La escritora limeña Ursula de la Peña presentará este jueves 13 de agosto a las 8 p.m. en Book Vivant su novela “La distancia era frágil” (Animal de Invierno, 2026). Este debut en la narrativa, calificado como “sorprendente” por el crítico José Carlos Yrigoyen, empezó a gestarse en la mente de la autora nacida en 1990 cuando, por trabajo, tuvo que pasar de hotel en hotel durante algún tiempo.
Los hoteles (en el más estricto plural) son, precisamente, espacios clave, en esta narración breve en donde mujeres (muchas más que hombres) rodean a Natalia, una treintañera no muy dispuesta a hablar de su pasado, pero sí a observar y escuchar atentamente la vida de los otros. Así, en la segunda parte del relato (la más intensa), personajes secundarios como Clara e Irene ganarán peso, convirtiéndose, quizás, en una posibilidad concreta para entender distintas formas de deseo.
En la siguiente entrevista, De la Peña cuenta detalles respecto a la construcción de su primer libro. También retrocede hacia el momento en el que todo empezó, más ligado a la lectura, pero luego muy persistente en la práctica. La autora residente en Barcelona, admira la poesía de Blanca Varela, siguió talleres con algunas de sus autoras predilectas como Carmen Ollé, y también tiene como referente al escritor mexicano Juan Pablo Villalobos, además, su asesor de tesis y profesor en el máster que cursó en Barcelona.
–¿En qué momento se te cruza el ‘bichito’ literario, el interés por todo esto?
Creo que siempre hubo cierta cercanía, desde chica, pero más quizás como lectora. Y en la escritura me parece que todo empezó cuando me inscribí a los primeros talleres, con 23 o 24 años de edad. Allí empecé a acercarme un poco más a la narrativa, a intentar entender cómo se construye un texto. También seguí cursos de lectura, en los que aprendías a desentrañar las claves de una historia, para luego intentar escribir algo propio.
–¿Hubo algún autor que llegaste a considerar predilecto?
Siempre fui muy lectora de cuentos y de poesía. Algunas autoras que han influido en mi escritura son Blanca Varela y Carmen Ollé, con quien llevé mi primer taller de escritura.
–Tal vez mucho más notoriamente después de la pandemia, hay una fiebre por escribir relatos de ciencia ficción, con finales distópicos, sin embargo, tu narrativa es bastante realista.
Sí, casi todo lo que he escrito, si no es todo, ha sido desde el realismo. Me interesa acercarme a la intimidad de los personajes, incluso desde lo que consideramos cotidiano.
–¿Cómo empieza a gestarse “La distancia era frágil”?
Por temas laborales hubo una temporada en la que pasé mucho tiempo en hoteles, y noté una atmósfera de extrañeza que siempre me produjo curiosidad. Eso fue como a mis veintes, y la idea se quedó conmigo. Luego, ya cuando vine al máster en Barcelona, la retomé. Pensé que los hoteles podían ser un espacio a explorar. Había escuchado muchas historias de gente mayor que se instalaba a vivir allí, pero pensaba un poco en cómo abordar esto desde la ficción y la especulación. Qué pasaría con una mujer que, alrededor de sus 30 años– que era mi edad cuando empecé a escribir esta novela—, terminase instalándose en hoteles. ¿Acaso escapaba de un pasado? Asimismo, esos no-lugares tenían un par de cosas que también me llamaban la atención. Primero: son espacios sin memoria, no te dan pistas, porque fueron diseñados para borrar las señas y, segundo, son puntos de transición en los que las reglas habituales están suspendidas, y hay algo nuevo que puede emerger dentro, y me parecía que instalar al personaje en un escenario como ese me permitiría explorar en parte su psicología.
–En comparación con los talleres que llevaste en el pasado, ¿qué distinto te dio ese máster en Barcelona? ¿Hubieras podido escribir “La distancia era frágil” sin su aporte?
Me dio un mapa de referencias (lecturas) para guiar de cierta forma mi novela, además de los compañeros, a los que leí y quienes me leyeron y, sobre todo, me ayudó al propiciar una exploración de aspectos y posibilidades formales, y a partir de ahí empezar a sostener esa búsqueda que deriva en la escritura finalmente. En sí, te diría que el máster terminó de confirmarme que la escritura es un acto colectivo.
