“Decidí publicar este libro con Ediciones MYL porque quería apoyar a una editorial que está haciendo mucho trabajo de recuperación de textos del siglo XIX”, dice Rocío Ferreira Reverditto a propósito del lanzamiento de su más reciente publicación “De las veladas literarias de Lima, 1876-1877 a la cocina ecléctica. Mujeres, nación y cultura en el Perú decimonónico”.
La destacada investigadora y académica peruana presenta el fruto de un trabajo que inició durante sus estudios de posgrado en la última década del siglo XX. Con una estructura bastante orgánica, y un lenguaje amigable, este ensayo repasa –en líneas generales, y tal como lo recuerda su título—dos hechos singulares: las veladas, organizadas por Juana Manuela Gorriti entre 1876 y 1877, y “Cocina eclética”, un libro en el que diversas personalidades aportaban más que una receta, su forma de ver la realidad de su época.
Ferreira, sin embargo, no se queda en la simple exposición de ambas manifestaciones, sino que dota a su trabajo de contexto, político y social. Así, pues, en sus 328 páginas, seremos testigos de cómo una nación en construcción ve irrumpir a voces sumamente originales y ansiosas de darse a conocer.
Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner, María Manuela Nieves y Bustamante, Teresa González de Fanning, son solo algunos de los nombres de personalidades que en mayor o menor medida son iluminadas por Ferreira Reverditto, una académica que ha dedicado gran parte de su vida a exponer aquellas voces que –por diversas razones– en algún momento permanecieron silenciadas.
¿Cuándo empezó esta investigación?
Es una investigación que empezó durante mis estudios doctorales en la Universidad de California, Berkeley. Por ese entonces, no se había hecho casi ningún trabajo de recuperación sobre las escritoras del siglo XIX. Así que era un momento crucial para hacer investigación de archivo, porque los materiales no habían sido reproducidos, reeditados, con la excepción de “Aves sin nido”, que es una novela que sí ha sido editada en varios países y en varias décadas, y tal vez “Blanca Sol”, que tuvo una o dos reediciones. El resto de los materiales había que leerlos en originales, lo que no era tan fácil si hablamos de cualquier biblioteca. Igualmente, muchas de las publicaciones de las que yo hablo en este libro salieron en diarios, o en semanarios que en ese momento no se habían investigado y no se conocían o se conocían muy poco.
Al haber salido como folletines en periódicos de determinados lugares, en Lima o en provincias, hace que algunas piezas sean hoy inhallables. ¿Qué ocurre con, por ejemplo, “La Quena” o “Jorge, el hijo del pueblo”?
Gracias a algunas investigaciones y al interés en la literatura del siglo XIX, algunos títulos han sido reeditados y hoy en día se pueden encontrar diferentes versiones. «Jorge, el hijo del pueblo», quizá es la novela que ha tenido más reediciones, desde muy temprano en el siglo XX, y hace poco salió una última reedición que hizo la familia de María Nieves y Bustamante, con varios estudios añadidos.
Un personaje clave a lo largo del libro es la argentina Juana Manuela Gorriti, y a lo largo de su investigación se le menciona como la madre intelectual, la formadora de nuevas generaciones. ¿Qué motiva a esa mujer a trasladarse a Perú?
Juana Manuela Gorriti para mí es sumamente importante en el contexto de formar un espacio para los escritores y las escritoras en el Perú en el último cuarto del siglo XIX. Ella era la hija de un prócer argentino que luchó contra Rosas, entonces, la familia se mudaría a Bolivia y ya situada allí bajaron, porque ellos son originalmente de Salta, de la parte andina de Argentina. Bajaron por Jujuy a Tarija y Juana Manuela se casó muy jovencita con el que fue después un dictador y presidente Manuel Isidoro Belzu, entonces, cuando a este lo sacan de la presidencia, ella tiene que salir con sus pequeñas hijas y baja, en esos viajes que se hacían antiguamente, que yo quedo alucinada por cómo iban y venían en mula, en barco y en todo, cruzando los Andes, y después llegaban a Arequipa, por Mollendo, tomaban un barco para llegar a Lima. Así llega aquí. La primera vez que viene está fechada en 1845. Hace varios viajes y ya se instala posteriormente en Lima, y ahí hace una pequeña escuela para niñas, donde también crea el salón literario más famoso de Latinoamérica, donde llegaban intelectuales de todas partes de América Latina, pero también de España.
