Herbert Morote: «Me tocó vivir la mejor época de la civilización»

En ese tiempo, 10 mil euros eran como hoy un millón”, dice sonriente Herbert Morote Rebolledo (Pimentel, 1935) al recordar la recompensa monetaria que significó ganar el Premio de Ensayo Fundación Kutxa en 1997 por “Vargas Llosa, tal cual”, volumen en el cual desmenuza “El pez en el agua”, la biografía de Mario Vargas Llosa.

En un momento en el que el prestigio del escribidor arequipeño era incuestionable, Morote Rebolledo se atrevió a escudriñar en los espacios más recónditos de su mundo, pero, sobre todo, a analizar su forma de actuar a lo largo del tiempo, hallando particularidades que otros no vieron, o quizás prefirieron callar por distintas razones.

Aunque ni lo crítico que resulta este ensayo –hoy reeditado por el infatigable sello Lluvia Editores—significa una luz verde para desmerecer la calidad literaria de Vargas Llosa. “Jamás la cuestionaría”, refiere este economista de corazón ayacuchano que pide dejar en claro que “Mario escribió sus mejores novelas cuando estaba enamorado del socialismo”. La nueva edición de “Vargas Llosa, tal” incluye apreciaciones más recientes vinculadas a los últimos años del Nobel ante el ojo público. Hay también ilustraciones de Manuel Gibaja con los que fueron los personajes más relevantes de su existencia.

Los noventas (“El pez en el agua” se lanzó en 1993 y el Premio Fundación Kutxa llegaría en 1997) fueron inolvidables para el autor de “Vargas Llosa, tal cual” porque fue en esa década que se fue a vivir a Madrid. Exactamente treinta y seis años después, Morote rememora con nitidez la más trascendental de sus mudanzas. “En ese tiempo te revisaban el pasaporte 40 mil veces si eras peruano, pero a mí solo me dijeron: Bienvenido”, afirma cuando le consulto si alguna vez se sintió excluido por su condición de migrante.

En la siguiente entrevista, este economista devenido en escritor e investigador histórico, repasa algunos momentos de su vida, reflexiona sobre el país que lo vio nacer (pero al que no cree vuelva alguna vez de forma permanente) y también acepta regresar unos años a momentos no tan gratos, como denuncias por plagios sufridos de parte de personas a las que, sin embargo, recuerda aún con nostalgia, como Alfredo Bryce Echenique.

-Usted tiene 91 años y vive en Madrid hace 36. ¿Cree que en Lima hubiera llegado a esa edad?

Yo creo que sí. Mi madre y mis hermanos han llegado a los 85, 94 y 95 años. Son muchos factores los que influyen, desde la alimentación. Yo solía comer pescado todo el tiempo. Vivía en Magdalena del Mar, y el bonito estaba a 20 soles. Lo recuerdo muy bien.

Bueno, usted nació en Pimentel, casi en el mar…

Pero eso fue de casualidad. Me siento más ayacuchano que pimenteleño, aunque he vivido toda mi niñez y juventud en Lima.

¿Su madre nació en Ayacucho?

No. Ella nació en Áncash. Mi papá era de Ayacucho.

¿Y en qué momento aparece Pimentel en toda esta ecuación?

Mi padre era de la Guardia Civil –de la primera promoción, cuando esta era honrada, muchísimo antes de que Alan García la desapareciera y juntase con la Policía Nacional– y lo mandaron a Pimentel a servir. Así que ahí nací, de casualidad.

¿Era muy distinto el Madrid al que llegó hace 38 años al actual?

Sí, mucho. Creo que ahora Madrid se ha convertido en una ciudad, por ejemplo, mucho más limpia. Antes se fumaba mucho por todas partes, y llegaba uno de la calle con olor a tabaco por toda la ropa. Los servicios públicos también son muy buenos. A todos los mayores de sesenta y cinco años les dan una tarjeta para desplazarse gratis. Otra cosa muy buena es la sanidad. Hay muy buenos hospitales y gratis. Pero esto es algo que pasa en varias partes de Europa, especialmente en los nórdicos, que son socialistas y tienen condiciones parecidas o mejores que las de Madrid. Tengo una hija que vive en Copenhague y no ha pagado un dólar por la educación de sus hijos. Todos han estudiado en la universidad, y les han dado cursos en Inglaterra, Australia, en fin. Y ella no ha pagó ni un lápiz por la educación de sus hijos.