–¿Qué dirías que te ‘rompía más la cabeza’ en esa etapa de construcción de la novela? Tal vez buscar una voz propia, algo que te identifique más rápidamente. No deja de ser esta, además, una novela que cuenta tanto como lo que oculta. Por ejemplo, son poquísimas veces en las que se menciona el nombre de la protagonista. Luego, uno entiende su origen más por frases que por el nombre de su ciudad natal…
En algún punto noté que construía una narradora evitativa en primera persona. Esa imposibilidad de nombrar que Natalia tiene me imponía un límite en la escritura que me resultó muy fértil. Y era un desafío narrativo que tenía que ver con cómo acceder a ese mundo emocional – afectivo del personaje. Una vía de acceso era a través de la mirada de los otros, y la otra, a través de ciertos mecanismos de defensa que ella va edificándose, como los hoteles (de cierta forma), desplazando, identificándose con el otro, hasta que en cierto punto también aparece el retorno de lo reprimido. Pero justamente en la escritura es que me fui dando cuenta que Natalia todo el tiempo está sometida a ciertas preguntas, intentando encontrar un lugar en el mundo, a pesar de esa sensación de imposibilidad que la acompaña.

–Hay ciertas alusiones algo recurrentes a lo largo de la novela. Mencionar siempre la habitación contigua, el paso de hotel en hotel porque ‘ya venció su tiempo’ en uno. Luego está la pintura que la protagonista lleva consigo a donde va. ¿Qué me puedes decir de estos elementos que aparecen y desaparecen en la trama?
Hay en la novela un juego de simetrías, de espejos, de identificación con los otros personajes, que me interesaba construir. De hecho, en algún momento se menciona también la idea de las antípodas, que aparecen en uno de los elementos que es un libro. Me interesaba mucho la construcción del espacio como un espejo de la psicología de Natalia, y fui encontrando estos elementos a lo largo de la escritura, y me parecía que dialogaban con esta narradora que no podía nombrar lo que le estaba pasando, y es a través de los espacios, de las metáforas que podemos ir acercándonos un poco a esa ‘vida interior’ que la narradora poco a poco nos va dejando ver. Y al final, al ser una retrospectiva del pasado del personaje, que fueran apareciendo estos elementos cuando ella recuerda su vida de hotel, me parecía que podía, de alguna forma, traer elementos que nos permitieran acceder al personaje.
De hecho, hablabas justo de lo que no se dice en la novela y de lo simbólico, y hay una idea que es que en los hoteles hay dos mundos, el mundo delante de la casa, que es lo que vemos los huéspedes cuando nos alojamos, y el que está detrás, oculto, que es una zona reservada solo para la gente que trabaja allí, casi como un reverso, y creo que eso también es una metáfora de lo dicho y lo no dicho, lo visible y lo invisible en la novela. Esta es una historia que tiende hacia lo oblicuo, hacia la construcción de una ambigüedad. Y me parece que esa zona intermedia de la literatura, donde aparece la pregunta, donde el lector tiene la posibilidad de completar un sentido, es algo que particularmente me interesa mucho. Y quizás creo, tanto en la escritura como en la vida, esas preguntas que insisten y que logramos sostener, componen un espacio donde el deseo está vivo.
–Hablando de opuestos en todo caso, ¿qué me puedes decir sobre cómo fuiste diseñando los personajes femeninos versus los masculinos? Porque a ratos uno lee y siente que los masculinos son algo más circunstanciales, quizás apoyan en algo, en un recuerdo, cuando la protagonista habla de Franco. Mientras que las mujeres presentan un peso mucho mayor. Sobre Clara, la protagonista dice que le fascina, después está Irene, etc. Ellas son casi personajes clave. ¿Lo ves así?
Quería trabajar con personajes femeninos por la idea de identificación que puede armarse entre ellas. Natalia, la protagonista, Clara, la extranjera que va y viene a los hoteles, e Irene, la recepcionista que trabaja en uno de los hoteles al que Natalia siempre vuelve. Quería ponerlas en este juego de espejos, porque creo que hay un deseo de ser otra y también un deseo por la otra. Quise ver cómo conviven esas dos formas del deseo. Y tal vez por eso estas dos mujeres están más al centro de la novela, porque, de alguna forma, hay algo de la identificación y de la mirada de la otra que constantemente Natalia está buscando.
