Ulises Gutiérrez: «Si mi primera novela hubiera tenido una crítica devastadora, tal vez habría retornado exclusivamente a la ingeniería»

Maravillado por cada cosa que descubre en su día a día, un estudiante de cuarto de secundaria de nombre Luís (sí, con tilde) se deja llevar por su gusto hacia la lectura, las radionovelas y las películas. En el medio, sin embargo, la noticia del inminente paso del cometa Halley parece remecerlo todo. ¿Qué hace de este cuerpo celeste uno de los elementos más estudiados y comentados en la historia de la humanidad?

Cada uno de estos elementos tiene lugar en “Nuestra luz en la noche”, la más reciente novela del escritor Ulises Gutiérrez Llantoy. Nacido en 1969, en Colcabamba, un singular poblado de la provincia de Tayacaja en la región Huancavelica, este ingeniero sanitario –o domador de aguas, como se autodenomina—descubriría ya en su etapa de profesional que la literatura reservaba para él las posibilidades de contar muchas de las historias que atesora en su memoria.

Su debut “Ojos de pez abisal” en 2016 trajo una serie de elogios que lo motivaron a seguir adelante, y en el camino vendrían más novelas y libros de cuentos. Pero sería hace siete años, en 2019, que –impactado por la lectura de la historia del Inca Atahualpa temeroso de las implicancias del paso del cometa Halley—que apareció el germen de este nuevo texto, una combinación de recuerdos personales, historia peruana y universal e, inevitablemente, mucho de investigación científica.

En la presente entrevista, Gutiérrez Llantoy repasa los retos de escribir una novela ambiciosa como “Nuestra luz en la noche”, rememora su vida en Colcabamba, corriendo con sus amigos como simples ‘animalitos silvestres’, pero también habla de su presente, dedicado a su profesión y a la literatura, filtrando mucho mejor sus lecturas y, por último, revela qué lo lleva a embarcarse en cada nuevo proyecto editorial.

¿Cree que este podría ser un libro ideal para presentarlo como escritor ante un público completamente desconocido?

Es una pregunta muy difícil porque es como responder a cuál hijo quieres más. Mira, en términos de esfuerzo, de escritura, definitivamente “Nuestra luz en la noche” fue más difícil porque, como habrás podido notarlo, contiene bastante historia, peruana, universal y, sobre todo, tiene el fundamento científico necesario para explicar qué cosa es un cometa y cómo es que evolucionó el descubrimiento de estos a lo largo del tiempo. Por eso fue muchísimo más difícil escribir esta novela que todas mis anteriores.

¿Las raíces de Ulises Gutiérrez Llantoy son las mismas de Luís (con tilde), el protagonista de su novela?

Sí, por supuesto. Tuve que echarles mano a muchos de los recuerdos de mi niñez en Colcabamba. Hay similitudes en el sentido de vivir en un pueblo pequeñito, mediterráneo, en el que las noticias del mundo llegaban en un autobús recién al mediodía. También están los amigos, aquellos con los que uno descubría el pueblo casi como animales silvestres.

La novela cuenta la historia de Luís y su descubrimiento de los cometas, e intercala con la de estos cuerpos celestes, sus apariciones y avistamientos, además de su ‘paso’ por nuestros cielos. Pero también encontramos adolescentes que se enamoran por primera vez, una historia del amor a la lectura, a las películas… al final todo confluye.

Regresé a vivir a Colcabamba y estuve allí, más o menos, desde los siete hasta los once años. Estudié en el colegio de la zona con compañeros quechuablantes. Y una de las pocas cosas que nos acompañaron en aquella mudanza fueron los libros que teníamos en casa, entre ellos el «Tesoro de la Juventud”, una enciclopedia casi infinita, donde hallabas información que iba desde el viaje a la luna hasta las leyes de Newton. Por otro lado, la ficción la recibíamos entonces a través de radionovelas e historietas. Por todo esto, yo quise compartir cómo era mi mundo colcabambino en esa etapa de mi vida, dentro del cual fui descubriendo mi gusto por la ficción y por cualquier libro que llegaba entonces a mis manos.