Bueno, en Madrid gobierna la derecha, pero España tiene a un presidente del Gobierno socialista como Pedro Sánchez. Y él se ha visto casi obligado a tranzar con varias fuerzas políticas — algunas muy controvertidas– para seguir en el cargo…

Lograr consensos es algo muy importante. Aunque tampoco es que haya mucho de eso, como sí ocurre en los países nórdicos. Aquí aún prevalece el ataque innecesario. Se habla de que fulano o mengano robó más y el otro menos. Pero no se habla, por ejemplo, del problema de la vivienda.

El problema de la vivienda en varias partes de España es crítico…

Los jóvenes no tienen la posibilidad de comprarse una casa para vivir. En Madrid, los universitarios tienen que vivir lejos porque muchas veces no pueden pagar una pensión. Con el auge del turismo, muchas casas se ofrecen para el Airbnb. Así que tampoco es que este sea un país idílico. Hay una serie de problemas ‘gordos’ (grandes).

¿Pero hace 36 años no había un problema parecido por viviendas?

Sí, pero no con la gravedad de hoy, desatada por el turismo. Las cosas han cambiado mucho. Los propietarios prefieren alquilar sus casas en tres o cuatro partes a esta gente que viene por turismo. Por otro lado, quizás los gobiernos no han hecho lo suficiente por invertir en vivienda social.

¿Usted en estas últimas cuatro décadas se ha sentido foráneo en España?

No, yo me siento ciudadano normal. Mira, no es que haya venido aquí directo desde Perú. Antes viví en México 11 años, en París, y seis años en Estados Unidos. De allí recién vine acá. Recuerdo ese primer ingreso, claramente. Estaba muy nervioso al entregar mis papeles. En ese tiempo, el pasaporte peruano te lo revisaban 40 mil veces. Pero recuerdo que el Guardia Civil me dijo: ‘bienvenido a España, que tenga una buena estadía’. Aunque también es verdad que vine aquí con una propiedad y con ciertos ahorros. Mis amigos son españoles, pero nunca me he sentido discriminado, en ningún momento.

La nueva edición de «Vargas Llosa, tal cual» publicada por Lluvia Editores.

¿Eso quizás lo hizo quedarse tanto tiempo? ¿Por qué nunca volvió a vivir en Perú?

Vivir en Perú es algo muy difícil. En general, a mí me molesta mucho la discriminación racial que hay en mi país. La violencia de los últimos años. Me molesta el fujimorismo. También que los peruanos no se den cuenta que hay una clase social súper rica que los explota. Luego, en Ayacucho, por ejemplo, la anemia infantil es altísima (37.6% de niños entre los 6 y 59 meses la sufren, según el INEI). El Perú es uno de los países que más ha crecido económicamente en América Latina. Exportamos arándanos, oro, pero, muy poca gente paga impuestos. ¿Cómo es posible eso? El caos administrativo está acabando con la clase media, generando más pobreza.

Bueno, ya que estamos hablando del Perú, lo llevo a la pregunta de “Conversación en La Catedral” … ¿Cuándo se jodió el Perú?

Esto es responsabilidad de muchos gobiernos atrás. Desde Prado, excepto Velasco, que empezó más o menos bien, haciendo una Reforma Agraria que fue muy criticada por medio mundo. Luego, no hay intención de mejorar el país, sino de robar. Y ahí vemos a todos nuestros expresidentes. Mira, bajo el gobierno de Belaunde fue cuando más crímenes cometió la Guardia Civil en Ayacucho. El periodo más violento de represión contra Sendero Luminoso. Se actuó indiscriminadamente: cualquier persona que hablaba quechua se lo mataba. Fue terrible.

Los apristas dicen que el segundo gobierno de Alan García ha sido lo mejor en muchos años…

Bueno, comparado con otros que duran seis meses, puede que sea el mejor.

-Quizás la raíz de todos estos problemas podría ser la educación, ¿lo ve usted así?