–Mientras uno lee la novela siente que Natalia no sufre de su soledad, y simplemente transcurre sus días, pero todos la interrogan. ¿Qué me puedes decir respecto a cómo la protagonista ejemplifica la soledad ‘contemporánea’?
Sí, creo que la novela explora justamente la soledad de ocupar esas zonas transitorias, estos no-lugares. En la escritura se me fue revelando el tema de la soledad desde la conciencia de Natalia, que está todo el tiempo envuelta en un ruido de fondo, con elementos como el alcohol de manera muy naturalizados, o el estar siempre en lugares con mucha gente, aunque noté que la forma que tenía esa soledad era casi un irse borrando poco a poco del mundo, de forma imperceptible hasta casi desaparecer. Y percibí que la soledad en la novela era una especie de atmósfera. Como decías, creo que este es un tema contemporáneo muy relevante. Últimamente, pienso mucho en la manera en que todo nos empuja a vivir cada vez más aislados. Y creo que había una indagación sobre esa soledad, ese impulso por aislarnos, incluso esa necesidad de sentirnos autosuficientes, cuando en realidad eso te puede llevar a un lugar de aislamiento del que es difícil salir. Y me interesaba que se fuera dibujando esa soledad de maneras muy sutiles para la protagonista.
-En lo personal, la segunda parte me parece mucho mejor que la primera, porque es cuando la protagonista ya se vincula más directamente con las otras mujeres de la trama, mientras que quizás al inicio es más una presentación que haces de cada personaje. ¿Cuánto dirías que se transformó la novela entre aquellos primeros manuscritos o borradores y esta versión ya impresa por Animal de Invierno? ¿Era mucho más grande?
El manuscrito original era un texto de muchísima extrañeza, con un personaje, digamos, con mucha mayor opacidad que la que vemos en la novela ya impresa. De hecho, creo que había una intención de la construcción del espacio, de las atmósferas extrañas, no sé. Poco a poco, (el manuscrito) fue ganando un poco más de textura cuando crecieron un poco más los otros personajes, Clara e Irene. Hay una idea que a mí me gusta mucho de estos no-lugares, los hoteles, que son espacios donde las relaciones no se pueden leer a primera vista. Me interesaba explorar esa opacidad en los vínculos, esa forma de relacionarnos a veces difusas, que no se pueden categorizar o nombrar, pero que suceden en la realidad y que Natalia, digamos, las va experimentando con Clara y con Irene. Y creo que esas dos relaciones ponen en juego muchos aspectos del personaje que no veríamos quizás en unas relaciones más convencionales. Y me parecía que, a lo largo de la historia, esta idea de los no-lugares permitía la posibilidad de un encuentro para Natalia. Y, como decías, hay algo de ese movimiento del personaje, que además no se queda en un solo hotel, sino que su desarraigo se va acentuando a medida que a ella le es imposible quedarse quieta, y se sigue moviendo de hoteles. Hay una especie de ‘repetición’ que insiste en ese sentido. Y creo que el movimiento este me permitía ahondar algo más en la psicología del personaje y cómo empieza a construirse cierta tensión (con los otros) y también a acentuarse ese vacío, y así quizás darle –finalmente– a Natalia la posibilidad de un movimiento.

–Me hablaste de opacidad y pensé automáticamente en el cuadro, que Natalia arrastra de hotel en hotel. En una escena incluso ella casi debate con otra persona sobre lo que representa ese óleo. ¿Qué significaba para ti incluir este gancho en la historia?
Para mí hay un elemento simbólico en este cuadro que ella lleva a todas partes y que, como decías, en algunos momentos de la novela se revela qué hay en el cuadro a través de la mirada de otros personajes, y creo que el centro de ese cuadro tiene que ver justamente con la mirada del otro. Hay algo en la novela que tiene que ver con la ambivalencia entre rehuir de esto, y a la vez querer ser mirada. Por un lado, ella constantemente busca esa mirada en los otros personajes un poco para reconocerse en el mundo, para confirmar su propia existencia, pero también esa mirada instala también la duda sobre ella misma, sobre quién, cómo es vista y qué tan rara es en ese mundo ya extraño que es el de los hoteles. Y ese juego de espejos con el cuadro permitió que este elemento creciera a lo largo de la escritura.