Ella tenía este espacio y era respetada, porque era mayor que los jóvenes escritores y estadistas que se estaban formando en ese momento y que, como Ricardo Palma, hablan de la bohemia-, por ejemplo. Todos la respetaban muchísimo, y eso abrió las puertas para que ella pudiera invitar a muchas jovencitas que empezaban a escribir poemas, ensayos y entonces por eso su rol es crucial en mi libro, y la llamo ‘Madre intelectual, maestra y amiga’, porque gracias a ese espacio que ella construyó, las escritoras pudieron comenzar, públicamente, a leer lo que escribían. Por ejemplo, dos de las escritoras que estuvieron siempre presentes en esas veladas literarias fueron Mercedes Cabello de Carbonera y Manuela Plasencia de Villavicencio. Estas son dos escritoras claves, aunque después van a llegar muchas otras jóvenes.
Si Juana Manuela Gorriti es el punto de partida, aunque en su libro aclara que hablamos de la segunda mitad del siglo XIX, ¿qué podríamos decir sobre el panorama previo?
Bueno, es un momento bastante difícil, atravesado por guerras, porque –piensa que– recién en 1821 es la independencia del Perú y, luego, hasta 1836, continuamos teniendo guerras. En 1866 vuelve España para ‘re-ganar’ sus territorios, entonces, son momentos muy atravesados donde quizá, no es que no existieran personas que escribieran, pero, digamos que no había un círculo o grupo donde se pudieran manifestar. Eso recién se inicia una vez que Perú se vuelve una nación y es el momento de su construcción como tal y, entonces, hay muchos cambios. Pensemos que no es hasta 1853 que se da la abolición de la esclavitud con Ramón Castilla. Y creo que el momento es muy importante porque todos se juntan a pensar y tienen voces que hablan acerca de la situación del país –o no– en estas pequeñas reuniones que sostienen, pero van empezando a leer, a escribir y a compartir esas ideas. Y vuelvo a repetir a Mercedes Cabello porque se inicia ahí leyendo ensayos sumamente importantes. Ella es una gran filósofa positivista y lee sus ensayos –para empezar—ahí. Otra cosa que tenemos que mencionar es que en ese entonces se miraba mucho la cultura europea, sobre todo la francesa, sin embargo, en las veladas se busca hacer más una cultura panamericana, que incluya lo local, lo regional, lo americano, en el sentido del continente y lo que podía haber. Eso es importante porque si bien está presente en la música clásica o la ópera, también empiezan a entrar, por ejemplo, los yaravíes.
¿Al hablar sobre los avances de la mujer, de su posición, es inevitable tocar el contexto político? En su libro menciona más de una vez hechos como las guerras, o su efecto, etc.
Claro que es inevitable, porque cada momento en la historia produce una literatura y esta, por lo general, está arraigada en ese presente, en ese contexto, de alguna manera. Y, de hecho, la literatura de estas escritoras está totalmente tejida con esa realidad peruana del momento, que es de cambios, porque todavía recién se está construyendo, imagínate cuántos de vida colonial: vamos a decir 300 años –una cifra imaginaria, que quizás no lo es tanto– de 1521 a 1821 bajo un sistema determinado. Entonces, esas estructuras no van a cambiar inmediatamente, incluso ahora seguimos con ciertas estructuras totalmente coloniales y operamos con ciertas ideas de esa época. Siglo XXI y recién están haciendo los cambios y, por ejemplo, tienes una escritora en el Cusco como Clorinda Matto de Turner que está viendo lo que sucede con esa ‘trinidad’ que llamaba Manuel González Prada, y el sistema patriarcal que existía: la Iglesia católica, las fuerzas armadas, y la monarquía (aunque en este caso ya son presidentes, pero con unas ideas bastante arcaicas de cómo regir el territorio) Y sigue la explotación del sujeto andino, los afrodescendientes pese a que la esclavitud ha sido abolida en principio, todavía no son considerados ciudadanos necesariamente. Igual las mujeres, que carecen de muchos derechos y aparte está el derecho del sujeto masculino sobre estos seres humanos.