Absolutamente. Yo escribí un libro titulado “¿Tiene el Perú salvación?”, que se enfoca en el problema educativo. Mire, tras la Segunda Guerra Mundial, y antes de su separación, Corea tenía 75% de analfabetismo. Esto porque los japoneses les prohibieron su propio idioma. Se había prohibido la educación. Hoy, sin embargo, son el país con mejor educación tras Finlandia (Top 5 Ranking Mundial). A esto súmele su alta tecnología. Ellos han invertido. Nosotros no llegamos ni al 4% del PBI en educación. Debería estar en 6%. La educación es la única manera de salvar al Perú.

-¿Algún político peruano del último tiempo le generó ilusión? ¿Le hizo pensar que era el indicado?

Realmente, ninguno. Me apena que no hayan surgido partidos políticos a los que acudir. Recuerdo en algún momento al ‘Tucán’ Bedoya Reyes, que era parte de los demócrata-cristianos. Ellos eran pensadores de derechas, pero al menos tenían propuestas sobre la educación. Hoy, sin embargo, ¿quién plantea la educación como un tema prioritario? Ninguno.

Bueno, la gente ahora está preocupada porque la pueden matar en la esquina para quitarle su celular…

Muchos se llenan la boca hablando de Miraflores, Chorrillos o Barranco, como si aquellos distritos fuesen el Perú. Gente que come en un restaurante como Maido y paga cientos de dólares por un vino. Dicen ¡Qué rico se come en el Perú! Pero luego salen las cifras de pobreza y millones no tienen para comer. Eso me parece una hipocresía total.

-En España se publican 98.000 libros al año (cerca de 250 lanzamientos por día), pero muchísimos no se venden, simplemente están ahí en las librerías. ¿Es todo una burbuja?

Yo creo que, en general, la gente aquí lee, sin embargo, es verdad que antes uno se subía al metro o al autobús y veías a muchas personas con un libro. Hoy ya no es tan así. Con la Internet casi todo el mundo está en su móvil. Pese a esto, siguen existiendo muchas librerías buenas por todo Madrid. Y en España en general. Luego están las ferias, en Madrid y en Barcelona, con miles de personas acudiendo.  Es una verdadera industria.

A propósito, me mencionó hace un rato el libro que escribió sobre el problema de la educación en Perú. ¿Tiene algo que ver ese texto con el famoso artículo plagiado por Bryce?

Claro.

El escritor e investigador Herbert Morote Rebolledo en su casa en Madrid.

¿Diría que ya perdonó a Bryce por todo lo que pasó?

¿Yo? ¿Perdonarlo a él? No…pobrecito. Mire, al comienzo me parecía increíble que me hubiera plagiado. Nosotros éramos amigos íntimos. Yo he conocido a sus tres esposas. He sido amigo de todas. Yo le manejaba sus negocios, su dinero. Jamás pensé que pasaría algo así, pero él (Bryce) era un exagerado. Y cuando pasó lo que pasó, hablamos, y en lugar de aceptar, no aceptó nada, no quiso rectificarse, y me acusó. Pero tuve la suerte de que María Soledad de la Cerda (una reconocida investigadora chilena) se enteró de la noticia y decidió junto a sus alumnos investigar. Ahí fue que descubrió que cuarenta y tantos artículos suyos contenían plagios. Bryce era un hombre muy exagerado, ¡plagió hasta al subdirector de la CIA! Lo tradujo, lo plagió y publicó en “La vanguardia”. ¡Qué bárbaro! Pero Alfredo era una persona entrañable. Lamento haber perdido esa amistad.

Más allá de todo eso, usted no niega los méritos literarios de Alfredo Bryce…

De ninguna manera.

Jaime Bayly, por ejemplo, dice que las novelas de Alfredo Bryce eran muy ‘gordas’, que podían tranquilamente tener la mitad de sus páginas…

Porque era exagerado, pues. Alfredo decía ‘mis mejores páginas son las que sobran’. Pero a él le pasó como a Vargas Llosa y otros grandes escritores: en su juventud escribieron mejores novelas que durante su senectud.

Bueno, en “Vargas Llosa, tal cual”, usted hace una crítica muy aguda de “El pez en el agua”, pero tampoco niega la calidad literaria del Nobel peruano.

