ciertas cosas que pueden ser muy dañinas para el país. Hablo sobre todo del sector tecnocrático liberal, que lo puedes criticar porque está muy cercano a las empresas, porque, a veces, tiene una mirada a muy limeña y lejana, pero al mismo tiempo controlaba políticos. Y, por otro lado, el mundo caviar te ponía ciertas agendas de reforma anticorrupción, de reforma en la justicia, que también te daban pues cierta institucionalidad o construcción de institucionalidad hacia algo que controle estos apetitos políticos de corto plazo en una sociedad altamente informal, que se engarza bien con muchas acciones que tienen que ver con que el Estado no me regule o no me fiscalice. Esas fuerzas, que ayudaban a mantener o construían cierto orden, creo que se han debilitado grandemente y, más bien, lo que uno ve es que estas otras fuerzas mantienen muchos de los apetitos del pasado, sin una preocupación por el mediano plazo. El Banco Central no es una preocupación caviar, es una bien liberal, pero creo que el liberal debería estar pensando ‘estas fuerzas van avanzando a subordinar diferentes poderes que le son funcionales para seguir haciendo las actividades que quieren y les gustan’, y el día mañana del Banco Central podría ser una de ellas. Ya lo fue el MEF, que ya ha quedado debilitado frente a estas fuerzas en el Congreso. No sé, poderes de veto, ‘no me regules’, ‘no me controles’, no quiero un sistema de transporte público de mayor calidad, no quiero un sistema educativo que ponga exigencias a estas universidades, que dan títulos que no van a tener el impacto que supuestamente deben tener, la minería informal, ilegal, no quiero que la regules Todo esto entra por este mundo no caviar, no liberal, no de derecha, no centrista, con ciertas ideas programáticas, sino entra por una política mucho más porosa. Entonces, creo que esté en juego mucho más que lo que caviar. Y creo que es bien difícil de revertir.
Claramente, lo que dice Gonza podría no resistir un fact-checking, pero si el Contralor va al Congreso y da cifras sobre el supuesto monto millonario en consultorías, sí puede terminar confundiendo a la opinión pública…
Yo no puedo decirlo, porque no tengo los todos los elementos, pero coincide con el momento en que el controlor me parece que estaba buscando su continuidad. Entonces uno dice, ‘¿Por qué les da estas cifras de esa manera si sabe que no son consultorías, si son más bien pagos de órdenes de servicio, que son las que se usan en todas las instituciones, incluida la Contraloría, y, además que han crecido en los últimos años, cuando supuestamente los caviares ya no tienen control del Estado?’ Es una parte que intento mostrar en el libro, pero, por supuesto, vamos un poquito a lo que conversábamos: vende ser anticaviar, entonces, le das al congreso el titular ‘no sé cuántos millones en consultorías’. Oye, pero no dice eso, ha dicho otra cosa y ha dicho una cosa que tiene que ver más con gastos de organizaciones que no coinciden con el prototipo caviar que has creado, no es el gran consultor, sino el que hace servicios pequeños para el Estado. Generalmente, eso el Estado lo usa para suplir sus carencias de personal, pero no son pues ‘consultorías caviares’. Sin embargo, hay gente que lo recibe y dice: ‘ahí está la prueba de que los caviares controlan todo’.
Finalmente, ¿el peso del poder caviar en el Perú se mide cada 5 años en la segunda vuelta o no?
No, yo creo que ya ahorita ha caído más que eso. Tendría que haber una recuperación que va más allá de la segunda vuelta, también está la composición del nuevo Congreso, algunas alcaldías. Creo que es una medición más general. Y un poco lo que digo es: ojo, hay temas caviares que no son minoritarios. Yo estoy viendo estos días espantado cómo hemos retrocedido con respecto al aborto terapéutico, con una niña de 13 años que ha muerto en buena cuenta por todos estos miserables que han politizado un tema en forma completamente irresponsable. Ese es un tema. La mayoría de la población está en contra del aborto, pero no en contra del aborto terapéutico. Y es un tema donde yo creo que hay una representación necesaria y urgente que le haga ver a las personas: ‘mira, cuando votas por estos iluminados o estos despolitizados que se dejan conducir por los otros, o por machistas de izquierda’, los que pagan pato son personas como estas. Entonces, hay un mayor espacio para explotar esas agendas a nivel doméstico, sea con un partido caviar, o sea con alianzas y coaliciones, donde participen con estos temas, porque ya lo internacional cambió y las fuentes de financiamiento externo también. Entonces, piensa, lo que intenta decir el libro es este poder hay que construirlo. Solito no va a llegar.