En el libro usted enumera las veladas, la número uno, la tres, etc. Y yo le quería preguntar, porque la gente ama las comparaciones ¿cómo podríamos imaginar hoy una velada? De inicio a fin, porque hasta arte hubo incluso…
Esas veladas eran súper completas. Yo estoy pensando siempre que quiero hacer unas veladas de ese tipo, donde se puedan reunir gente interesada en conversar de cultura, literatura, política y tratar de incorporar todo, porque Juana Manuela Gorriti justamente trae esta idea de ‘ecléctica’, que va a ser el título de su libro de cocina (“Cocina ecléctica”), pero también Mercedes Cabello Carbonera habla de la novela ecléctica. Entonces, yo creo que ese eclecticismo está muy presente en las veladas porque trata de reunir las diferentes artes y culturas. Entonces, hoy yo me imagino que también sería lindo poder traer a músicos, a gente de las artes plásticas, de la literatura, pero también activistas que están haciendo otro tipo de cosas. Reunirnos y poder discutir diferentes temas y cómo esos vienen saliendo en ese trabajo creativo.

Indica en su libro que Juana Manuela Gorriti estuvo aproximadamente 40 años en Perú. ¿Qué podríamos concluir de la forma en que la veían sus colegas varones en esa época? ¿Como una competencia intelectual? ¿Podemos hablar de ciertos celos?
Ella estuvo más o menos esa cantidad de tiempo, pero interrumpida, porque ella viajaba mucho, iba y venía, y finalmente ya se va del Perú y se queda en Argentina. Entonces, son años interrumpidos, sin embargo, durante el tiempo que ella estuvo permanentemente en Lima fue muy respetada por todos estos varones que estaban construyendo la nación, que eran estadistas, los escritores que ya estaban escribiendo, y los que comenzaban. Todos la respetaban muchísimo, por ejemplo, Ricardo Palma que es un escritor tan importante porque también fue un hombre de estado, un bibliotecario y sumamente conocido por las “Tradiciones peruanas”. Es más, la primera tradición que él escribe es después que Juana Manuela Gorriti escribe “La Quena”. Palma escribe una especie de a homenaje a Gorriti, y así empieza él también a escribir, porque, en ese momento eran apreciadas ese tipo de literatura que se llamaban leyendas y luego tradiciones.
Habla usted de un momento denominado ‘La república práctica’. ¿Podría decirse que ese fue el momento de mayor ebullición de las ideas respecto a la defensa de la mujer?
Yo creo que sí, porque después van a haber varios cambios. En ese momento creo que hay una posibilidad de poder hablar sobre temas de las mujeres, sobre todo, el interés mayor era recibir una mejor educación, tener acceso a esta, y también a la escritura. Y ahí yo creo que son valorizadas –en ese primer momento– salen muchos periódicos y semanarios hechos por las escritoras peruanas y muchos también hechos con Juana Manuela Gorriti, y a partir de ese momento vamos a ver varias publicaciones que están hechas por mujeres, pero, después yo creo que la Guerra del Pacífico, y la ocupación chilena, que duró mucho en Arequipa (hasta 1884) rompe mucho de este avance en todo sentido.
Ha mencionado Arequipa, una zona fundamental en el libro, por su ánimo rebelde, aunque también aclara usted que este rasgo nunca logró abarcar el resto del país, y tampoco ‘venció’ a Lima. ¿Cuáles fueron los factores determinantes para impedirlo?
Me concentro en hablar de Arequipa justamente cuando ocurre la ocupación chilena, y lo que pasa es que cuando uno lee la historia del Perú hay en ocasiones hasta tres presidentes: uno en la costa, uno en la sierra y un tercero en otro lado, todos haciendo revoluciones, intentando llegar al centro y ganar. Así que hablamos de un momento muy difícil y, además, yo hablo de ese contexto de la ocupación enfocándome en el rol que tuvo Clorinda Matto de Turner, porque ella estuvo a cargo de la redacción de ‘La Bolsa’ de Arequipa de Francisco Ibáñez, porque había un lazo, una comunidad muy fuerte de civilistas en Arequipa. Ella llegaba de Cusco de una manera bastante compleja, porque tuvo que salir por muchas razones, una de ellas fue porque quedó viuda y su esposo Joseph Turner la deja en la bancarrota. Él estaba endeudado hasta la coronilla, y ella tiene que ver la manera de salir de eso, y llegar a Arequipa y ahí es bien recibida por los civilistas y por Ibáñez. Entonces, a mí lo que me parece súper interesante es ver cómo en esas editoriales de ese periódico se habla de estas revoluciones, pero, ¿qué ocurre con las mujeres? Porque durante la ocupación se está hablando de mucha explotación, de violaciones de niñas y mujeres, y también se está siguiendo los pasos de Andrés Avelino Cáceres, que hace su entrada apoteósica en Arequipa, y ahí termina la ocupación chilena y, entonces, es interesante que él sí va a llegar a Lima. Claro, él no es arequipeño, pero va a llegar a Lima y en Arequipa hay una gran cantidad de personas que lo seguían. Luego, Clorinda Matto de Turner se va a Lima, va a estar a cargo de “El Perú Ilustrado”, después va a tener su periódico político súper fuerte “Los Andes” y es un momento especial que hay, donde ella puede crecer y expresar sus ideas acerca de la política, pero, cuando entra Piérola todo eso se destruye, y Clorinda tiene que salir del país de la noche a la mañana, porque ella siempre estaba hablando en su contra. Él destruye su imprenta, su casa, y ella tiene que salir del país para nunca volver.