Jamás. En “Vargas Llosa, tal cual” analizo el punto de vista personal de Vargas Llosa, más no el literario. Mario tuvo novelas estupendas. Aunque sus mejores novelas creo que son las que escribió cuando aún estaba enamorado del socialismo. Luego cambió su manera de pensar, después de ir a Estados Unidos, se hizo más de derechas, y ya mucho después apoyó a Keiko, a Bolsonaro.

Pero eso ya es en la parte final de su trayectoria…

Sí, pero ya se notaba aquello en sus artículos de opinión. Iban por ahí. Pero, como te digo, las mejores novelas las escribió mientras tenía ideas socialistas. “La ciudad y los perros”, “Conversación en La Catedral”, “Pantaleón y las visitadoras”. Esos libros le sirvieron para luego ser Premio Nobel de Literatura.

Recuerdo que leí su libro “Bolívar, libertador y enemigo número 1 del Perú” durante la universidad. Lo compré pirata. Ese libro se lo piratearon mucho...

Sí, infinitamente.

-¿Qué piensa de la piratería en Perú? ¿Al final le parece un acto ‘perdonable’ o un delito condenable?

Es un delito condenable, pero me da pena. A mí no me importaba que me pirateen porque no necesito vender libros para vivir, pero hay tan buenos escritores en el Perú, y algunos me mandan sus escritos, que no han tenido éxito porque los piratean, sin embargo, este ese solo uno de los varios problemas del país: la violencia, el tráfico, la falta de respeto en general. Y ahí volvemos al tema de la educación.

Usted fue cofundador de la Universidad de Lima. ¿Cómo la ve hoy?

Dentro del universo de universidades existentes, creo que es una de las más respetadas, junto a la Pacífico y la Católica. Lo que sí me apena es el poco presupuesto que se le brinda a universidades como la San Marcos, que posee instalaciones desastrosas, y sus profesores se ven obligados a trabajar en otras cosas porque no tienen dinero para preparar sus clases.

¿Tiene este país salvación?

Los peruanos deben darse cuenta de lo importante que es educarse, y el gobierno –cualquiera sea su tendencia– debe tener decisión política. Una opción podría ser el modelo surcoreano. Ellos tienen la mejor educación desde hace 60 o 70 años.

¿Qué preceptos han guiado su vida?

 (Voltea y le da una mirada a su despacho) me siento peruano, me siento ayacuchano. Si usted ve aquí (un cartel con el denominado código moral andino): Ama Sua, Ama Quella, Ama Llulla. El “No seas ladrón, no seas flojo y no seas mentiroso” son cosas que he intentado seguir siempre a lo largo de mi vida.

-¿Diría que una deuda pendiente es retornar al Perú?

Añoro a mi patria, claro que sí. Por mi padre, mi abuelo, por mi familia en general, pero no, yo no podría volver (a vivir) allí. Cada vez que salgo del aeropuerto para dejar Perú, lloro. Pienso en muchas cosas, en la situación del país, y me da mucha pena.

¿Cuál diría que es su principal satisfacción en la vida?

Creo que he tenido una carrera profesional bastante exitosa. He manejado grandes multinacionales en Europa y Estados Unidos. Mi carrera profesional ha sido buena. Me eduqué en San Marcos, pero también en la Universidad de Indiana, la cual significó un cambio importante para mí, no solo porque me educaron en el idioma inglés, sino porque me enseñaron negocios. Pero más que decir ‘orgullo’, siento que estoy satisfecho.

Quizás le cuesta responder eso porque no se siente muy cercano al final de todo. En la primera pregunta me respondió que sus familiares cercanos vivieron muchos años…

No. Hace tiempo estoy listo para irme. Y si ocurre, no echaría de menos el mundo tal como está ahora. Mire, yo he vivido la mejor época de la civilización. Nunca hubo tanta paz en el mundo –en Europa, por lo menos—como el tiempo que he vivido. Hoy me da un poco de temor ver a gente como Donald Trump. Aunque, en el fondo, estoy contento de tener cierta edad para irme. Aunque sí me apenan mis hijos y nietos, porque les queda un asunto muy difícil por resolver.

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