¿Cómo entender las cifras de baja comprensión lectora que se reportan hace años con la existencia de este niño que disfruta tanto leer?

Bueno, yo creo que la gente lee más ahora. Pero, hablando de la novela, se cuenta que Luís lee “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y, luego, empieza a buscar libros, a ver si alguien en el pueblo tenía. Incluso le pregunta al tipo que alquilaba las revistas: ¿por qué no tienes libros? Y este le responde “porque aquí nadie lee”. Imaginar eso hoy sería imposible, porque hoy los niños de allí sí tienen libros. Y no es que en el pasado no se haya leído más porque no existiera gusto por la lectura, sino porque simplemente no llegaban libros. Pero el gusto por la ficción, por el hecho de que alguien nos cuente historias para escucharlas y vivirlas en nuestra imaginación, se ha mantenido siempre.

El nuevo libro de Ulises Gutiérrez ya a la venta en todo el Perú.

¿Esta es una de esas novelas que uno va escribiendo a lo largo de su vida?

La empecé en el 2019, que fue el año en que publiqué la anterior, “Cementerio de Barcos”. Y a partir de ahí, obviamente, me fui preguntando, ¿y ahora qué escribo? Entonces, empecé a leer. Esa época coincidió con un mayor interés mío por la historia, sobre todo por la escrita por los cronistas españoles de la Conquista. Entonces, a partir de la imagen, por ejemplo, del Inca Atahualpa, que ya estaba preso en Cajamarca, a los primeros días de 1573 pasó un cometa de noche. Entonces, él pidió verlo y al hacerlo entró en pánico, tanto así que Pizarro al día siguiente lo busca y le dice, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estás triste? Y le responde: sé que voy a morir, porque días antes de que muera mi padre, Huayna Cápac, pasó también un cometa. Y, de hecho, fue así. Atahualpa fue asesinado dos semanas después del paso del cometa. Entonces, esa imagen que me dejaron las crónicas de Cieza del León se me quedó grabada. Y a partir de ello fui ideando la novela. Pensé que sería una buena idea contar la historia del Perú y de personajes que atraviesan nuestra historia a través del cometa Halley, que pasa cada 75 años. Como si el Halley fuera un cronista de la historia peruana.

Para gente que le encantan los datos y las estadísticas, ¿cuánto tiempo puede, más o menos, visualizarse un cometa?

Es variable, dependiendo de la órbita que encuentre, el cometa, puede ser visto antes de que atraviese el sol o después. De hecho, en el caso del Halley, hay capítulos en que se le ve antes de que atraviese el sol (lo que llamamos afelio) o posteriormente. Sin embargo, en concreto, un cometa podría estar visible, ya sea de ida o de vuelta un par de semanas o una semana al menos, y dependiendo también de la luminosidad del mismo.

Cómo fue el proceso de hilvanar estos grandes enfoques que tienen la novela y definir así su estructura final. Lo que hablamos hace un rato: historia más momentos personales, más paso del tiempo, etc.

Bueno, inicialmente pensaba contar únicamente la visión del cometa como un narrador, que sea el Halley quien me narra la historia del Perú, diciendo, a ver, ¿qué han hecho los peruanos en estos 75 años? Pero contarlo desde ese punto de vista lineal hubiera sido tal vez un poco predecible y quizás hasta aburrido. Entonces, ya empezando la narración, se me ocurrió que también podía relatar cómo era la visión andina sobre el universo. Y en eso tuvo que ver mucho mi experiencia personal como niño allá, que empieza a ver el cielo y a preguntarse por qué están las estrellas ahí, por qué la luna demora 28 días, o por qué un año tiene 365 días. Ese tipo de preguntas que uno ya se va haciendo de forma consciente y a la espera de respuestas. Me interesaba contar el despertar humano y desde el punto de vista de la cosmovisión andina respecto a los cielos.

¿Qué tan fácil le ha sido darle voz a un niño como Luís en esta novela?

En este caso fue ‘fácil’ porque era como yo mismo hablando con mis recuerdos. Pero, seguramente, en otro contexto se me hubiera hecho más complicado. Dependiendo la historia que vas a contar debes buscar que la voz del niño sea verosímil.