–El escritor mexicano radicado en Barcelona Juan Pablo Villalobos elogia tu novela en el texto de la contratapa. ¿Fue tu asesor de tesis? ¿Qué tan cercana eres a su obra?
Sí, fue mi tutor de la tesis del trabajo final del máster, una especie de primera versión de esta novela. Claro, lo había leído y empecé a leer más de sus libros a raíz del máster. Además, fue mi profesor en el curso de novela. Y sí, es un referente para mí, en términos narrativos. Ahora mismo, tras concluir el máster, sigo un taller de escritura junto a excompañeros, y Juan Pablo lo dirige. Y pensamos mucho en las formas de la escritura, en, digamos, los recursos narrativos, y en las voces, un elemento que él particularmente trabaja de una manera muy deliberada.
–Sus libros “Fiesta en la madriguera” y “No voy a pedirle a nadie que me crea” han sido adaptados ya a películas (en Netflix). ¿Qué piensas tú de la forma en cómo hoy se adaptan con relativa facilidad libros, algunos incluso sin llegar antes a librerías?
Pienso que hay un diálogo interesante de los formatos, entre la literatura, el cine, lo pictórico, etc. Incluso, a manera de referencias, considero que mi escritura dialoga en parte con el cine. Me siento algo cerca de algunas películas. En el texto en sí juego mucho con las imágenes, y me gusta trabajar los silencios, que es algo que, por ejemplo, el cine trabaja de una manera muy potente. Sé que se han adaptado muchas obras literarias, e incluso hay muchos casos donde los mismos autores participan en la adaptación, porque, definitivamente, es un formato distinto, con otros retos.
–Evidentemente, el circuito literario en Barcelona o en España es otro al de Lima y Perú, es mucho más grande. Pero tú, con los talleres que llevas, con el máster que llevaste, con tu día a día allá en España, ¿cuáles identificas como las principales diferencias que identificas? Más allá de la piratería, quizás.
Es una buena pregunta. Creo que hay muchos espacios aquí que reúnen autores de distintas procedencias, quizás, pero –sobre todo– hay mucha actividad que permite justamente estos diálogos y, definitivamente, esto siempre es un terreno bastante fértil para la escritura. Justamente, lo que hablábamos de la escritura como un acto colectivo, creo que (aquí) hay muchos espacios y circuitos que promueven y permiten todo esto.
–En Lima la cosa está bastante pareja entre aquellos que defienden la auto ficción y quienes la fustigan. ¿Cómo es tu caso? ¿Dirías que son más o menos los rasgos que te vinculan a Natalia?
Creo que hay algo que sucede en la ficción, como es este caso, que es un desplazamiento hacia un personaje, hacia una zona quizás desconocida, que es una vida posible de una mujer de más o menos mi edad que vive en hoteles, que no es mi caso, pero –de alguna forma– creo que sí hay elementos que me acercaron al personaje. Quizás la melancolía, esa sensación de soledad y ese vaivén que me producía, la etapa vital del personaje, pero hay algo que sucede con ese desplazamiento que produce la ficción, y tiene que ver con que aparecen elementos nuevos que irrumpen escenas donde entra a tallar el terreno de poder fantasear con qué pasa con el personaje en distintos terrenos. Y me parece que esa indagación que produce la ficción también es muy honda, porque, de alguna forma revela aspectos que quizás de otra forma no habrían aparecido.
–¿Qué te planteas a futuro? La novela se presentará este jueves, pero, ¿tienes otros manuscritos? ¿Planeas publicar cuentos? ¿O prefieres tomar las cosas con algo de calma?
Llevo desde hace unos años el taller de escritura con Juan Pablo Villalobos y estoy trabajando en un manuscrito que tiene que ver con la música, con el cuerpo, que son elementos que ahora mismo me están dando muchas vueltas. Y sigo escribiendo eso. Me parece también que está bueno tener un espacio, un lugar de escritura al que volver tras la salida de esta novela. Y, por supuesto, estoy súper contenta de presentarla en Lima.