Algunas de las personas que usted enumeró en su novela, desde Mercedes Cabello, Clorinda Matto de Turner, Teresa González, María Manuela Nieves, etc., vivían al interior del país. Por el contexto que atravesaba el país, ¿este factor mencionado les brindó una mayor oportunidad para formar a jóvenes mujeres? ¿O en Lima su alcance hubiera sido mayor?
En el caso de Clorinda, que vivió en Cusco, ella no fue parte de todas las veladas literarias, pero fue invitada a una, y tenía relación con las escritoras. Yo creo que ella pudo hacer muchas cosas. Tenía su periódico “El recreo”, en Cusco, y ahí publicaban varias de estas escritoras. A mí lo que me parece muy bonito y siempre trato de pensar cómo podían estar tan conectadas –porque hoy nosotros tenemos los celulares, claro– pero en ese tiempo no había más que cartas y, además, cómo llegaban esas cartas, sin embargo, todas estaban comunicadas y habían tejido lazos muy fuertes. Ya desde “El recreo” Clorinda siempre está invitando a las nuevas escritoras. Ahí está Trinidad Enríquez, por ejemplo, que ya publica en “El recreo”. Hay una oportunidad de tener la posibilidad de conversar y de publicar, además, para filósofas, intelectuales y maestras. Luego, en Arequipa está María Manuela Nieves y Bustamante, y hay otras escritoras y educadoras que también crean un círculo cuando llega a Clorinda que, sin embargo, como yo digo en el libro, algunas tienen ideas más progresistas y otras algo menos. Sí creo que Lima les da una mayor posibilidad. En el caso de Mercedes Cabello de Carbonera, ella es moqueguana, pero llega bastante jovencita a Lima. Teresa González de Fanning también es de Santa, pero también llega bastante joven a la capital. Nieves y Bustamante siempre vivió en Arequipa y no fue parte del círculo de Lima, aunque si conversaban, y se han publicado en Lima y en otros diarios que están al interior. Había, pues, un círculo interesante.
Uno escucha “Cocina ecléctica” y rápidamente lo asocia con un recetario, pero usted deja claramente establecido que es mucho más. Estamos ante historias, reflexiones, etc. ¿Estamos ante una propuesta totalmente innovadora en su momento? ¿Hay antecedentes en Estados Unidos o Europa?
Era una época donde estaba bien visto publicar libros de cocina, de hecho, en Estados Unidos se habían publicado libros comunitarios de cocina donde habían participado intelectuales, escritoras, y cuando Juana Manuela Gorriti quiere sacar “Cocina ecléctica” en su diario íntimo ella cuenta que quería sacarlo rápido porque en España ya estaba lista la condesa Emilia Pardo Bazán, gran escritora gallega, para lanzar su versión. Y Gorriti quería sacarlo antes, o sea, sí había una idea de que eran publicaciones importantes y que eran bien vistas. Ahora, el libro de Gorritti es interesante porque abarca más o menos 177 mujeres que publican unas 200 recetas. Y con cada receta de cada escritora que estudio, trato de hacer el puente, contar cómo esas recetas tienen una relación intrínseca con su literatura porque, de alguna manera, ellas envían lo que es de su interés, y cómo lo cuentan, cómo dan esa receta, que creo que es súper importante en el caso de estas escritoras peruanas que mandaron sus recetas.
Varias veces me habló en esta entrevista de Mercedes Cabello. ¿Cómo podría calificar su final? Tal vez triste, ingrato, aciago. Es un personaje valiente, pero su desenlace impacta.