Este manejo de la ilusión propia del amor romántico en la adolescencia, ¿le fue fácil revivirla? Y hacerlo con un resultado, digamos, genuino…

Esos amores a esa edad, pues, son de ese tipo. Y ya te imaginarás, en un pueblo tan pequeño y pacato como el Colcabamba de aquella época, era mucho peor. El solo hecho de hablar con una chica del sexo opuesto era ya todo un reto. Y para decirle lo que sientes debías ser muy valiente. Aunque sí había parejas, niños con un ‘amor correspondido’, sin embargo, nunca como en Lima, con chicos tomados de la mano, dándose uno que otro ‘pico’. En Colcabamba era imposible aquello. En ese tiempo, conversar en el parque era tener pareja.

Luís es un chico que se ilusiona, lee, dibuja, pero que no deja sus ocupaciones dentro de un hogar, pobre. Tiene que cosechar la papa, lavar las verduras, llevarlas al mercado. ¿Resultaba inevitable retratar a Luís así en un contexto de pobreza?

Los niños de mi pueblo éramos así, todos trabajábamos en la chacra de una u otra manera, nos ganábamos la vida ayudando a nuestras madres, eso era natural, no había que inventarse nada en ese sentido, simplemente se trataba de recordar esos años.

¿Si hubiera tenido que escribir una novela que hable del impacto del cometa Halley en Alemania habría sido más difícil? Es decir, ¿le es más fácil escribir cuando una de las raíces del relato es su vida personal?

Sí, por supuesto, porque, para empezar, yo no sé cómo sería un alemán a los 15 años, o el amor entre alemanes en esa época. Tal vez podría hacerlo, pero habría que investigar mucho para lograr cierta verosimilitud. En ocasiones, mientras veo películas peruanas ambientadas en la sierra hallo algunas contradicciones absurdas.

¿Cada vez se reducen más en el cine estas contradicciones que usted halla al ver nuestras películas?

No, al contrario, ¡creo que se agravan más! Recuerdo mucho una película en la que unos campesinos están cosechando trigo y de pronto empieza a llover, y estas personas dejan de hacer su trabajo y se van a sus casas. Eso es inverosímil porque, para empezar, no tendría por qué llover sobre una cosecha de trigo. Y si ocurre es porque el clima enloqueció. Así que, en una situación hipotética, lo que tendría que haber hecho ese campesino es ponerse a llorar porque su cosecha simplemente se echó a perder.

Pero eso lo dice porque usted ha cosechado trigo…

Claro que sí.

El narrador Ulises Gutiérrez Llantoy en una fotografía del año 2024.

Entonces, ¿qué cree que le diría un astrónomo si lee su novela? No sé, quizás desde la parte histórica, ¿ha sido riguroso?

(Risas) en el trabajo histórico, sí, porque, para empezar, no encontré un libro que hablara de todos los pasos del cometa. Uno de Carl Sagan que hablaba del cometa Halley y sus pasos por fechas, pero no entraba el detalle de quién lo vio, en qué momento, qué dijo, cómo anotó, etc. Eso lo fui descubriendo en base a lecturas y a Internet. Ahora, en cuanto al especialista que lo vio en 1910, lo que dijo sí es una invención mía. Es parte de la ficción. Sin embargo, en la medida que esas visiones del Halley se acercaban más a la época contemporánea, se ajustan muchísimo más a la verdad. En eso traté de ser riguroso en lo posible.

¿Por qué el cometa Halley es el más mediático, el más figuretti de su especie? Hay chicos con su nombre, bandas de música, camisetas y ‘parches’ con su nombre. ¿Qué lo levó a ese sitial de fama?

Efectivamente. Es curioso, porque está registrado en todas las culturas: chinos, egipcios, romanos, incas, mexicas, en fin, todas tienen anotadas en su historia el paso del Halley. Quizás sea porque la órbita de 75 años lo hace casi visible a cada generación. Pero sí, es el más estudiado, el que más registros tiene. Hay cometas cuyo paso es mucho más corto y uno podría pensar que, no sé, si (otro) pasa cada 10 años, debería ser el más estudiado, pero no. Y, pues, cualquier ser humano reconoce un cometa empezando por nombrar a Halley.