Sí, fue muy triste e ingrato lo que le sucedió, y muy injusto. Ella fue una filósofa brillante, una positivista. Escribió libros filosóficos, una cantidad de novelas, ensayos y más, pero, ya después de la Guerra del Pacífico, Juana Manuela Gorriti se volvió a Argentina, Clorinda está también allí. De esta manera, ese círculo más cercano a ella ya no está presente, entonces, cuando ella está en los círculos literarios, empieza a ser una persona que la consideran beligerante o que sube mucho el tono de voz, que se irrita fácilmente y ese no era el lugar para una mujer, ni tener ese tipo de discusiones. Sin embargo, pero nadie realmente sabía qué pasaba y porqué ella se está tornando de esa manera. Un artículo publicado en “El Comercio”, cuenta cómo Mercedes estuvo en una reunión literaria, se puso demasiado molesta, gritó, y entonces algunos llamaron a su familia. Ellos la llevaron a un manicomio. La encerraron. Y, después, mirando los archivos y estudios se descubre que no estaba loca, sino que el marido le había contagiado una sífilis. Y esto era parte de ese proceso de la enfermedad que va haciendo que el ser humano cambie de esa manera por una sífilis no tratada. Entonces, fue muy injusto porque ella entró y nunca más salió de ese lugar. Nadie se ocupó de su salud mental, que al final era producto de una enfermedad venérea, desafortunadamente.

Quisiera pedirle una comparación. ¿Encuentra algún tipo de vínculo entre los nuevos íconos femeninos que siguen las generaciones actuales, como la atleta estadounidense Simon Biles, con las grandes figuras que usted investigó, que quizás hoy muchos pueden identificar por el título de un colegio (Teresa González, por ejemplo)?
Teresa fue una persona sumamente importante que no se le conoce. Ella fue una educadora, escribió manuales de educación, pero también novelas que hablan de la situación de la mujer, y cómo son esas relaciones de matrimonio, por ejemplo, súper difíciles, donde la mujer tiene un lugar que no debería. Ella escribió un montón de novelitas que se publicaron, pero que nunca fueron reeditadas, y creo que todas estas escritoras son sumamente importantes. Si se leyeran y se entendiera el contexto yo creo que a los jóvenes les encantaría, pero hay que entender por qué están escribiendo, porque incluso en las historias de literatura no todos los críticos, pero varios, decían que estas escritoras no escribían bien, que eran costureras de la literatura, o incluso les daban apodos bastante denigrantes, o veían la manera que escribían –melodramática o romántica—como no importante, sin embargo, si se hace otra lectura –como la que propongo– que entre líneas uno puede ver que están hablando de esa situación donde las mujeres del siglo XIX están pasando por contextos específicos de su época yo creo que sí atraería a los jóvenes. Porque (estas historias) tienen todo lo que uno busca: drama, romance, política. Está todo presente, pero hay que leerlo de otra manera para poder apreciarlo. Me apena mucho lo que dices, pero es cierto que muchas personas fuera de lo cultural solo conocen esos nombres por los colegios que están cerca a sus casas. Otras personas inclusive estudiaron allí, pero no han leído un solo libro de González de Fanning. Es un detalle interesante: se conocen sus nombres, pero no su literatura.
Si pudiera indicarme tres novelas de las que menciona a lo largo de su libro que considera no se han difundido lo suficiente. “Aves sin nido” es internacionalmente conocida, pero, por ejemplo, usted me habló de “La quena” y yo nunca la habías escuchado.
De Clorinda Matto a mí me encantan las “Tradiciones cusqueñas”, las tradiciones y las leyendas. Son historias cortas, pero que hablan de las mujeres andinas de sus relaciones con los hombres blancos. “La Quena” es un texto fundacional que vale la pena leer y entenderlo, y ver que fue muy importante para las próximas publicaciones. De Mercedes Cabello, “El conspirador” es un novelón que podemos leer ahora y pensar de que está hablando de la política peruana actual. Luego, también recomendaría leer los editoriales escritos por Clorinda en los diarios donde fue jefa de redacción o directora. Finalmente, de Teresa González de Fanning está “Regina”, “Lucecita”, ambas novelitas cortas, pero muy fuertes. Y “Jorge, el hijo del pueblo” es un novelón político, que tiene todo para leerse.