Hábleme sobre todo aquello que alimenta, digamos, culturalmente a Luís. Las historietas que ve, las películas, o incluso las radionovelas…

De mi recuerdo, por ejemplo, en los volúmenes de “Tesoro de la Juventud” encontraba desde enseñanzas de cómo dibujar, hasta historia, matemáticas, ciencias naturales, zoología, biología, en fin. Era como la ‘Wikipedia’ de ese momento. Por eso la enciclopedia tenía que ser casi un personaje más en la novela. Por otro lado, a mí me gustaba mucho dibujar en esa época. Y ya de adulto, cuando leía «Primera nueva crónica y buen gobierno» de Guamán Poma de Ayala, ‘alucinaba’ con que quizás de niño pude haber hecho algo así. A lo mejor dibujar las costumbres de mi pueblo, porque ya desaparecieron, no sé, por lo menos tener una imagen y decir ‘este era un pincullero’, este un cantante de Santiago, esta era la hierba tal y servía para esto, y así ver todo como una especie de “Tesoro de la Juventud” del Colcabamba que ya se echó a perder y ya se olvidó.

Ese giro que hay al final sobre quién termina siendo Emilia, con un aire ciertamente cinematográfico. ¿Cómo fue construyendo a este personaje con, inicialmente, una presencia intermitente, y al final con un peso realmente mayor?

Ahí también yo sentí más o menos lo que tú mencionas, o sea, cómo un personaje que aparece tan poco a lo largo de la trama puede terminar siendo tan relevante. Pero, como te comentaba, esa era la relación que había entre un niño y una niña enamorados. Era un amor mudo, entonces, por ese lado tenía que ser verosímil. Pero desde el lado del narrador, desde el niño que a través de su diario nos va contando cosas de ella y cómo le gustaría ser o qué le diría si se encontraran, qué cosa le contaría sobre el libro o la historieta que ha leído, en fin, uno se va haciendo la idea de cómo es esa otra persona. Fue difícil en ese sentido, pero, obviamente, los lectores, cuando terminen de leer la novela, podrán descubrir que, efectivamente, esa aparición puntual y casi cinematográfica tiene su porqué y se explica al cierre.

Quisiera contrastar entre ese pequeño Luís que a los 14 iba ya pensando en qué profesión seguir, desde historiador, profesor, o no sé, escritor, y usted que terminó como ‘domador de aguas’ (ingeniero sanitario y magíster en tratamiento de aguas). ¿Qué lo llevó a seguir ese camino?

No ingresé a mi primer intento a la UNI. Fue en el segundo que decidí por Ingeniería Sanitaria. Allí entraron a tallar dos cosas. Primero, tenía un profesor de la academia que siempre nos repetía que debíamos estudiar mi carrera porque “la ingeniería sanitaria es la ingeniería del agua, el invento que más nos va a faltar en el futuro. ¡Y las guerras serán por el agua!”. En segundo lugar, siempre tuve muy vivos mis recuerdos del agua en Colcabamba, un pueblo que, en el sentido del líquido elemento, siempre estuvo muy bendecido por los dioses, porque hay agua por todos lados. Al costado de mi casa pasaba un riachuelo incluso. Así que al momento de inscribirme –justo este año habían cambiado la modalidad de ‘canales’—decidí estudiar para ser ingeniero sanitario. Conforme entendí de qué iba la carrera sentí que había elegido la opción correcta.

¿Por dónde se filtra la literatura para usted, señor Ulises? ¿Por dónde el interés por ese escritor? ¿Cómo entra todo?

Siempre me gustó la literatura. Mientras estudiaba en la UNI era simplemente un lector, por ahí algunas cosas que escribía, a lo Luís, sobre alguna cosa en particular o sobre alguna chica que me gustara en aquel momento. Pero ya terminada la carrera, trabajando, con algo de tiempo y recursos recién me puse a estudiar narrativa. Y fui tomando las cosas cada vez más en serio cuando confirmé la cantidad de historias que guardaba dentro de mí ya listas para contar. 

¿Esa Colcabamba de su infancia es la misma de hoy o ha cambiado mucho?

Hoy es otra, totalmente distinta. Creo que, si regresara mañana al pueblo tras 30 años, simplemente no lo reconocería. Y son muchos los motivos. Mira, yo suelo viajar una o dos veces al año a Colcabamba y creo que lo que ha cambiado mucho está relacionado más que todo a lo social. Para empezar, las mamás ya no se visten como en aquella época. Los niños de ahora no hablan como en la época mía. Hoy hablan mucho más ‘limeñizados’, lo cual tal vez se explica por las redes sociales y la internet. En mi época era totalmente diferente, solo llegaba un bus una vez al año, y era como en las películas del oeste en que llega la diligencia y todo el pueblo se reunía alrededor esta.

Gutiérrez junto al cronista Joseph Zárate en la presentación de «Nuestra luz en la noche» en la última Feria del Libro de Buenos Aires.

¿A usted qué primeros libros le marcaron?

El primer libro que leí por mi propio interés, fue “El Corsario Negro” de Emilio Salgari. Claro, había leído otros ya en el colegio, pero eran los que nos obligaban en la escuela. De esos no tengo mayor recuerdo. Pero el de Salgari fue especial porque simplemente tomé el libro, me conecté tanto que decidí continuar, y en ese momento descubrí que había historias que uno podía vivirlas dentro suyo. Allí descubrí la literatura y aprendí a disfrutar del viaje que esta significa.

¿Los buenos comentarios hacia “Ojos de pez abisal” le ayudaron a persistir en todo esto?

Sí, definitivamente. Si hubiera tenido una crítica, digamos ‘devastadora’, quizás habría vuelto a dedicarme a la ingeniería exclusivamente. Pero la buena crítica que tuvo esa novela me confirmó que tenía muchas más historias para contar, y que era bueno compartirlas con los lectores.

¿Es de los que prefiere leer clásicos y dejar un poco de lado las novedades que colman las librerías?

Sigo leyendo una mezcla de ambas. Por un lado, leo libros científicos, digamos, y, por el otro, historia, que también me fascina mucho y, además, ficción. Aunque en el pasado, cuando iba a una feria del libro me compraba 15 o 20 y los tenía sobre la mesa con la promesa de leerlos, pero ahora ya no lo hago, porque debo tener unos 300 libros que esperan. Así que soy más selectivo por ese lado. Si algo me jala, voy por eso, pero antes leía todo, hasta de un joven cualquiera que acababa de publicar un nuevo texto. Siento que hay tanto que aprender que ya puedo desechar algunas cosas que no me gustan. Si un libro no me gusta en la página 10 no tengo remilgos en dejarlo.

¿Qué diría que debe tener un tema para llevarlo a escribir una novela? ¿Un recuerdo personal, una preocupación hacia el futuro, las ganas de contar algo de forma distinta?

Una frase cuyo origen ahora no recuerdo dice: si hay un libro que quieres leer y todavía no ha sido escrito, escríbelo tú. Pienso que por ahí va un poco la cosa. Esa frase, te diría que encaja en lo que motivó “Nuestra luz en la noche”. Yo quería mezclar historia, ciencia y la cosmovisión andina, para entretener al lector. Luego, desde mi formación de ingeniero y desde mis lecturas científicas, puedo mezclar todo, y quizás cautivar a una persona que venga únicamente de las letras, valiéndome de una escritura novelesca, ficcional, etc., para así narrar la trascendencia de los cometas.

Mientras leía el libro pensaba que inicialmente el protagonista era Luís, y después creí que era el cometa Halley, y ahora pienso que realmente es el universo en general…

Es verdad, es difícil explicar porque no hay un personaje central. Obviamente Luís es el que, a través de su diario, nos relata su espera por el cometa Halley en 1986, pero por el lado científico o técnico de la novela, alguien nos está contando la historia de este cuerpo celeste desde los tiempos de Atahualpa. Y uno se podría preguntar por qué me cuenta este tipo esto, y por qué además en ese lenguaje, a veces científico, a veces medio ‘chabacano’, o en ocasiones algo serrano. Yo espero que el lector sepa descubrir finalmente quién es ese narrador, pero también pueda jugar con ello, para que así no me abandone en la página 10.

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